El propio gobierno de Trump parece reconocer que una intervención militar sigue siendo una mala opción, aunque insiste en que la posibilidad está sobre la mesa. También va un paso atrás de la postura de Colombia, país que ha encabezado la campaña internacional en contra de Maduro.
Una intervención militar en Venezuela agravaría la relación con Colombia, rota diplomáticamente, pero vinculada por millones de venezolanos que viven en la nación que preside Iván Duque. Hay que recordar que Venezuela está invadido por bandas armadas, narcotraficantes y grupos guerrilleros colombianos.
La estrategia correcta es la que ha venido haciendo la oposición y las naciones aliadas: convencer a miembros del ejército de Maduro para que le den la espalda.
Durante su discurso en la reunión de ministros de Relaciones Exteriores en Bogotá del Grupo de Lima, el vicepresidente Pence nuevamente prometió a los oficiales venezolanos que podrían recibir una amnistía en caso de que decidan pasarse del lado de Guaidó.
Hasta el momento, dijo, casi 200 militares y personal de seguridad han desertado. Guaidó y sus aliados tendrán que conformarse con el asedio económico y la presión diplomática. La paciencia será necesaria y, mientras tanto, los venezolanos continuarán soportando más violencia.