Somos privilegiados al ser parte vital de una extensa región, acrisolada por los elementos naturales y forjada en los eventos históricos mas importantes de nuestra entidad. El centro de Coahuila, es sin lugar a duda la raíz y cuna de ideas y hombres que se han hecho presentes en todas y cada una de las etapas por las que México ha transitado hasta confirmarse como nación, soberana e independiente.
Nuestra identidad es común y nuestro pasado compartido, de ahí nace el proyecto del Colegio de Investigaciones Históricas del Centro de Coahuila, como respuesta a una mayor dinámica de reflexión histórica, que permita ir construyendo el camino de una mas sólida identidad del centro de Coahuila, recuperando las paginas de su historia a la par de tomar mas conciencia del presente que vivimos como reflejo de tres siglos de esfuerzos y vicisitudes.
Nuestro reto se concibe en la preparación, producción y promoción de textos y crónicas, que nos permitan aportar nuestro grano de arena al campo de la microhistoria regional: sus hechos, sus batallas, sus hombres y mujeres, sus sitios históricos, en una palabra su legado a lo que hoy somos.
De Ocampo a Candela, de Cuatrociénegas de Carranza a Escobedo, de Lamadrid a Abasolo, de Sacramento a Castaños, de Nadadores a San Buenaventura, de Frontera a Monclova y de Sierra Mojada a Progreso, las enormes distancias se unieron por la historia y el origen, el reto de preservarlos es grande. La tarea será de todos.
Damos gracias al periódico La Voz de Monclova por su apoyo y disposición para la difusión de nuestra historia y los invitamos a seguir esta página que hoy iniciamos.
Los insurgentes en Monclova, marzo de 1811.
El 21 de marzo de 2022 se cumplen 211 años de la aprehensión de Hidalgo y los insurgentes en Acatita de Baján y un día después, su llegada a Monclova.
Pero ¿cómo se vivieron esos días en Monclova y la región?.
El domingo 17 de marzo de 1811 por la noche: Relata Tomas Flores, llegó a esta ciudad (Monclova), el capitán de milicias don Ignacio Elizondo, enviado por el señor gobernador de la provincia de Texas teniente coronel don Manuel Salcedo, con cuyo motivo el teniente comandante entonces de ésta plaza don José de Rábago, como yo, agitamos la operación que muchos días antes teníamos premeditada de asegurar en esta ciudad al intruso gobernador y mariscal de los insurgentes Pedro de Aranda y lo mismo al general José Mariano Jiménez luego que se acercase a Baján, y al efecto comisionando Rábago a mi hijo don José Vicente para que vigilase por aquella noche a los pasos de Aranda, lo cual ejecutó el observador con tal eficacia que a las doce de la misma noche, después de haberlo obsequiado con fandango en la casa del vecino Ignacio Castro lo entregó dicho mi hijo en manos de la partida de veteranos que le dio Rábago a Elizondo para que lo asegurase y en cosa de media hora que esto dilató; el referido comandante y yo prendimos más de cien artilleros y los cañones que tenía Aranda en el palacio y concluido felizmente, con estas primicias de la premeditada acción volvieron los vocales a mi casa donde a vista de ellos di cuenta al señor comandante general.
Los presos fueron llevados al edificio de la Guardia ubicado en la esquina noroeste de la plaza principal junto a la parroquia, que era el cuartel de la compañía presidial de Monclova y también por muchos años una parte de la construcción, la contigua a la parroquia, sirvió como residencia de los gobernadores.
