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Opinión

Quinientos años

Óscar Rodríguez
Por Óscar Rodríguez - 15 agosto, 2021
Quinientos años

Amables lectores, tengan ustedes un buen día.

Esta semana se cumplieron quinientos años de la caída de Tenochtitlan. Por cierto, he escuchado la palabra "Tenochtitlán" pronunciada como aguda y como grave y aparentemente ambas voces son aceptadas.

Se dice que cuando doña Leonor Acevedo murió en julio de 1975 a los noventa y nueve años y varios meses de edad uno de los asistentes al funeral hizo énfasis en el hecho que faltaba tan poco tiempo para que cumpliera el siglo de vida que era una verdadera pena su defunción en ese momento. El hijo de la fallecida (que no era otro que Jorge Luis Borges) contestó algo así como "Caramba, amigo, ¡cuánta importancia le da usted al sistema métrico decimal!" 

Y es que es verdad. Como nuestro sistema de numeración está basado en las potencias de diez, muchas veces los aniversarios correspondientes a números múltiplos de cinco y/o de diez son conmemorados de manera muy especial. Siendo ese el caso, el aniversario que marca exactamente la mitad de un milenio no es tan poca cosa.

 Solamente para medir un poco esta distinción hice un par de búsquedas en internet acerca de la caída de Tenochtitlan: una con el número 499 y una con el número 500. Como era de suponerse, con el número 500, Google encontró más de 422,000 resultados. Con el número 499 el número de artículos encontrados disminuyó a aproximadamente 37,800.

Volviendo al tema de la conquista de Tenochtitlan. Desde 1517 se habían organizado expediciones que partían de Cuba hacia lo que ahora forma parte del sureste mexicano. La primera de dichas excursiones estuvo al mando de Francisco Hernández de Córdoba.

Uno de los hechos más importantes de este viaje fue que los españoles tuvieron un enfrentamiento conocido como la batalla de Catoche, en el cual se llevaron prisioneros a un par de jóvenes mayas a quienes luego bautizaron con los nombres de Julián y Melchor (Julianillo y Melchorejo), y que después se convertirían en los primeros traductores al maya.

La siguiente expedición se llevó a cabo en 1518, bajo el mando de Juan de Grijalva (Grijalba en algunas versiones). En este viaje participó Pedro de Alvarado quien luego acompañaría a Hernán Cortés. También estaba el indio Julianillo antes mencionado.

La expedición de Grijalva descubrió las desembocaduras de los ríos Grijalva y Pánuco, además tocó territorios que ahora son parte de los estados de Quintana Roo, Yucatán, Campeche, Tabasco y Veracruz. Fue durante este viaje la primera ocasión en la que los exploradores tuvieron conocimiento de la civilización azteca.

En 1519 se realizó el siguiente viaje de exploración bajo el mando de Hernán Cortés. Formaban parte de la expedición Pedro de Alvarado, Alonso Hernández Portocarreño, Cristóbal de Olid, Gonzalo de Sandoval y el indio Melchorejo.

 Cortés tuvo además la suerte de encontrarse con Jerónimo de Aguilar, quien había naufragado en una expedición que había partido de lo que ahora se llama Jamaica en 1511. Otro de los náufragos del mismo viaje había sido Gonzalo Guerrero, pero este último ya estaba casado con una princesa maya y no quiso acompañar a los expedicionarios.

En un punto de la exploración encontraron oposición de los habitantes mayas y se llevó a cabo un encuentro armado. Como los mayas no conocían los caballos quedaron impresionados y abandonaron el campo de batalla. Al día siguiente un grupo de jefes llegó con obsequios para los invasores. Entre aquellos regalos había un grupo de unas veinte mujeres esclavas, una de las cuales pasó a la historia con el nombre de Malinche.

Malinche hablaba las lenguas náhuatl y maya de modo que vino a ser el complemento perfecto para la función de intérprete de Jerónimo de Aguilar, quien podía traducir del maya al castellano.

Cortés fundó la Villa Rica de la Veracruz y a partir de allí encaminó sus esfuerzos a conquistar la ciudad de Tenochtitlan. Al enterarse de que muchas poblaciones se encontraban sojuzgadas por los aztecas aprovechó esa situación para su beneficio a medida que se iba internando en lo que es ahora la región central de nuestro país.

Al llegar a la región de los volcanes Popocatépetl e Iztaccíhuatl fue desconfiado de la ruta que le señalaban para llegar a Tenochtitlan. Debido a ello, decidió realizar la travesía por en medio de los volcanes. Es por eso que ese lugar recibe el nombre de Paso de Cortés.

Llegó luego a Tenochtitlan y aunque pasó por momentos difíciles finalmente tuvo la inesperada ayuda de una epidemia. La viruela atacó a los habitantes del Nuevo Mundo y menguó sus fuerzas.

Finalmente, tras haber estado sitiados por varios meses, los aztecas al mando de Cuauhtémoc se rindieron ante las tropas de Cortés el 13 de agosto de 1521.

Lo que pasó aquí no es muy diferente a lo que había sucedido antes y volvió a suceder después en diferentes partes del mundo: el grupo más adelantado en el tema bélico se impone en un territorio ajeno y procede a explotar sus riquezas. De hecho era más o menos lo mismo que los aztecas les habían hecho a un montón de otras tribus vecinas.

Por cierto, siempre me ha llamado la atención que los aztecas (cuya orfebrería está fuera de discusión) no utilizaran los metales para la fabricación de sus armamentos y se concentraran en las piedras (obsidiana y pedernal). Obviamente llevaban las de perder ante la pólvora y las espadas de metal.

Esta fue la base del virreinato de la Nueva España, que trescientos años después se convertiría en los Estados Unidos Mexicanos.

Me quedan algunas otras cosas que quisiera comentarles, pero eso será la próxima vez.

Que tengan ustedes una excelente semana.

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