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Opinión

Desde mi Teclado

Óscar Rodríguez
Por Óscar Rodríguez - 08 noviembre, 2020
Desde mi  Teclado

Amables lectores, tengan ustedes un buen día.

La semana pasada me referí a la manera en que se estandarizó el inicio del día, el giro de las manecillas del reloj y el establecimiento de los husos horarios.

Ahora me referiré a otras divisiones del tiempo que también han sido más o menos estandarizadas mundialmente.

En la antigüedad, al no contar con tantos medios de entretenimiento, en general las poblaciones dedicaban una buena parte de la noche a la observación de los astros. Y es interesante cómo ciertas palabras de nuestros idiomas actuales tienen marcados sus orígenes desde esas lejanas épocas.

Los pueblos antiguos notaron que la inmensa mayoría de los cuerpos celestes visibles en la noche permanecen dispuestos de una manera aparentemente fija a lo largo del año. El cielo era entonces algo firme que sostenía a las estrellas. A partir de esa idea es que en nuestro idioma usamos la palabra “FIRMamento” como sinónimo de “cielo”.

Para facilitar su ubicación se formaron conjuntos de estrellas, es decir CONjuntos eSTELAres. De allí proviene la palabra “constelación”. Un particular grupo de constelaciones forman una especie de ruta la cual es aparentemente recorrida por el sol a lo largo de los diferentes meses del año. Como las figuras asignadas a esas constelaciones son en su mayoría imágenes de animales se le llama precisamente así “camino de los animales”, es decir zoo y diakós. De allí proviene la palabra “zodíaco”. (En nuestro idioma son válidas diferentes acentuaciones para ciertas palabras como “policíaco”, “cardíaco”, “paradisíaco” y precisamente “zodíaco”).

Desde hace mucho tiempo existe la creencia de que las estrellas influyen en la suerte de la población de acuerdo a la fecha de su nacimiento, así que cuando las estrellas le son adversas a alguien, esa situación es un “desASTRe”. Por otro lado, cuando alegóricamente las estrellas se derrumban sobre alguien esa adversidad es llamada “catÁSTROfe”.

Así que ya tenemos las estrellas fijas sobre algo firme. Sin embargo hay otros objetos que no se mantienen en su sitio. En griego la palabra “planeta” quiere decir “errante”.

Descartando a los cometas (así llamados por su larga cabellera) y a los meteoritos que tienen unos períodos de aparición y desaparición bastante irregulares, quedan siete objetos visibles a simple vista. Ahora sabemos que de esos siete objetos, solamente cinco son estrictamente lo que en la actualidad se considera planetas, el Sol es una estrella y la Luna es un satélite natural de la Tierra. Pero en su tiempo todos eran el mismo tipo de objetos.

En algún lejano momento de la historia nació la costumbre de dedicar cada día a uno de estos planetas de manera secuencial y repetitiva. Así fue como nacieron los días de la semana.

En nuestro idioma, casi todos guardan un cierto parecido con los dioses cuyos nombres romanos corresponden a los siete “planetas” originales: Luna, Marte, Mercurio, Júpiter, Venus. “Sábado” se parece más a la palabra hebrea “Sabbath” que era el día del descanso. “Domingo” tiene el mismo origen que “dominar”, “domesticar” y “domicilio”: es el día del Señor.

En el idioma inglés el sábado, el domingo y el lunes guardan más parecido con los nombres originales de los dioses (o planetas) Saturn, Sun, Moon. Los demás días toman los nombres de dioses de la mitología teutónica, pero buscando una correspondencia. Por ejemplo el jueves. En nuestro idioma se nota un poco que proviene de Júpiter, que es la forma romana de Zeus, el dios griego padre de muchos otros dioses y encargado entre otras cosas de los truenos. En la mitología del norte de Europa esta labor la llevaba a cabo el dios Thor, de allí viene “Thursday”. El nombre del viernes proviene de una diosa del amor llamada Frigg (equivalente a Venus romana, que a su vez es la Afrodita griega), por ello es “Friday”.

Muy bien. Más o menos nos hemos puesto de acuerdo en agrupar los días en semanas. Ahora veamos períodos de mayor duración. Los meses.

En nuestro idioma, la palabra “mes” tiene la misma etimología que “menopausia” o “meniscos” (pequeñas lunas). Es un derivado de “Luna” en latín. De hecho, en inglés hay más parecido entre “Moon” y “month”.

Muchas culturas antiguas llevaban un calendario basado en las fases de la luna. Todavía, por ejemplo la Semana Santa se fija de acuerdo a una combinación de fechas que toma en cuenta aspectos tanto solares como lunares.

Como las fases de la luna no son un submúltiplo exacto de los días del año, hay un cierto desfase en los calendarios lunares, de modo que así como nosotros añadimos un día a febrero cada cuatro años, ellos añaden un mes lunar completo cada cierto número de años.

Ahora bien. El año.

En los antiguos libros de texto de primaria se señalaba que los griegos medían el tiempo en olimpíadas que equivalían a cuatro años, pero el calendario que utilizamos es un descendiente del calendario romano. De hecho, los meses SEPTiembre, OCTubre, NOViembre y DICiembre tienen esos nombres por el lugar que ocupaban en cierto momento de la historia: eran el SÉPTimo, OCTavo, NOVeno y DÉCimo respectivamente.

Fue hasta el tiempo del emperador Julio César en que se modificó el calendario y quedó básicamente como lo utilizamos en la actualidad.

Me quedan algunas otras cosas que quisiera comentarles, pero eso será la próxima vez.

Que tengan ustedes una excelente semana.

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