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Opinión

Hoy es seis de junio

Óscar Rodríguez
Por Óscar Rodríguez - 05 junio, 2021
Hoy es seis de junio

Amables lectores, tengan ustedes un buen día.

Hoy es seis de junio.

Desde hace muchos años cada vez que llegamos a esta fecha no puedo evitar el recordar aquella película de los años 70’s protagonizada por Gregory Peck y Lee Remick: “La profecía”.

Antes de ver la cinta me había llamado la atención el cartelón correspondiente. Destacaba dentro de la tipografía del título que dentro de la letra “O” se notaban tres pequeños números seis y en la primera escena aparecía la leyenda “Roma. 6 de junio. 6:00 a.m.”. Tanta coincidencia me parecía (en palabras de un amigo) “muy negro para huevo y muy redondo pa’aguacate”, de modo que supuse que alguna conexión habría de tener con el mencionado póster. Y efectivamente, había cierto enlace y formaba parte importante del argumento. Al final, la producción resultó tan exitosa que se realizaron algunas secuelas y una nueva versión que por cierto fue estrenada el seis de junio de 2006.

Haciendo a un lado la maligna insinuación que la película le da a la fecha, hoy tenemos una importante cita con la democracia.

Democracia. Etimológicamente vendría a ser algo así como “gobierno del pueblo”. Esta forma de organización en la que la población elige a sus gobernantes fue inventada en Grecia hace unos veinticinco siglos. En palabras de Pericles “Tenemos un régimen político que no emula las leyes de otros pueblos, y más que imitadores de los demás, somos un modelo a seguir. Su nombre debido a que el gobierno no depende de unos pocos sino de la mayoría es democracia.”

Pero eso fue en la Grecia Antigua. La Grecia de Sócrates, Platón, Aristóteles, Eurípides, Sófocles, Pitágoras, Fidias, Praxíteles, Demócrito, Euclides, Eratóstenes y un montón de personajes históricos (un auténtico “dream team”) cuya importancia en el desarrollo del conocimiento humano y la cultura es innegable.

Según algunos historiadores, el electorado estaba compuesto solamente por hombres libres que ya hubieran participado en guerras, a diferencia de nuestro caso en la que ser elector es una cuestión meramente cronológica. Y así es en la mayoría de las democracias modernas.

No he encontrado documentación acerca de la mecánica de votación de los antiguos griegos pero he visto la credencial para votar mexicana. Tiene una serie de mecanismos que tratan de combatir el fraude electoral: tinta ultravioleta, microtexto, impresión arcoíris, elemento táctil, fotografía fantasma , tinta OVI, diseño en relieve y hasta código QR, además de la huella digital y la fotografía del elector.

Ese es el tamaño del temor a la trampa. Y es que se han dado casos en otras latitudes como por ejemplo la votación de 1927 en Liberia, en la que Charles D. B. King obtuvo un total de 243,000 votos cuando el registro indicaba que solamente había 25,000 electores. De hecho, esta elección está en un vergonzoso apartado del Libro Guinness de los Récords.

Se dice que las comparaciones siempre son odiosas, pero son inevitables. Pocos siglos después de que apareció la democracia en Grecia, el sistema de gobierno en Roma era un tanto diferente, a tal grado que se dice que en cierto momento, el emperador Cayo Julio César Augusto Germánico (mejor conocido por su apodo de “Calígula”) nombró cónsul (algunas versiones señalan que senador) a “Incitatus”, uno de sus caballos predilectos.

Precisamente, situaciones así de exóticas se supone que son más difíciles de implementar cuando se tiene una democracia sin adjetivos.

Ahora bien, respecto a los candidatos. Alguna vez me tocó leer un artículo que sostenía que Kennedy había vencido a Nixon por su apariencia física en el primer debate televisado que tuvieron. La prueba estaba en que para quienes dieron seguimiento al debate por radio había sido Nixon el ganador por un estrecho margen, mientras que para quienes lo vieron por televisión el ganador había sido Kennedy por mucho.

Es indudable. La imagen de los candidatos tiene relación directa con la posible preferencia de los electores. Esta puede ser la razón por la que a veces surgen candidatos provenientes del deporte o de la industria del entretenimiento.

Y eso sucede no solamente en nuestro país. Por ejemplo, en Italia, hace varias décadas se hizo famoso el caso de Ilona Staller quien pasó de ser actriz del cine para adultos a diputada del congreso italiano. En los Estados Unidos, Ronald Reagan llegó a ser presidente y antes había sido gobernador de California todo esto posterior a una carrera como actor de cine.

En Minnesota, el luchador y actor Jesse Ventura llegó a ocupar el puesto de gobernador y en California hizo lo propio el actor de origen austríaco Arnold Scharzenegger.

En nuestro país hemos tenido también algunos casos similares. Boxeadores, toreros, beisbolistas, futbolistas, actores y cantantes han pasado a formar parte de la vida política nacional al menos por algún tiempo. Y es que es válido. La democracia no garantiza que gane el mejor candidato. En todo caso, si los comicios son legales, garantizaría que ganara el candidato que la mayoría de los votantes creyera que es el mejor candidato. Y es lo que hay.

Y aparte de todo tenemos a los candidatos que cambian de partido. “No es la veleta lo que cambia, sino el viento”, se dice que afirmó hace muchos años un primer ministro francés. A mí me hace recordar una lapidaria frase atribuida a Groucho Marx: “Esos son mis principios, y si no te gustan… bueno, tengo otros…”

Por lo pronto, salgamos a votar y ¡que viva México!

Me quedan algunas otras cosas que quisiera comentarles, pero eso será la próxima vez.

Que tengan ustedes una excelente semana.

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