“Cuando el murió se acabó todo, se acabaron los golpes, siempre estaba de humor para pegarme” fue lo que comentó una mujer de la tercera edad quien sufrió más de 40 años maltrato por su verdugo a quien amó con el alma, aceptando todo tipo de violencia y humillación .
Ema Salazar, una dama en la extensión de la palabra, mujer a quien los años ya le pasaron cuenta en su cuerpo y rostro relató para esta casa editora la historia de amor donde su gran amado era también su verdugo, quien diariamente la golpeaba aun enfrente de sus hijas.
“Si viera que nunca pensé en dejarlo”.
“No veo mucha televisión pero se lo que pasa, uno antes todo esto se callaba por el que dirían, tu matrimonio fracasó, miedo a que te dijeran la dejada , miedo por no saber qué hacer sola con hijos, yo aguante hasta el día que murió” explicó.
Hace ya 11 años de la partida de su amado Mario Mata, a quien había conocido en su pueblo de origen Abasolo, fue a quien rindió su juventud y su vida por cerca de 50 años de matrimonio, entregándose por completa al grado de amarlo más que a ella misma.
“Vieras que humor tenía para los golpes, a él le gustaba darme en la cara, las cachetadas eran para acá y luego para allá, de esas guajoloteras” sus hijas la miraban llorar y le preguntaban porque aguantaba tanto, le decían que debía dejarlo y ellas la apoyarían, y aun asi ella se quedó con el hasta sus últimos días, “hasta mis padres me veían y me decían que es ese amor el tuyo, no sé, si pudieras entender yo lo amaba y créeme que nunca pensé en dejarlo”.
Mientras que escuchaba la misa en la iglesia de la ciudad Santiago Apóstol comentó que era tanto su amor por el que se olvidó que a una mujer no se le golpea, le aguanto infidelidades y todo por ese amor mal entendido al que ella creía tenerle.
Un día él enfermó de nada, así lo mencionó ella, había tenido que vender sus joyas, reloj cadenas aretes y anillos para poder llevarlo hasta Monterrey Nuevo León a una cita con el médico pues era tan grande el dolor de su pecho que nadie sabía que tenía.
“Le colocó cientos de aparatos desde la cabeza hasta los dedos del pie, y las máquinas no arrojaban ninguna enfermedad, los exámenes del corazón estaban bien, regresamos a casa pero él seguía teniendo ese dolor en el pecho, yo me pasaba horas sobándolo hasta que se quedaba dormido”.
Al cabo de algunos días el dolor era aún más insoportable, lo llevaron a la clínica donde apenas al ingresar le dijeron que su esposo había llegado en agonía ya había fallecido, asi simplemente. “muchos me decían tal vez el dolor en el pecho era la oportunidad que Dios le estaba dando para pedirte perdón por todas las cobardías que te hizo”.
Asi así sin más “cuando el murió, ahí acabo todo para mí, yo le había dado toda mi vida, a mí nunca pero nunca me dieron ganas de dejarlo, para que sus mismos hijos me lo pidieran, que lo dejara pero no quise” así fue como termino esta gran mujer mientras de limpiaba las lágrimas al recordar aquel calvario de amor.