Los testimonios que nos permiten acercarnos a la jornada de la noche del 17 y madrugada del 18 de marzo en la villa capital de Monclova, los concluimos con la versión de su principal protagonista el capitán Ignacio Elizondo, la que integró en una nota que dirigió al capitán José Menchaca: Son las 3 de la mañana y acabamos de aprisionar a D. Pedro Aranda y su comitiva, por lo que inmediatamente se servirá V. M. ponerse en marcha para esta villa a jornadas dobles, con todos los soldados, vecinos e inválidos que puedan tomar las armas…
A las tres de la mañana del lunes 18 de marzo: convocados personalmente por los Pbros. Camacho y Borrego, se reunieron en la sacristía […] de la parroquia de Santiago un gran número de personas principales y acaudalados españoles en su mayor parte con objeto de formar una junta gubernativa…
Por la mañana, en la villa de Monclova y siendo tomado el gobierno por los contrainsurgentes, asentaron un campamento en el Puertecito al sur de la villa de Monclova a donde fue llegando gente armada de pueblos y haciendas de la región, con la finalidad de asegurar la villa.
Entre las providencias que tomó el capitán retirado Ignacio Elizondo en su carácter de comandante, fue enviar tres avanzadas en prevención de cualquier sorpresa, una más allá de las Norias de Baján auxiliada por indios exploradores, otra en el Ojo de Agua de Castaños y una más en la Boca de Tres Ríos.
Martes 19 de marzo: Estando la parte realista a inmediaciones de la villa de Monclova en el campamento contrainsurgente de la loma del Puertecito, por la mañana se les celebró misa por la fiesta de San José y continuaron los preparativos para la salida al paraje de Norias de Baján situado sobre el camino real, con el objeto de atacar a las fuerzas del teniente general Jiménez, que se sabía en toda la villa y contornos habían salido de la villa de Saltillo y se encontraban en el camino con rumbo a la villa de Monclova. Terminada la misa los oficiales se volvieron a la villa y se reunieron en junta contrarrevolucionaria para formar un consejo de guerra y nombrar presidente en la casa del cura José María Galindo Sánchez Navarro, situada frente a la plaza principal, momento en el cual hubo una discrepancia entre Tomás Flores y Elizondo sobre el liderazgo del plan a realizar, se molestó Flores al que alcanzó Elizondo a mitad de la plaza principal, situación que supieron resolver o cuando menos dejaron sus diferencias para después lo que sin duda determinó el éxito de su plan contrarrevolucionario, pues hombres divididos no llegan lejos. Por la tarde salió de la villa de Monclova el capitán retirado Ignacio Elizondo con la tropa reunida compuesta de 342 soldados veteranos, milicianos y vecinos.
El camino de la tropa contrarrevolucionaria tomó el sur de la villa de Monclova, “Esa noche pernoctó Elizondo en la hacienda de Castaños, con su fuerza y diez mulas que llevaba cargadas de reatas y lazos de lechuguilla, y al siguiente día, antes de amanecer, continuó su marcha hacia las Norias de Baján...
Miércoles 20 de marzo: El capitán Elizondo transitó de madrugada desde la hacienda de Castaños por el Charco Redondo y las Norias del Marqués. Al partir temprano llegó al pueblo de Baján al clarear el día. Muy de mañana llegó el capitán Elizondo con su fuerza a las inmediaciones de la lomita al sur de Norias de Baján y sentó el campamento a las doce del día a un cuarto de legua más adelante del pequeño poblado sobre el camino real y “…después de comer, mandó formar la tropa, los paisanos y los indios los dividió en grupos poniendo cada uno de ellos a las órdenes de un oficial y los instruyó en el papel que cada uno de ellos debía representar en todo lo que preparaba para el día siguiente.
En el campamento de la lomita de Norias de Baján, esperó Elizondo al administrador Tomás Flores y su hijo Vicente quienes llegaron por la noche, haciendo un total de 394 soldados entre veteranos, milicianos, indios de las misiones de Río Grande y demás jefes puestos sobre las armas.
