En el corazón de la Sierra Gorda hidalguense, a mil 830 metros sobre el nivel del mar y unas tres horas de distancia de la capital del estado, se encuentra un pequeño poblado de apenas 40 mil habitantes que en los últimos 15 años han aprendido a vivir con el peligro latente de envenenar su cuerpo con arsénico (As), un elemento semimetálico que está presente, de forma natural, en las aguas subterráneas de los alrededores y que es extraída de uno de los pozos con mayores concentraciones de arsénico en México y el mundo.

El poblado adoptó el nombre de Zimapán, una palabra que proviene del náhuatl cimatl, debido a que, en un cerro que se encontraba cerca del lugar, se daban las raíces de cimate; si este rizoma se comía crudo o mal cocido, podía ocasionar la muerte.

Sin embargo, fue precisamente en esta región donde otomíes y quinamíes decidieron abandonar la vida nómada y congregarse en un poblado, según detalla una investigación de la Universidad Autónoma del Estado de Hidalgo.

Este territorio resultó ser una zona rica en zinc, plata, vanadio, plomo y fosfato, por lo que la minería se convirtió en la principal fuente de trabajo de la población. No obstante, es precisamente la propia historia de su territorio rico en minerales la que ha condenado a este poblado a vivir entre uno de los mayores peligros invisibles que existen en la naturaleza.

¿POR QUÉ HAY ARSÉNICO EN EL SUBSUELO?

De acuerdo con diversos estudios realizados por la doctora María Aurora Armienta Hernández, quien actualmente es presidenta de El Colegio de Sinaloa, pero años atrás realizó investigaciones sobre Zimapán para el Instituto de Geofísica de la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM), la contaminación por arsénico en las aguas subterráneas del poblado proviene de tres fuentes diferentes.

Las concentraciones más altas resultan de años de interacción entre agua y rocas, principalmente de la oxidación y disolución de minerales que contienen arsénico, en pozos profundos perforados en el acuífero de piedra caliza, que dan lugar a mayores concentraciones.

Asimismo, el menor contenido de arsénico proviene de la lixiviación de relaves mineros, que es la extracción de la materia soluble mediante un disolvente líquido, y de humos ricos en arsénico que se infiltran en el suelo.

Es una zona minera, tiene abundancia de minerales de arsénico y estos, por las condiciones de algunos de los pozos, se disuelven y liberan el arsénico. Los minerales están ahí, haya o no mina. Muchos minerales de plata, plomo y zinc incluyen el arsénico”, señaló.

El peligro consiste en que en este valle no hay cuerpos de agua superficiales, por lo que todos los habitantes de Zimapán consiguen su agua potable del acuífero.

Este ha sido uno de los problemas más extendidos en diversas regiones del mundo, pues muchas presentan niveles importantes de consumo de agua contaminada. De acuerdo con la Organización Mundial de la Salud (OMS), Bangladesh es uno de los casos más alarmantes desde que se descubrió en los años noventa que el arsénico se encontraba presente en el agua de sus pozos.

En este país, aunque se han hecho diversos esfuerzos para reducir el número de personas expuestas a estos contaminantes, se estima que el número de personas aún con riesgo de exposición a concentraciones de arsénico superiores a su norma nacional de 50 μg/litro y al valor guía de la OMS de 10 μg/litro ronda los 20 millones y los 45 millones de personas, respectivamente.

UN PROBLEMA HISTÓRICO DETECTADO POR CASUALIDAD

Este problema de altas concentraciones de arsénico en Zimapán fue detectado también en los años noventa, específicamente en 1992, como resultado de un programa de muestreo de agua para detectar la bacteria del cólera. Esta prueba también incluía un análisis químico de metales pesados, por lo que se pudo registrar el nivel tan alto de arsénico en varios pozos, así como en el agua del grifo.

Según relata la doctora Armienta, tras ese estudio sobre el cólera empezó a circular en el pueblo una lista con el nombre del pozo y su concentración de arsénico.

