La reforma judicial en México volvió a colocarse en el centro de la discusión nacional luego de que la Cámara de Diputados aprobara una iniciativa para posponer las elecciones del Poder Judicial hasta junio de 2028. La medida, impulsada por la presidenta Claudia Sheinbaum, busca evitar que este proceso coincida con las elecciones federales ordinarias previstas para el próximo año, aunque su aprobación dejó ver divisiones inesperadas dentro del propio bloque oficialista.
La discusión legislativa estuvo lejos de ser sencilla. Después de una sesión maratónica de más de 15 horas, la propuesta logró avanzar con el respaldo de Morena y sus aliados, pero el debate reveló tensiones internas que normalmente permanecen fuera del reflector político. Un grupo significativo de legisladores oficialistas decidió abstenerse, una señal poco común en votaciones de alto perfil dentro de la llamada Cuarta Transformación.
¿Por qué se aplaza la elección judicial?
El argumento central detrás de la reforma es de carácter operativo y político: evitar que la elección de jueces, magistrados y ministros se mezcle con las campañas electorales tradicionales. De acuerdo con los promotores de la iniciativa, organizar ambos procesos al mismo tiempo podría generar confusión entre los votantes y complicaciones logísticas para las autoridades electorales.
Sin embargo, el punto más polémico no fue el cambio de fecha, sino una modificación relacionada con integrantes del tribunal electoral. Una reserva aprobada permitiría que magistrados en funciones puedan participar nuevamente en elecciones futuras, algo que algunos legisladores interpretan como una forma indirecta de extender permanencias dentro del sistema judicial.
La fractura inesperada dentro de Morena
El momento de mayor tensión surgió desde el interior del partido gobernante. Algunos diputados morenistas manifestaron un abierto desacuerdo con la propuesta, argumentando que podría contradecir principios previamente defendidos por el movimiento, especialmente en materia de no reelección y límites al poder institucional.
Las críticas se concentraron en el posible impacto constitucional de la medida y en el riesgo de abrir espacios para permanencias más prolongadas dentro de órganos clave del sistema electoral. El debate reflejó que, incluso dentro de la mayoría legislativa, existen diferencias sobre el rumbo que debe tomar la transformación del Poder Judicial.
Cambios también para la Suprema Corte
La reforma incluye además ajustes en el funcionamiento de la Suprema Corte, particularmente en la operación de sus secciones internas, las cuales quedarían sujetas a autorización del pleno para actuar. También se amplían plazos para que congresos estatales adapten sus leyes al nuevo esquema judicial.
Aunque la propuesta ya fue avalada en la Cámara de Diputados, el proceso legislativo aún requiere avanzar en el Senado. Ahí se espera un nuevo episodio de discusión sobre una reforma que no solo redefine tiempos electorales, sino que también reabre preguntas sobre independencia judicial, equilibrio institucional y el alcance real de los cambios impulsados por el gobierno federal.