Y es que después de cuatro victorias consecutivas, cinco en partidos oficiales, con una enorme carga en las piernas de una pequeña parte de la plantilla blanca, Zidane volvió a apostar por los mismos que superaron al Eibar hace pocos días. Todos saltaron al césped del Alfredo Di Stéfano menos Luka Modric, a quien una sobrecarga muscular le obligó a ver el encuentro desde la grada.
El uruguayo Fede Valverde se encargó de sustituir al "mago balcánico" y el Real Madrid notó la ausencia. El Granada, un rival de primera línea, mostró las carencias de su rival, que ante una línea muy adelantada de presión y sin Modric, sufre para sacar la pelota.
Es el sistema que parecen adoptar últimamente casi todos los equipos a los que se enfrenta el Real Madrid. El Eibar lo intentó sin éxito porque entre Modric y Toni Kroos, durante veinte minutos, rompieron las líneas armeras a base de movimientos veloces llenos de criterio.
El Athletic pudo triunfar antes, pero la pronta expulsión de Raúl García anuló un plan que parecía funcionar. Diego Martínez también decidió arriesgar por un sistema que exige un gran despliegue físico y consiguió incomodar muchísimo al Real Madrid.