El hecho guadalupano, un Ícono de la identidad nacional

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Si bien, la primera figura que históricamente ha unificado a este País como independentista es la tilma del indio Juan Diego. La virgen de Guadalupe se convierte así en el primer elemento alrededor del cual se agrupan los criollos para echar a andar su proyecto soberanista en el seno de la corona española, convirtiéndose en un eje alrededor del cual se congregan desde luego la oligarquía criolla, pero también buena parte de las castas que conforman la sociedad colonial. Incluso solamente la virgen de Guadalupe se impone como ícono identitario del criollismo frente a otros proyectos frustrados, como son San Felipe de Jesús, la China Poblana (como Catarina de San Juan), o Juan de Palafox y Mendoza.

En cuanto a los elementos que permitieron a la virgen de Guadalupe constituirse como ícono, se encuentran: la propuesta española nada más concluida la conquista militar con el objetivo de importar la fe novohispana hacia una nueva religión impuesta ligada a la coincidencia con la diosa náhuatl Coatlicue Tonantzin del cerro Tepeyac, sobreviviendo con el adjetivo de Tonatzin como “Nuestra Madrecita” permitió a la casta de los españoles, criollos y peninsulares adorar ahora a una virgen cristiana. Y por último, es hasta el grito del pueblo de Dolores, donde Hidalgo fecunda la conciencia criolla con la independencia, convirtiendo las reivindicaciones autonomistas en una larga gestación de lucha y entrega por recobrar la soberanía de los pueblos mexicanos.

¿Pero por qué Hidalgo reclama la autonomía al tiempo que declara su fidelidad a Fernando VII, uniendo a ello la reproducción de la tilma de la virgen de Guadalupe de la villa de Atotonilco? Porque a pesar de su origen, esta se opone a la virgen de los Remedios, es decir: la de los peninsulares, la de los “gachupines” que se quedan con los cargos más altos y mejor remunerados, marginando a los criollos que por ley tienen derecho a dichos puestos en la nueva administración novohispana. Inmediatamente después, si bien el antiguo sacerdote, José María Morelos y Pavón, utiliza una enseña que hace referencia indiscutible al pasado tenochca a través del águila de la entonces ciudad de México, la cual incluye también en la misma las siglas la frase “Viva la Virgen María”. Es así como, tras el simbólico “abrazo de Acatempan” que sellaría el final de la contienda militar por la independencia, la virgen criolla e indígena, “nuestra” Guadalupe”, será de manera natural la que presida la declaración del México Independiente.