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Opinión

Estoy casi seguro que nunca seré fusilado

Por Óscar Rodríguez - 23 mayo, 2021
Estoy casi seguro que nunca seré fusilado

Amables lectores, tengan ustedes un buen día.

La primera escena de “Cien Años de Soledad” nos presenta al coronel Aureliano Buendía frente al pelotón de fusilamiento. En su calidad de narrador omnisciente, Gabriel García Márquez nos lleva al pensamiento del personaje quien en ese momento trae a su memoria el día en que su padre lo llevó a conocer el hielo.

Estoy casi seguro que nunca seré fusilado. Aunque existen ciertos caprichosos antecedentes, como por ejemplo el caso de un infortunado prisionero del general Francisco Serrano (quien en cierto momento de la historia llegó incluso a ser aspirante a la presidencia de la República) a quien se le comunicó que sería ejecutado. El condenado había declarado con mucha seguridad «no me puede fusilar porque soy civil». Esto originó la siguiente instrucción de Serrano a sus subalternos a fin de cumplir con el protocolo «nombren general a este (tal por cual, pero de forma más agresiva) y fusílenlo». Hecha esta aclaración prosigo.

Así como el recuerdo del día que conoció el hielo acude a la memoria del coronel Buendía, ocasionalmente me acuerdo del día que conocí el internet.

Era 1995 y para acceder a la red global el primer paso era echar a andar una utilería llamada TCP Trumpet. Esto disparaba una serie de instrucciones que establecían la conexión con un proveedor de internet. Una vez establecido el contacto, era necesario ahora sí hacer funcionar el navegador de internet. El primero que conocí se llamaba Netscape y es el ancestro de Internet Explorer, Firefox, Safari y varios más.

 Días después, recibí un mail de Verónica Moore (hermana del destinatario de mi mail y quien hacía las veces de su secretaria personal) diciéndome que Michael me agradecía la invitación. 

Fue hasta entonces que investigué y resultó que el señor Moore era una persona bastante conocida en el mundo del entretenimiento: tenía un programa de televisión, había dirigido algunas películas y escrito varios libros. Yo no había estado al tanto de todo eso cuando le envié el correo.

Más o menos una década después me registré en Facebook, pero no le había encontrado tanto el gusto… Hasta un día en que me puse a ver wwitv.com…

Estaba navegando entre los diversos canales de televisión del mundo cuando me detuve en un canal de Armenia en el cual aparecían dos solistas con una orquesta. Estaban interpretando una pieza musical que casualmente tuve en un cassette en mi época de estudiante.

Mientras veía la ejecución de la obra, me percaté de la especial manera en la que la solista del violín le marcaba el paso al intérprete de la viola y las miradas que intercambiaban. En mi mente empecé a armar la historia: «Estos chavos son esposos… sí… seguro… o por lo menos novios… y han de ser rusos… ella se debe llamar Anastasia, Olga, Yelena o Tatiana… y él debe ser Oleg, Mikhail, Nicolai o Sergei… ahorita que terminen los busco en internet, para ver si les atiné…»

Terminó la interpretación y con los aplausos comenzaron a aparecer los créditos… en armenio… en algún momento apareció una fecha… con eso bastó.

Me cambié a Google y busqué “Armenia, Mozart, k. 364” y la fecha leída… aparecieron algunos resultados de búsqueda… otra vez en armenio.

Entre una exagerada cantidad de letras parecidas a nuestras “n”, “m”, “u”, “w” y algunas insólitas variantes, alcancé a identificar lo que parecía ser un calendario de conciertos. Y ahora sí, junto al número 364, un par de palabras con letras rusas: 

Recordando las olimpiadas de Moscú ’80 y la novela de Agatha Christie “Crimen en el expreso oriente” (en la que con un pañuelo que tenía la letra “H” bordada intentan despistar a Hercule Poirot, aunque el ingenioso detective se da cuenta de que es en realidad una “N” rusa), empecé a tratar de traducir el nombre… N-a-t-a-l-i-a L-o-m-e-i-k-o… la busqué en Google y allí estaba… y efectivamente, Natalia Lomeiko y Yuri Zhislin eran la pareja de intérpretes que había visto, eran esposos y eran rusos… aunque le fallé a los nombres…

Me pasé al facebook, la busqué… y allí estaba… la foto correspondía a la violinista…

Se me ocurrió mandarle un mensaje (en inglés, seguro de que lo hablaba o al menos tenía quién se lo tradujera) mencionándole el concierto que acababa de disfrutar y felicitándola. Y menos de ocho horas después recibí su amable respuesta.

Casi repetí la frase de José Arcadio Buendía con la mano en el témpano de hielo: “Éste es el gran invento de nuestro tiempo”.

Me quedan algunas otras cosas que quisiera comentarles, pero eso será la próxima vez.

Que tengan ustedes una excelente semana.