Jorge Antonio Martínez, es un joven de escasos recursos que vive en San Buenaventura y quien padece un tumor cerebral. Su atención es costosa y al no tener posibilidades, pide al gobierno que al menos lo ayuden a morir a través de la eutanasia, procedimiento que legalmente está prohibido en México.
Cuenta apenas con 22 años, y a su enfermedad, se suma también la desesperación de no poder contar con los recursos para su tratamiento.
Una operación en Monterrey fue descartada como demasiado riesgosa, mientras que la radioterapia espera una biopsia aún pendiente. Mantiene la alternativa de radiocirugía en Guadalajara, pero es costosa, y no puede sufragar los gastos.
Con este triste panorama, Jorge lleva ocho meses de sufrimiento constante, mitigado apenas por medicamentos que no resuelven su situación.
Señala que el dolor le quita la vista de su ojo izquierdo en un 60%. A pesar de las advertencias de sus médicos sobre la urgencia de su situación, el sistema de salud pública, parece no ser una opción.
Jorge Antonio es Huérfano de madre y depende de su abuela que se gana la vida como empacadora. Con las monedas que diariamente lleva, apenas les alcanza para comer.
Este joven, cuya voz se eleva desde el corazón de San Buenaventura, no pide lujos ni privilegios. Su súplica es simple: cúrenme o ayúdenme a morir de manera digna, libre de agonía a través de la eutanasia.
Su deseo es que esta publicación, ahora viral, resuene en los medios nacionales e internacionales, en busca de una respuesta a su llamado desesperado.
Espera que la sociedad y las instituciones se detengan a escucharlo. La historia de Jorge es un recordatorio conmovedor de la necesidad urgente de garantizar el acceso universal a la atención médica de calidad y el respeto a la autonomía del paciente en decisiones tan delicadas como esta.
Existe la angustia de Jorge y de aquellos que, como él, luchan contra una enfermedad implacable y una burocracia indolente. La vida y la dignidad de cada individuo deben ser una prioridad más apremiante.