LAS CARTAS SOBRE LA MESA: ¿Cómo superar la muerte de un ser querido?

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¿Cómo superar la muerte de un ser querido?

 

¿Cómo superarlo? partimos de una realidad, de una idea bien clara: “la vida sigue”. No se puede detener el tiempo, no se puede detener ningún acontecimiento, todo sigue hacia adelante, los más alegre, lo más triste y lo más difícil. Ojalá las situaciones más duras no se vivan en soledad, sino en compañía de los que más queremos y sobre todo con Dios.

Cuando perdemos a un ser querido quizás no sepamos muy bien qué decir o qué hacer o cuáles serán nuestras reacciones. Por ello, debemos aprender el proceso de la muerte, no podemos desentendernos en la vida de esta realidad.

En las pérdidas de seres queridos e incluso de situaciones agradables, todo tiene su tiempo, su camino por recorrer y empieza otro: el del duelo. El duelo es un estado de ánimo especial, es un proceso dentro de un acontecimiento que nos duele, de una pérdida, de una partida, de un hasta luego… el duelo se tiene que iluminar con esperanza, con la certeza de que la vida continúa hasta la eternidad.

Dios en los duelos no es un dulce o un placebo, es la certeza de que no estamos diseñados para lo terreno sino para lo eterno.

El duelo ocurre como consecuencia de una pérdida importante, de una persona que se tiene, que se quiere y que se necesita. En este momento, la persona debe contar con el apoyo del entorno, de familiares, amigos y conocidos, para llegar a superarlo.

Un duelo, un proceso de cambio de vida, un aprender a soltar personas o situaciones muy queridas necesitan de la compañía de los demás. Para evitar trastornos de salud, de conducta, cognitivos y afectivos, los demás serán siempre la mejor terapia, el mejor apoyo en las dificultades.

No hay medicamento, no hay terapia más sana que la compañía de los que nos aprecian y apreciamos. La mejor terapia en la dificultad es el cariño, la amistad y la compañía. Lo más duro en un proceso de duelo es la soledad, el abandono y el desprecio.

Hay una línea común, un sentimiento generalizado en todos los que pasan por un duelo: “creías que nunca te podía haber pasado en la vida”. Lo pensabas, y cuando te sucede comienzas a darte cuenta de que pasa, y de que pasa todos los días. Te está pasando a ti, y les está pasando a muchas personas.

El duelo bien encauzado y vivido, sensibiliza, humaniza y saca de las personas sentimientos solidarios. Dejando de lado situaciones que se pueden complicar, donde se puede llegar incluso a perder el interés por la vida, la ilusión por salir adelante. Un duelo mal vivido es peligroso, un duelo bien vivido es enriquecedor por más contradictorio que parezca.

Por eso es necesario tener un adecuado conocimiento de uno mismo. Hay que conocerse, hay que detectar y saber cómo es “mí” manera de vivir el dolor, de vivir y enfrentar un duelo. Conocer las características o con qué intensidad vivo las cosas.

El duelo pasa por varias etapas, que cada uno enfrenta y sigue de acuerdo con su capacidad de aceptar la pérdida de un ser querido. Al principio, cuesta aceptar la realidad, por lo que hay que distraerse.

No se puede vivir en un estado de negación, inmediatamente hay que iniciar un estado de aceptación de la realidad. Una persona pasa por emociones como coraje, furia, culpabilidad, llegando a la desolación, y es allí donde se enfrenta definitivamente la pérdida. La persona debe expresar el dolor.

La idea realmente es que el duelo no la destruya, sino que la ayude a construir y rehacer su vida partiendo de la realidad que le está tocando vivir. La muerte de un ser querido puede llegar a ser “un golpe tan fuerte como una explosión”.

El proceso de duelo lleva consigo sentimientos de dolor, desgarro, tristeza… No obstante, cada duelo es diferente dependiendo de las circunstancias y de la propia persona que lo afronta.

El duelo debe llevar a la persona en un corto tiempo a aprender a vivir con paz la ausencia. A aprender a vivir su nueva etapa de vida con serenidad.

Con la muerte de un ser querido, muere todo lo que había soñado con él, toda esa vida ya pensada con él. Partiendo de esta realidad hay que modificar cosas en la propia vida, ponerse en marcha con motivación e ilusión para seguir adelante.

Ese seguir adelante requiere permitirse a uno mismo expresar su dolor y no tener miedo a compartirlo con los demás. Lo que se necesita es apoyo de los demás y tiempo para poder compartir lo que sientes.

Hay ejercicios recomendables, como decir y pensar: “la persona con la que he vivido la mantengo dentro de mí, viva o no viva ella, puedo tenerla dentro”, es un ejercicio sanador, positivo, útil y muy recomendable.

La vida no se acaba porque se murió un familiar. Eso resulta muy fácil decirlo, pero muy complicado llevarlo vivirlo, más cuando todo está muy reciente. No cabe duda que las amistades y el tiempo son una excelente medicina en estos casos.

Pero para los que creemos en Dios: la fe nos da una fortaleza extraordinaria; la esperanza nos ilumina de manera contundente con las cosas eternas; el amor nos lleva a sostenernos de la cruz que es recuerdo de la Resurrección, pues la muerte, con la muerte de Cristo; ha dejado de tener la última palabra en nuestra existencia, para dar paso a la Resurrección y a la Eternidad.

Santa  María  Inmaculada, de la Dulce Espera, Ruega  por nosotros.

P. NOEL LOZANO: Sacerdote de la Arquidiócesis de Monterrey. www.padrenoel.com; www.facebook.com/padrelozano; padrenoel@padrenoel.com.mx; @pnoellozano