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Opinión

Cristianos de oración y adoración

P. Noel Lozano
Por P. Noel Lozano - 01 mayo, 2022 - 10:55 a.m.
Cristianos de oración y adoración

Vemos este domingo como después de la Resurrección de Jesús, llega para los apóstoles la hora de la misión. La misión apostólica empieza con un encuentro: Jesús y los apóstoles. No empiezan con grandes reuniones y toneladas de papeles de planeación. Empiezan con un encuentro. A Pedro, Jesús resucitado, en un encuentro con él, le dice por tres veces cuál ha de ser su misión: “Apacienta mis ovejas”. Leemos en los Hechos de los Apóstoles como después de Pentecostés, de haber estado con Jesús y recibido el Espíritu Santo, los discípulos comenzaron a poner en práctica la misión que habían recibido, predicando la Buena Nueva de Jesús, una predicación llena de entusiasmo y sin miedo, con mucha libertad, por que lo hacían en el nombre de Jesús. Forma parte de la misión el que los hombres no sólo conozcan a Jesús, sino que también oren, lo adoren como a Dios y Señor, leemos en el libro de la Apocalipsis.

La misión de la Iglesia es universal, una misión que tiene como reto que todos los hombres conozcan a Jesús. El mundo ha llegado a ser en nuestros días una casa común. Para los medios de comunicación, de las finanzas, de las ideas no existen fronteras. Gracias a las redes sociales, puedes entablar un chat sobre cualquier tema con hombres y mujeres a miles de kilómetros de distancia de tu casa u oficina. Los cristianos, mediante todos estos medios, entramos en contacto con personas que tienen otra visión de la vida, que viven según otros modelos de existencia, que practican otra religión y aceptan otras creencias. Este fenómeno puede suscitar cierto estado de incertidumbre en los cristianos, puede incluso hacerles caer en un cierto relativismo religioso, pero puede ser por igual una estupenda ocasión para poner en práctica, en grandísima escala y con los medios más avanzados, la misión universal de la Iglesia

¿Cuándo ha tenido la Iglesia más medios para predicar a Jesús desde los tejados, con sus numerosísimas antenas? Estamos quizá ante el reto histórico más imponente en la obra misionera universal de la Iglesia. Esta gran misión universal no la llevan a cabo unos pocos misioneros en tierras no evangelizadas; la puede llevar cualquier cristiano, tú mismo la puedes llevar adelante, desde tu casa, desde tu despacho, desde tu celular. Se ve claro que la misión universal de la Iglesia requiere que cada cristiano sea un hombre convencido de su fe, y esté preparado para dar razón de ella a quien se lo pida: en la calle, en la oficina, o en redes sociales, nos diría San Pedro en una de sus cartas.

Un aspecto importante en la trasmisión de la fe, es llevar a los hombres a lo esencial. Sólo el encuentro con Jesús, la oración, la adoración, moverá los corazones a un culto puro, auténtico y trascendente. En estos últimos tiempos el culto de adoración ha disminuido entre los fieles. Puede ser que se ha insistido mucho en la asamblea litúrgica, en reuniones pastorales, en iniciativas muchas veces periféricas a la fe, pero menos en la Persona en torno a la cual la asamblea se reúne y vive. Subrayamos mucho el carácter festivo de los sacramentos, y menos el carácter cultico. Hablamos mucho de Jesús como amigo, maestro, modelo en cuanto hombre igual que nosotros, y se ha dejado un poco en el silencio la figura de Jesús, como nuestro Dios y Señor. Estas u otras razones han hecho bajar el sentido cristiano de la adoración. Después de este periodo de pandemia, lleno de retos y dificultades, nos haría muy bien espiritual y emocionalmente centrarnos en lo importante, en la adoración, en la oración, en la relación personal con Jesús. Este tiempo es una ocasión magnífica para renovar y recuperar el espíritu de adoración, debida a Jesús. 

Nos dice el catecismo: “Por la profundización de la fe en la presencia real de Cristo en su Eucaristía, la iglesia tomó conciencia del sentido de la adoración silenciosa del Señor presente bajo las especies eucarísticas”. ¿No habrá que avivar y reavivar la conciencia de esta presencia de Jesucristo Dios en la Eucaristía? El mismo catecismo añade: “La predicación y la catequesis deben estar penetradas de adoración y de respeto hacia el nombre de Nuestro Señor Jesucristo”. ¡Un momento de reflexión y examen para los catequistas y predicadores! El mundo, para renovarse, tiene necesidad de una Iglesia más adorante, de cristianos centrados más en la oración, en la adoración, más que en las reuniones interminables que no se concretan en nada.

Santa María Inmaculada, de la Dulce Espera, Ruega por nosotros.

P NOEL LOZANO: Sacerdote de la Arquidiócesis de Monterrey. www.padrenoel.com; www.facebook.com/padrelozano; padrenoel@padrenoel.com.mx; @pnoellozano

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