Zara es una migrante hondureña, la cual lleva poco más de un año de residir en México junto a su esposo y sus dos pequeños hijos, cuenta que decidió salir de su país por las pocas oportunidades que existen, así como la delincuencia por parte de las pandillas.
“Tuve que salir de Honduras con mi esposo y mi hermana, ya que las pandillas de mi país son muy peligrosas y si no les das plata pueden hasta matarte”, detalló.
Su travesía inició hace poco más de un año, pasando por Guatemala y entrando a México por el estado de Chiapas, donde junto a su familia subieron a la temible “bestia”, la cual al año cobra la vida de muchos migrantes.
“Pasamos por Guatemala, luego llegamos a Tapachula Chiapas en donde nos subimos al tren, y nos amarramos con unas cuerdas por si nos quedábamos dormidos no caernos”, dijo.
En su cara se podía percibir el dolor de haber dejado a su familia en su a país natal, pues perseguir el tan ansiado sueño americano no es nada fácil.
Hace más de cinco meses que llegaron a Piedras Negras, donde dos veces por semana acude a la Casa del Migrante a buscar víveres y ropa, ya que su esposo actualmente trabaja como ayudante de albañil, pero por ser migrante su salario es muy bajo.
“Llegamos a esta frontera y aquí nació mi hijo el cual es mexicano, mi esposo trabaja de ayudante de albañil, pero al ser migrante no se le paga bien y tenemos que pagar renta, por lo que venimos a la casa del migrante por ropa para mi bebe y víveres”, explicó.
Le agradece al Padre Pepe por su labor con los migrantes y dice que hombres como él hacen un cambio muy positivo.
“El Padre Pepe es un santo, gracias a él podemos venir a un lugar en donde no somos juzgadas y en donde nos reciben con los brazos abiertos”, reiteró.
Zara y su familia están a la espera del asilo político que tramitarán en Estados Unidos, pero por la pandemia podrían pasar más de dos años en la ciudad de Piedras Negras.