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El Campeón da golpe de autoridad

Por Agencia - 31 marzo, 2019 - 01:55 p.m.

Donde había expectativa, también hay desilusión; donde cabe la igualdad, se encuentra la disparidad. Donde hay un Campeón, también hay una víctima. Es una ley no escrita del futbol, un deporte que, en ocasiones, tiene un sentido muy extraño de la ironía y donde solamente sobrevive el que entiende mejor esta premisa extraoficial: América lo hizo y salió airoso en el encuentro que más expectativa generaba y más igualdad anticipaba.

Las Águilas golearon 3-0 a Tigres como parte de la Jornada 12 del Torneo Clausura 2019, suficiente para llegar a 22 puntos en el certamen, consolidar su lugar entre los primeros de la Liga MX y, de paso, dejar malheridos a unos felinos que no perdían desde la tercera fecha y que, por si fuera poco, vieron con impotencia cómo un recinto como el Estadio Azteca se perdía como una “sede alterna” con una escuadra de la UANL que se acostumbraba ya a sacar buen crédito del coloso en los últimos años.

Tanto se batalla por un gol, no se diga por un partido. Bruno Valdez activó el reloj despertador para Tigres, pero una alarma de esas que vienen acompañadas por un almohadazo hecho de yunque, de los que duelen y que dejan secuelas en el resto del día; un gol hecho con las entrañas, con un cabezazo al travesaño y, después, con una pelota buscada y encontrada por el paraguayo en el área chica apenas a los 4', fue entonces cuando los felinos se dieron cuenta que estaban en la cancha del Estadio Azteca, demasiado temprano en el partido pero demasiado tarde para las aspiraciones de los dirigidos por Ricardo Ferretti.

América se vio cómodo ante unos Tigres imprecisos y que insistían mucho en unas bandas bien custodiadas por Paul Aguilar y por un Jorge Sánchez que gana su consagración a base de recorridos que poco a poco abandonan lo tosco y coquetean con lo exquisito, esos movimientos que desconciertan hasta a los más desequilibrantes o experimentados como Quiñones o el “Chaka” Rodríguez.

Andrés Ibargüen y Renato Ibarra, más explosivos en otras ocasiones, se dedicaron a marcar el ritmo a los norteños. Los de Miguel Herrera heredaban el ritmo, y Tigres no hacía más que seguir los pasos que dictaban sus rivales, dueños del título en la Liga MX. Poco a poco, la poderosa plantilla felina se fue diluyendo en un ritmo de juego soso, lento y, peor, ajeno, desconocido e implantado por las Águilas.

Solamente un envío fallido de Enner Valencia puso a prueba la tranquilidad de Agustín Marchesín quien vio el partido en la intimidad de su área, como si redondeara su descanso en el césped tras hacer un largo viaje en la Fecha FIFA. El segundo tiempo no fue tan distinto y solamente sirvió para redondear el poderío que ostenta el conjunto azulcrema.

Penales no marcados en ambas áreas eran las generosas acciones dadas para la afición de un Azteca que olía sangre en la visita. Los de Coapa, en cancha, sintieron el aliento en las gradas, ese que arengaba a acabar con cualquier posibilidad de igualdad, como si se fuera a la guerra sin tomar prisioneros, y el cañonazo definitivo no vino desde el aire, sino a ras de tierra.

Sí, Víctor Emanuel Aguilera anotó quizás el gol más “terrenal” de su carrera a los 69', pero no por ello careció de esa celestial sensación de tronar al rival. Un tiro libre a ras de pasto que engañó a 10 elementos que formaban una barrera que lucía tan sólida como el Cerro de la Silla, pero que, a final de cuentas, resultó tan poco confiable como las aguas que bañan el Paseo Santa Lucía.

Nicolás Benedetti y Henry Martín ingresaron en el segundo tiempo, y ambos devolvieron el gesto a Miguel Herrera con el último gol de la noche en una jugada fraguada por ambos que exhibió la otrora temible zaga universitaria y que el colombiano rubricó con un tiro cruzado, una firma digna de la obra más estética y hermosa de un “Poeta” que vino de Sudamérica a conquistar los corazones en Coapa. La goleada era oficial a los 88' y parecía ser trágica en la compensación cuando América estrelló otro balón en el poste.

No hubo “Virus FIFA” para un América que cada vez sueña más con el Bicampeonato con doblete. El torneo perece en su fase regular, pero la ilusión en los azulcremas crece. El golpe de autoridad está hecho y el Campeón poco a poco cimenta su castillo desde donde pretende volver a gobernar con tiranía.

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