'Viviremos tiempos difíciles´... Miguel Díaz-Canel prepara plan para enfrentar desabasto de petróleo en Cuba
Miguel Díaz-Canel anuncia medidas ante la falta de combustible en Cuba. Descubre cómo la isla planea resistir el bloqueo y los aranceles de Donald Trump
La atmósfera en La Habana se siente más densa de lo habitual. En una reciente y atípica comparecencia televisiva, el presidente Miguel Díaz-Canel no anduvo con rodeos: el país se prepara para un escenario de desabasto de petróleo que pondrá a prueba la resistencia del sistema. La narrativa oficial, que suele ser hermética, esta vez se abrió para reconocer que vienen "tiempos muy difíciles". El mandatario, rodeado de una prensa seleccionada, dejó claro que la isla está bajo un asedio financiero y energético que obliga a una respuesta "creativa e inteligente" para no sucumbir ante las presiones externas.
Este nuevo plan de contingencia surge como una respuesta directa a la estrategia de Washington. El gobierno de Donald Trump ha intensificado el cerco, no solo bloqueando transacciones, sino amenazando con aranceles comerciales a cualquier nación que se atreva a enviar combustible a tierras cubanas. Díaz-Canel ha calificado estas acciones como una "persecución energética" y ha hecho un llamado a una suerte de "articulación antifascista" internacional. Aunque el tono fue combativo, la realidad técnica es innegable: sin crudo, la maquinaria del país corre el riesgo de detenerse en seco.
A pesar de la gravedad del diagnóstico, el Ejecutivo cubano rechaza tajantemente la "teoría del colapso". Para el equipo de Díaz-Canel, la clave reside en un trabajo de filigrana política y económica que permita sortear el bloqueo. Sin embargo, el margen de maniobra es estrecho. La dependencia de las importaciones de energía es un talón de Aquiles histórico que hoy, en pleno 2026, se vuelve una herida abierta. La población, acostumbrada a la escasez, mira con incertidumbre este nuevo capítulo de una crisis que parece no tener un final definitivo a la vista.
El efecto dominó de la geopolítica regional
El tablero cambió drásticamente el pasado 3 de enero. La captura de Nicolás Maduro en Caracas no solo fue un golpe político para la izquierda latinoamericana, sino que cortó de tajo el cordón umbilical energético de la isla. Durante años, Venezuela fue el soporte vital que inyectaba cerca de 30 mil barriles diarios a la economía cubana. Con ese flujo interrumpido, el déficit se ha vuelto insostenible. Cuba necesita aproximadamente 110 mil barriles de petróleo cada día para funcionar medianamente bien, y hoy esa cifra parece un objetivo inalcanzable.
La administración de Donald Trump ha sabido leer este momento de debilidad. Al firmar la orden presidencial que impone aranceles a proveedores de crudo para Cuba, Washington ha creado un muro diplomático y comercial difícil de escalar. Según el viceministro de Relaciones Exteriores, Carlos Fernández de Cossío, el país no fue tomado por sorpresa, ya que han pasado años modelando posibles ataques de este tipo. Aun así, admitió que la ejecución del plan de reorganización será "muy difícil para la población", afectando desde la agricultura hasta los servicios básicos más elementales.
El impacto no se limita a las gasolineras. El desabasto de combustible es un virus que se propaga por toda la cadena de suministros. Sin energía no hay producción de alimentos, no hay transporte eficiente y la industria se paraliza. La "creatividad" a la que apela el gobierno cubano suena más a una estrategia de supervivencia extrema que a una solución estructural. Mientras tanto, la presión internacional aumenta, dejando a La Habana con pocos aliados dispuestos a arriesgar su propia estabilidad comercial por enviar barcos cargados de crudo al Caribe.
Resiliencia o colapso: el dilema de La Habana
El tiempo es el recurso más escaso en este momento. Expertos como Jorge Piñón, del Instituto de Energía de la Universidad de Texas, advierten que marzo de 2026 podría ser el punto de no retorno. De no concretarse nuevos envíos de gran escala, Cuba entraría en una "grave crisis" energética. En lo que va del año, el único respiro llegó desde México, con un buque petrolero que transportó unos 86 mil barriles de crudo; una cifra que, aunque generosa, apenas cubre las necesidades de un par de días en el consumo nacional.
La reorganización propuesta por el gabinete de Díaz-Canel implica un ajuste severo en la gestión pública. Se habla de optimizar cada gota de petróleo y de priorizar los sectores estratégicos, pero el ciudadano de a pie se pregunta cuánto más puede aguantar. La "persecución financiera" mencionada por el presidente dificulta incluso los pagos por vías alternativas, cerrando el círculo vicioso de la escasez. La apuesta por la resiliencia es alta, pero los datos duros sugieren que la isla está navegando en aguas extremadamente turbulentas y con el tanque casi vacío.
El desenlace de esta crisis energética marcará, sin duda, el futuro inmediato del gobierno de Miguel Díaz-Canel. La capacidad de resistencia de la sociedad cubana ha sido probada durante décadas, pero el escenario actual, con un Donald Trump decidido a usar los aranceles como arma de asfixia y una Venezuela fuera de la ecuación, es distinto a todo lo anterior. La moneda está en el aire, y el plan de emergencia cubano tendrá que ser algo más que palabras en la televisión oficial si quiere evitar que las luces se apaguen definitivamente en marzo.