“Vuela alto Almita”

Alegre, servicial y muy valiente, la pequeña Alma dejó este mundo sembrando una enorme cadena de amor entre sus familiares y amigos

Fundidas en un abrazo, la madre de Alma, Elizabeth Rodríguez y su abuela, dejaron partir por medio de la oración a la joven que por 19 años lucho contra todos los pronósticos médicos.
PUBLICIDAD

FRONTERA., COAH.-Vuela alto y se libre Alma de mi Alma, fueron las palabras de la señora Elizabeth Rodríguez, al despedir a su hija, la joven de 19 años Alma Cecilia Hernández, quien durante su vida padeció la enfermedad epidermólisis bullosa, también denominada “piel de mariposa”, y quien con gran valentía, siempre mostró amor por la vida, sin importar los dolores físicos a los que se tuvo que enfrentar.
Fue al mañana del día 13 de enero cuando Alma despertó con una ligera molestia en su pecho, su madre de manera inmediata la revisó y le dijo que si quería que la llevaran al médico, Alma fuerte y valiente como en otras ocasiones, le comentó que no, que solo estaba cansada, sin embargo esa mañana no quiso desayunar ni levantarse de su cama, era el principio del fin en el paso de esta guerrera por la vida terrenal y quien durante toda su vida fue un ejemplo de amor y lucha.

“Ella me decía que si algún día le daba un paro o un infarto iba a dejar de luchar, ayer cuando me dijeron que había caído en paro, supe que era el final y que debíamos dejarla partir”, dijo su madre llena de dolor.

“Avanzó el día y preferí llevarla a consulta, me decía que no sabía dónde le dolía, pero se tocaba el pecho, salimos y de manera inmediata la lleve a la clínica donde le prestaron los primeros auxilios, sin embargo horas más tarde, la doctora que la atendió me dijo que mi hija había caído en paro, mi corazón de madre me dijo que su tiempo había llegado y cumplió con su misión en este mundo”.
Desde niña fue valiente, sabía que su piel era su limitante, sin embargo se esforzó por hacer las cosas por ella misma, aprendió a alimentarse, a curarse sus heridas, a abrir los empaques de sus alimentos e incluso a tejer, aun careciendo de sus manos, pues su enfermedad acabó con ellas, pero no con su espíritu de superación.

“Era una persona muy alegre, las heridas de su cuerpo no combinaban con la fortaleza de su ser, era una niña hermosa que nunca se dejó vender, su dolor era mucho, sin embargo siempre tenía una gran sonrisa para dar, yo le decía que con su alegría podía obtener lo que ella quería, ya que tenía muchos amigos y personas que estaban al pendiente de lo que ella necesitaba”.

Su madre, siempre a su lado llena de amor.

Con el llanto y la tristeza reflejada en su rostro, pero tranquila por haber amado y atendido a su hija hasta el último momento, la señora Elizabeth comentó que su Alma como ella la llamaba, era un ser excepcional, una persona de luz que siempre vivió su vida al máximo, sin quejarse ni recriminar a dios por lo que le tocó cargar, su cuerpo era muy frágil, pues su piel se desprendía con facilidad, pero su corazón era gigante, y de ahí sacaba fuerza para salir cada día sin temor al mundo.

Puedes leer: Balean a Policía en la 30

Alma nunca fue limitada por su padecimiento, aprendió a hacer las cosas por ella misma y a perseguir sus sueños, uno de ellos conocer el mar.

“Mucha gente conoció a mi hija, ella daba conferencias en las que enseñaba a los jóvenes a quererse, respetarse y sentirse orgullosos de su cuerpo, de su ser y de lo que dios les había regalado para vivir, siempre decía que a ella le hubiera gustado estudiar la universidad, sin embargo sus condiciones de salud no se lo permitieron, por lo que buscó la forma de estar presente en la vida de muchos estudiantes dando pláticas de auto ayuda y conferencias de superación personal”.“No es como te veas, sino lo que quieres ser”, eran las palabras que la joven se repitió durante sus 19 años de vida, tiempo en el que cumplió una importante misión en la tierra, que fue dar amor, esperanza y fe a quienes estaban junto a ella e incluso a quienes ella buscaba para apoyar, debido a que salía de su casa a dar alimento a la gente que vive en la calle y a quienes tenían alguna necesidad especial.

Alma era ella, su presencia daba luz y llenaba los espacios de positivismo, pocas fueron las veces que su enfermedad la venció y se ponía a llorar de tristeza, se deprimía a ver como su padecimiento la mantenía atada, sin embargo nunca reclamó a dios lo que le dio para vivir, sino al contrario, salía con la frente en alto, sabíamos que en ocasiones le daba pena llegar a conocer gente nueva, sin embargo sabía desenvolverse, hablaba de muchos temas debido a que le gustaba mucho leer.

Su hermana, sin dar crédito a lo sucedido, recibió el apoyo y el cariño de muchas de las personas, quienes siempre estuvieron cerca de Alma, apoyando todos sus proyectos.

“Valoren su cuerpo, sean felices con lo que dios les dio, gorditos, flaquitos, blancos, morenos, yo quisiera estar sana para hacer muchas cosas, pero en cambio dios me dio mi piel de mariposa para volar, aunque sea imaginariamente, venir y pararme aquí ante ustedes para enseñarles que debemos amarnos tal y como somos, con limitaciones, pero siempre fuertes ante lo que venga”.
Sin importar su enfermedad, la joven logró muchas cosas en su vida, la vivió al máximo, conoció diversas ciudades e incluso logró conocer el mar, lo cual era un sueño para ella, un día me dijo que si se ponía mal y si le daba un paro cardiaco, no iba a luchar más, así que la dejé partir, aunque se llevara un pedazo de mi corazón, yo siempre la amé y la vi hermosa, nunca vi lo deteriorado de su piel, sino su luz y su espíritu, dijo su madre, mientras las lágrimas le recorrían el rostro.

Dijo que de ahora en adelante deben aprender a vivir con todo lo Alma Cecilia les enseñó, llevar su espíritu de fe, esperanza y caridad a otras personas, saben que será difícil vivir el duelo y la pérdida de quien por 19 años estuvo a su lado enseñándoles que la vida es bella, sea como esta sea.
“Si mi niña estuviera aquí yo le diría que siempre la amé, que para mí fue una hermosa mariposa que abrió sus alas para llegar con dios, sé que él la va a recibir con sus brazos abiertos y que donde esté es ya una persona libre de ataduras, las llagas y heridas de su cuerpo no le dolerán más y será sana, porque ella desde pequeña creyó en dios y estoy segura que ahora está a su lado, sana, hermosa y libre para volar”.