Jueves 21 de marzo: Al sur de la lomita sobre el camino real esperaban los contrainsurgentes en una especie de valla de recepción como fue parte del plan según la versión de Tomás Flores: …y llegando allí se formó al oriente la fila de los dichos trescientos hombres a los que tomó Elizondo a cincuenta para con ellos y los tenientes D. Antonio Griego y D. Rafael Valle y el alférez D. José María Uranga cubrió en el dicho el camino al Saltillo con el objeto de recibir políticamente a los generalísimos cabecillas de la revolución para que entrasen al campo en partidas cortas de menos de cincuenta, a la plaza o lobera que se les formó en el bajo ideada y dirigida por mí su situación, y con este orden mientras yo con mi hijo José Vicente, mi cuñado D. Manuel Flores, D. Nepomuceno Rábago y otros deudos y amigos con cuarenta veteranos de mi confianza lograba desarmar y asegurar donde terminaba la fila la partida que Elizondo dejaba entrar y así sucesivamente…
Se desarmó a todos los generales donde terminaba la fila, despachándolos a Baján, bajo la correspondiente custodia, e hizo atar con cabrestos, más de ochocientos pelados del ejército de los insurgentes en cuya forma los tuvo a su vista, haciendo despachar a la otra vida a todos los que hacían armas, de los cuales se libró milagrosamente el hijo del citado don Tomás, quien tuvo en su lado al cura Hidalgo hasta que finalizó la captura.
En el informe de Tomás Flores de 28 de marzo siguiente, refirió el momento de la captura de Miguel Hidalgo de quien estuvo cerca, mientras se realizaban el resto de las maniobras: Siguió luego el memorable cura Hidalgo en un caballo prieto, con otro colorado bastante ligero, quien entregó éste y el sable que traía y quedó a mi lado, por convenir así a mis intentos, de suerte que a su vista se fueron desarmando y aprisionando a los demás, atando a los peladillos con cabestros de que yo mismo y las tropas fuimos centinelas…
Era pasado el mediodía cuando en el paraje de Norias de Baján una emboscada había capturado en la soledad del desierto al iniciador de la guerra de Independencia, don Miguel Hidalgo, a una gran parte del ejército insurgente y al generalísimo más visible hasta ese momento, Ignacio Allende.
La misma noche del 21 se envió al brigadier Nemesio Salcedo el informe que elaboró Vicente Flores quien escribió sobre lo complicado y fatigoso de la jornada y el ánimo que privó al final de ella: “…pero no por esto hubo quien durmiera, ni de los que vinieron, ni de los que había allí, porque todos andaban locos de contentos, dando gracias a Dios y a Nuestra Señora de Zapopan al ver tanta porción de gente aprisionada con tan poca tropa como la que se había llevado…”.
Viernes 22 de marzo: Al salir el sol, después de una noche en que nadie descansó, se procedió a iniciar la marcha del numeroso contingente rumbo a la villa de Monclova, dejando en la casa del juez del pueblo de Baján a 20 oficiales insurgentes, al cuidado de José Nicolás Elizondo, en espera de refuerzos. Salieron los caudillos junto a clérigos y mujeres en los catorce coches que traían desde la villa de Saltillo, pero esta vez su sentimiento debió ser diferente, iban prisioneros, se detuvieron en dos lugares de parada obligatoria para los viajeros, en la Noria del Marqués y en la hacienda de Castaños, en este último lugar fueron bajados de su coche Miguel Hidalgo, fray Gregorio de la Concepción, fray Bernardo Conde y el cura Antonio Bolán.
Siguiendo el curso de los acontecimientos a las cuatro de la tarde, según el testimonio de fray Gregorio de la Concepción, continuó la marcha de los coches con los caudillos prisioneros desde la hacienda de Castaños, bajando por el camino entre el pequeño lomerío y labores rumbo a la villa de Monclova, pasaron por el Puertecito para seguir por la Calle Real cuando la tarde caía: …tomaron a la derecha por el callejón de los Nogales, en donde a la intemperie, en la sombra de estos frondosos árboles que daban nombre al callejón, había una fragua conocida por fragua de Tío Diego, y allí se detuvo Elizondo con los presos para que les pusieran los grillos a Hidalgo, Allende, Abasolo, Jiménez y Aldama.
Entre dos lugares de la villa de Monclova, la capilla castrense de la Purísima situada frente al extremo poniente de la plaza principal y el espacioso edificio del Hospital Real, ubicado tras la loma de Zapopan al norte, fueron distribuidos los presos, los jefes ocuparon, según una antigua tradición, la primera sala a la derecha del zaguán del Hospital.
