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Opinión

Desde mi Teclado

Por Óscar Rodríguez - 09 mayo, 2021
Desde mi Teclado

Amables lectores, tengan ustedes un buen día.

Esta semana se conmemoró el aniversario número ciento cincuenta y nueve del triunfo del ejército mexicano sobre las fuerzas invasoras francesas en Puebla. Y no es cosa menor esta victoria ya que el número de combatientes era aproximadamente cinco veces mayor del lado invasor y además el ejército francés llevaba una racha de imbatibilidad que había arrancado desde Waterloo, en 1815.

Francia había tenido anteriormente extensas colonias en el continente americano: Nueva Francia que ocupaba desde lo que es ahora Quebec hasta la desembocadura del río Mississippi. Luego de la Guerra de los Siete Años (1756-1763) todo este terreno fue repartido entre Inglaterra y España. Más tarde, en 1803 el gobierno español de Carlos IV reintegró a Francia lo que le había arrebatado, pero solamente un año después se llevó a cabo la Venta de Luisiana (Louisiana para los Estados Unidos). Por ese tiempo se consumó además la independencia de Haití, con lo que las posesiones francesas en nuestro continente quedaron reducidas a la Guayana Francesa y una serie de islas de las Antillas Menores.

Con esos antecedentes y con la situación de conflicto interno y falta de dinero que vivía el gobierno mexicano, el emperador Napoleón III vio la oportunidad de establecer un protectorado francés en México.

Napoleón III fue sobrino de Napoleón Bonaparte. Había nacido con el nombre de Luis Napoleón y por esas cosas de la vida tuvo un hermano mayor llamado Napoleón Luis. En 1848 resultó ganador en las elecciones para presidente de la Segunda República Francesa. Ya en el poder, presionó para aumentar la duración de su mandato pero la Asamblea Nacional se opuso a su intención de cambio. Debido a ello, en diciembre de 1851 Luis Napoleón dio un golpe de estado y creó un Imperio Francés que se proclamó en 1852.

Para 1859, el presidente de Ecuador tuvo la idea de convertir a su país en un protectorado francés, pero este proyecto no prosperó debido a las limitantes en las comunicaciones de la época y a la inoportuna muerte del encargado de negocios francés en Guayaquil. Cuando la idea llegó a Napoleón III, éste ya tenía avanzado su plan de intervención en México.

Otro de los personajes principales de este episodio histórico de México es Maximiliano de Habsburgo, quien formaba parte de la familia de Carlos I de España y V del Sacro Imperio Romano Germánico (a quien en los viejos libros de historia mencionaban como Carlos V de Alemania).

Hay un rumor respecto a que Maximiliano era en realidad hijo del duque de Reichstadt, quien no era otro que el hijo de Napoleón I y de la emperatriz María Luisa de Austria y que al nacer había recibido el título de Rey de Roma.

Fernando del Paso en su novela “Noticias del Imperio” se refiere a la relación entre Napoleón II con su prima la princesa Sofía de Baviera dejando abierta la posibilidad de que el Rey de Roma sea el padre de Maximiliano de Habsburgo. De ser cierto esto, Maximiliano sería hijo de un primo de Napoleón III.

Cuando rondaba los dieciocho años, Maximiliano se enamoró de una condesa, pero su hermano (quien para entonces ya era emperador) impidió que esa relación se concretara. Luego conoció en Lisboa a la princesa María Amelia de Braganza quien era hija del ya fallecido emperador Pedro I de Brasil. Ahora sí hubo una aprobación tanto de su hermano mayor como de su madre para el matrimonio, pero la princesa contrajo escarlatina, su salud se deterioró y se agravó por tuberculosis hasta que falleció en 1853.

En octubre de 1863 llegó hasta la residencia de Maximiliano (el Castillo de Miramar) una delegación mexicana para hacerle el ofrecimiento de la corona imperial de nuestro país. Seis meses después, llegó la respuesta de aceptación. En mayo de 1864 la pareja imperial llegó a Veracruz e hicieron su entrada oficial a la capital el 12 de junio del mismo año. Se establecieron en el Castillo de Chapultepec al que el emperador rebautizó como “Miravalle”.

Al poco tiempo, Maximiliano pidió el trazo de una avenida desde el Castillo hasta el centro de la capital. Dicha arteria, llamada originalmente “Paseo de la Emperatriz” es lo que hoy se llama “Paseo de la Reforma”.

Napoleón III decidió iniciar el retiro de las tropas francesas para el otoño de 1866. La presión de los Estados Unidos y la amenaza prusiana lo obligaron. La emperatriz Carlota viajó a Europa para solicitar apoyo pero fracasó y aparecieron en ella los primeros síntomas de trastornos mentales.

De acuerdo a la teoría de Déneke, el señor Justo Armas no es otro que el emperador Maximiliano de Habsburgo que fue perdonado y enviado secretamente a San Salvador, en donde vivió bajo ese seudónimo hasta 1936. De ser cierto esto, el emperador habría vivido 104 años.

Me quedan algunas otras cosas que quisiera comentarles, pero eso será la próxima vez.

Que tengan ustedes una excelente semana.