En la salud y en la enfermedad

No solo el 14 de febrero se demuestra amor, Lourdes y Edgar una pareja que demostrado ser fuerte pese a las adversidades

Con cada viaje, su fe nunca disminuyó.
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Lourdes Alejandra de León Vaquera y Edgar Eduardo Quintero Díaz, han demostrado que el amor es lo más importante durante la salud y sobre todo, la enfermedad, desde el 2017 han luchado contra el linfoma de Hodgkin que se le detectó a Edgar, quien el pasado 11 de febrero fue dado de alta luego de responder bien al trasplante de células madre.
Lourdes o mejor conocida como “Lola”, conoció a Edgar por una amiga luego de seis meses de haber terminar con su anterior novio, lo agregó a Facebook y quince días después le aceptó la amistad. Platicaban seguido hasta que luego de un mes, la visitó al trabajo con una rosa en mano, después empezó a ir a su casa con ramos de rosas, chocolates y “pura engordadera”.

La familia por fin está reunida y buscando salir adelante.

Salieron más tiempo y el 11 de octubre del 2012 se hicieron novios, seis meses después Edgar le pidió matrimonio y se casaron el 18 mayo de 2013, un mes antes de la boda Lola se enteró que estaba embarazada de su primera hija.
Cuando Edgar iba a donar sangre para la cesárea, en sus estudios salía que tenía un poco de anemia, pero no le dijeron más, pasó el tiempo y nació el bebé. Al año se volvió a embarazar y los médicos le seguían diciendo lo mismo sobre sus resultados. Comenzaron a darle hierro tomado, así pasaron años, bajó de 100 kilos a 60 kilos que su familia se preocupó.

Se le comenzaron a inflamar los ganglios de las axilas, tenían el tamaño de pelotas de beisbol, pero no quería consultar porque a Lola la acababan de operar de la vesícula. Finalmente acudió a la clínica, al principio los médicos le decían que era VIH pero salió negativo, lo mandaron a medicina interna y le dijeron que era un posible linfoma.
Le hicieron estudios durante una semana, sacaron un pedazo de hueso e hicieron cita en menos de un mes para asistir a la Clínica 25 del Seguro Social en Monterrey. Ahí se reunieron con el hematólogo Carrizales, quien le ordenó la primera quimioterapia ese mismo día, el fin era limpiar todo para que fuera apto para un trasplante, pues la enfermedad tiende a regresar o recaer en otros órganos de forma más agresiva.

El 11 de febrero fue dado de alta luego del trasplante.

Le dieron 8 ciclos de quimioterapia ambulatoria y aspirado, su medula estaba limpia pero tuvo una respuesta parcial al tratamiento, se le inflamaron los ganglios en ingle y abdomen, para esto, tuvo terapia de rescate con quimioterapias de cinco días, durante los meses de octubre, noviembre y diciembre del 2018 tuvo sus últimos tratamientos.
En el siguiente TAC, los ganglios eran más pequeños, quedaron dos para tratar con radio terapia en 2019, fueron 25 sesiones en tota las que hicieron que el cáncer de etapa cuatro bajara a la etapa dos, la enfermedad seguía ahí pero estaba controlada.
El doctor Carrizales les comentó el 27 de noviembre que Edgar estaba listo para el trasplante de células madre de su hermana, debían prepararlo con más quimioterapias fuertes para que su sistema inmune llegara a cero.

Fue el 15 de enero cuando lo internaron y le pusieron un catéter central, lo trasladaron al piso 11 de trasplante en la Clínica 25 del IMSS, todos los días Lola y Edgar se llamaban y hacían video llamadas mientras era sometido a un ciclo de quimios fuertes por cuatro días.
El 27 de enero por fin tuvo el trasplante donde todo salió bien, pero al día una luego de la operación, empezó a tener temperatura y los médicos le dan otra quimioterapia para proteger el trasplante. La primera semana su salud era estable, pero la tener las defensas bajas, le salieron llagas en la garganta y solo podía comer papilla.

Fue en mayo del 2013 unieron sus vidas.

“Lo que a él le pueden dar son infecciones y neumonía, el sábado pasado tenía sus defensas en cero y al siguiente día le suben y pudo comer entero. El martes 11 de febrero lo dieron de alta, debe estar aislado un mes en casa, luego del primer mes puede salir a caminar afuera y al tercer mes, convivir con más gente”.
Lola y su familia contribuyen para lograr el plan de cien días con dieta especial de comida cocida, sin lácteos ni carnes frías, realizan una limpieza extrema en la casa y todos usan tapabocas, su ropa la lavan en aparatos separados y luego es guardada en una bolsa cristalina.

Lola dijo sentirse contenta y positiva ya que otros pacientes son dados de alta luego de casi un mes de ser operados, pero Edgar salió al día 14, sus dos hijos están felices de que sus papás estén en su casa ya que estuvieron un mes en Monterrey, los menores estaban al cuidado de su suegra, cuñada y su mamá.
“Al principio no fue difícil porque tengo a familia, pero en ese entonces era ir y venir en un mismo día, igual con las quimioterapias, él llegaba y se iba a trabajar a un restaurante, el seguro dio pensión parcial por la enfermedad al principio, pero a pesar de eso nunca estuvo tirado en una cama”.

Luego trabajó en una distribuidora de carnes como chofer, sus jefes le dieron el apoyo necesario para irse a Monterrey asegurándole que tenía las puertas abiertas, pero que primero se recuperara. Cinco días antes de su trasplante, seguía acudiendo al trabajo por sus hijos y para hacer su vida de forma normal.

“Tuvimos que hacer sacrificios para que él esté más tiempo con nosotros, qué más puedo hacer yo por mis hijos, les dolió porque no estábamos, nosotros no sabíamos cómo estaban y qué les hacía falta. Económicamente, no cualquier persona puede pasar por esto, me hospedaba en un albergue donde había muchos familiares de niños con leucemia”.
Lola añadió, sintió una gran felicidad desde el día que lo vio y le agradece a Dios, a quien siempre le oró para que le subieran sus defensas y se recuperara. La familia desea salir adelante con la fe que les ayudó a pasar los malos momentos de los últimos dos años.