Sábado 23 de marzo: Los caudillos derrotados después de haber pasado una sofocante noche de clima extremoso por el número de prisioneros encerrados en un lugar pequeño, donde apenas podían respirar, recibieron la visita del capitán Ignacio Elizondo quien procedió a levantar la nómina de los presos. Durante el día continuaron distribuyéndolos en otros lugares, siempre con fuerte vigilancia.
El Dr. Regino F. Ramón escribió que días antes del golpe final contra la insurgencia fue bajada la imagen de Nuestra Señora de Zapopan de la ermita, la cual fue puesta en la parroquia de Santiago en espera de los resultados en Norias de Baján, la imagen fue devuelta la tarde del 23 a su camarín después de haberle rezado el rosario y llevado por las calles en procesión asistiendo las autoridades.
Domingo 24 de marzo: El teniente coronel Manuel Salcedo, gobernador de Texas, visitó a los jefes insurgentes presos que lo recibieron corteses al inicio y, al final contrariados y molestos.
En su prisión en la villa de Monclova, Miguel Hidalgo recibió alimentos de dos vecinas de familias principales, María Antonia Galindo que andando el tiempo fue esposa del abogado Rafael Eca y Múzquiz y de María Isidora Montemayor Martínez, hermana del cura de Monclova y esposa de Juan Antonio Villarreal. De tal acción en favor de Hidalgo, el Dr. Regino F. Ramón escribió: Ambas distinguidas señoras conservaban como preciosos recuerdos de esa legendaria época, la primera, una mascada de seda negra, que en reconocimiento de sus servicios, le mandó regalar el señor cura Hidalgo, con su monograma bordado en una de las esquinas; y la segunda, la taza en que tomó el chocolate que le mandaba a tan ilustre caudillo.
Lunes 25 de marzo: Después de la breve estancia de los jefes insurgentes en la villa de Monclova, la Junta de seguridad determinó salieran por la noche de ese día a la villa de Chihuahua bien asegurados, entre otros: Ex Generalísimo Miguel Hidalgo, generalísimo Ignacio Allende, coronel Agustín Marroquín, teniente general Juan Aldama, capitán general Mariano Jiménez, mariscal Nicolás Zapata, mariscal Pedro Aranda, mariscal Francisco Lanzagorta, mayor de plaza Pedro de León, coronel Luis Mireles, coronel José Santos Villa, tesorero Mariano Hidalgo, mariscal Manuel Santa María, director de ingenieros Vicente Valencia, capitán Jacinto Noreña, mariscal Ignacio Carrasco, mariscal Mariano Abasolo, brigadier Juan Bautista Carrasco, brigadier Onofre Portugal, teniente Carlos Muñoz y el soldado de Aguascalientes Ignacio Maldonado.
Martes 26 de marzo: Rumbo a Chihuahua, pasó el contingente de los jefes insurgentes prisioneros por la hacienda de Castaños, Charco Redondo, Norias del Marqués y entrada la tarde llegaron y pernoctaron en las casas del pueblo de Baján…
Tanto los contrarrevolucionarios, como los insurgentes que buscaban un país mejor, nos dejaron estos hechos, que son parte de nuestra historia y que pasaron a ser parte de la historia nacional. Muchos insurgentes murieron en el intento, pero otros se quedaron aquí en nuestra región ayudando a forjar nuestra identidad como monclovenses y como norestenses.
De esta forma acaba en Acatita de Baján y Monclova la lucha que Hidalgo y los insurgentes dieron inicio la madrugada del 16 de septiembre de 1810 en Dolores, sin embargo, quedó sembrada la semilla por la libertad que después otros seguirían, hasta llegar a la anhelada independencia que aquellos insurgentes soñaron.
Artículo realizado con información del libro: Hidalgo y los Insurgentes en la provincia de Coahuila, del maestro Lucas Martínez Sánchez e investigaciones en el Archivo Municipal de Monclova, Coahuila.