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Opinión

¡El Buen Pastor!

P. Noel Lozano
Por P. Noel Lozano - 08 mayo, 2022 - 11:03 a.m.
¡El Buen Pastor!

Una de la las imágenes más hermosas para entender a Jesús es la de “Buen Pastor”. Es el Buen Pastor, que conoce a sus ovejas y da la vida por ellas. Es el Buen Pastor que a todos quiere salvar, tanto a las ovejas judías como a las paganas, y a todos ofrece su vida. Es el Buen Pastor, que apacienta a sus ovejas no sólo en esta tierra, sino también en el cielo, conduciéndolas a las fuentes de aguas vivas.

1. Jesús conoce a las ovejas. El carácter comunitario y social de la fe, no disminuye para nada el carácter personal de la relación del Buen Pastor con cada una de sus ovejas. Porque el conocer, en la lengua hebrea, implica además el amar, el desear el bien de la persona, el sentir afecto por ella. Es decir, sólo se puede llegar a conocer a una persona en el ámbito de la relación íntima y personal. Cuando el hombre es conocido de esa manera por Jesús, en virtud del carácter recíproco de toda relación personal, entra también en el mundo de la intimidad de Jesús, le escucha con atención y le sigue con fidelidad, alegría y agradecimiento. En el Evangelio de san Juan, por otra parte, el conocer casi se identifica con el creer. Jesús tiene confianza, se fía de sus ovejas, porque las ama y se siente amado por ellas. Y, sobre todo, las ovejas confían en Jesús, y le confiesan como su Salvador y Señor.

2. Jesús da la vida eterna. El don más grande que Dios nos ha concedido es el de la vida. Pero esta vida dura unos años y luego... ¿Reinará la muerte sobre el hombre? ¿Volverá a la nada de la que Dios lo sacó al crearle? Es una pregunta que encuentra respuesta en Jesús resucitado. Él es el Señor de la vida, el Viviente. Siendo Señor de la vida, puede disponer de ella y darla a los que ama y confían en Él. Jesús nos hace partícipes de su misma vida, la que no está sometida al dominio de la muerte, la vida eterna. En el Apocalipsis leemos: “El Cordero que está en medio del trono los apacentará y los conducirá a fuentes de aguas vivas”. La vida eterna es la misma vida de Jesús, que ya está presente en nosotros por el bautismo y por la gracia, y que adquirirá forma plena en el más allá de la existencia terrena. Como la vida terrena es un don precioso del Padre, la vida eterna es un don estupendo de Jesús resucitado.

3. Jesús está por encima del mal. Ningún poder, humano, angélico, diabólico, está por encima del poder de Jesús resucitado. Un poder que Jesús ha recibido del Padre omnipotente. Querer arrebatar a Jesús sus ovejas, equivaldría a arrebatárselas a Dios. ¡Algo absurdo! Los hombres pueden cortar el hilo de esta vida, pero no pueden arrancar de las manos del Padre el disponer de la vida eterna. Los ángeles, como nos enseña el catecismo, están al servicio de Dios: “Con todo su ser, los ángeles son servidores y mensajeros de Dios” y del hombre: “Desde la infancia a la muerte, la vida humana está rodeada de su custodia y de su intercesión”. El demonio, finalmente, aunque sea una criatura poderosa, por el hecho de ser espíritu puro, no puede impedir la edificación del Reino de Dios, no puede arrebatar de las manos de Jesús a sus ovejas, porque “el poder de Satán no es infinito”. Sólo y únicamente el hombre en su libertad puede escaparse del rebaño de Jesús y sustraerse de las manos bondadosas del Padre. El texto de los Hechos de los Apóstoles da fe de ello: “Los judíos se pusieron a rebatir con insultos las palabras de Pablo”. ¡Qué poder tan tremendo el de la libertad, que puede hacer inútiles las acciones del Buen Pastor!

Santa María Inmaculada, de la Dulce Espera, Ruega por nosotros.

 

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