QUITO, ECU.- “Los choneros”, “los tiguerones”, “los lobos” y “los lagartos” remiten a las temibles bandas ecuatorianas aliadas a los cárteles mexicanos de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación (CJNG) para traficar cocaína de Colombia a Ecuador y reexportarla a Centroamérica, México, Estados Unidos y Europa.
A nombre de sus contrapartes mexicanas, choneros –asociados al Cártel de Sinaloa– y tiguerones, lobos y lagartos –aliados al CJNG– llevaron a las cárceles ecuatorianas su violenta batalla por el control de territorios, en un sangriento conflicto que se saldó con 237 muertos en una serie de motines en febrero, julio y septiembre, como el que ocurrió esta semana y dejó 118 fallecidos.
“La guerra de las calles llegó a las prisiones”, dijo el coronel ecuatoriano en retiro Mario Pazmiño, exdirector de Inteligencia del Ejército de Ecuador y profesor de seguridad en la (no estatal) Universidad Regional Autónoma de los Andes (Uniandes), de ese país.
“Las bandas que operan con los cárteles mexicanos tienen presos a muchos de sus miembros. Cada una de estas bandas tiene pabellones que controla y denomina santuarios en los que sus integrantes se mantienen a sangre y fuego”, describió Pazmiño. “Es difícil para los guías penitenciarios ingresar a esas zonas. No hay control de las autoridades gubernamentales: hay control por parte de las organizaciones delictivas sobre los santuarios o pabellones. Por eso ocurrió el enfrentamiento de esta semana”, explicó.
El contexto de la crisis está en el negocio del narco en Ecuador, que registra el ingreso y el tránsito anual de unas 580 toneladas de cocaína procedentes de las bases de producción de drogas en Colombia, para ser transportadas por mar hacia los mercados americanos y europeos. “Los cárteles mexicanos de Sinaloa y Jalisco Nueva Generación tienen una preponderancia operativa en narcotráfico en Ecuador. No es que estén instalados en suelo ecuatoriano, sino que operan a través de las megabandas locales”, precisó Pazmiño.