El ingeniero Jesús Ocampo, que es geólogo y un amigo de la familia, me preguntó si era cierto. Me dio unas pruebas y las analizamos. Resultó que sí era cierto. Se comenzó a hacer un estudio para ver de dónde venía ese arsénico, porque hay muchos residuos mineros en los alrededores y se pensaba que era por eso”, señaló.

Después de varios estudios llegaron a la conclusión de que la principal fuente de contaminación por arsénico en los pozos de agua potable es natural y que, de los cinco existentes, el que tiene mayores concentraciones de arsénico es un pozo que se encuentra en la comunidad de El Muhí y es, precisamente, el que más agua tiene y surte principalmente la cabecera municipal y el centro de la región.

Este pozo, de acuerdo con el ingeniero José María Lozano, exalcalde de Zimapán, comenzó a operar en la segunda mitad de los años 80.

Siendo presidente municipal, Romualdo Sánchez construyó este pozo porque no había agua suficiente en la localidad de Zimapán. El agua era muy necesaria, pero nunca se dieron cuenta de los altos niveles de arsénico que contenía. Esa agua se utilizaba para tomarla, bañarse, hacer labores domésticas. Cuando los estudios alertaron, se dejó de operar, se pidió a la gente que consumiera agua embotellada y se construyó la planta potabilizadora, pero aún hay colonias que tienen menos recursos y cuya población sigue tomando esta agua”, detalló.

La doctora Luz María del Razo Jiménez, encargada del Departamento de Toxicología del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav) del Instituto Politécnico Nacional (IPN), señaló que la problemática de la exposición a arsénico en el país es muy importante, pues existen muchas regiones en esta situación, pero ninguna fue tan grave como en Zimapán.

Para ponerlo en referencia, según detalló Del Razo, la norma oficial mexicana dice que no es seguro beber agua que tenga concentraciones arriba de 25 partes por billón (ppb), pese a que la norma internacional dice que debe ser de 10 ppb. Sin embargo, en México, hay lugares que tienen concentraciones más altas.

El área que se había estudiado era la de la Comarca Lagunera con concentraciones muy altas de 400 a 500 ppb, pero en Zimapán hubo mucho interés y con la intención de intervenir rápidamente porque tenían un pozo con concentraciones de mil 200 ppb”, dijo.

Hasta 1996, el agua del grifo se suministraba después de mezclar las aguas subterráneas que contenían diferentes concentraciones de arsénico, lo que daba como resultado un contenido de arsénico de menor concentración.

En ese entonces, con la mezcla del pozo El Muhí, la población recibía como promedio concentraciones de 400 ppb. Pero aquellos que recibían directo del pozo, se exponían a mil 200 ppb. Eso es una concentración altísima”, señaló.

Cuando se logró intervenir, la solución temporal fue cerrar el pozo.

ARSENICOSIS, DIABETES Y CÁNCER: ALGUNOS DE LOS EFECTOS DEL ARSÉNICO

María Elena Martínez Maldonado tiene 64 años y ha vivido en Zimapán la mayor parte de su vida. Tiene cuatro hijos y, con pesar, cuenta que una de ellas estuvo enferma de cáncer de mama hace ocho años.

Ella vive en Estados Unidos y allá le preguntaron dónde había vivido y si se había expuesto a radiaciones, porque era muy extraño que, siendo tan joven, le diera cáncer. Tengo otra sobrina que es de Zimapán y también le dio cáncer, y no acabaría de platicar sobre mis amigos y conocidos que he tenido que han fallecido de cáncer aquí en Zimapán”, dijo.

Ni ella, ni sus amigos ni familiares sabían, hasta antes de los años 90, que el agua que tomaban de la llave estaba contaminada con arsénico. Y aunque a partir del hallazgo han dejado de beberla, siguen usándola para consumo doméstico.

A partir de que nos enteramos, comenzamos a comprar agua de garrafón que nos traen a nuestra casa, no tomamos el agua, pero nos seguimos bañando con esa agua, lavando nuestra ropa, lavando nuestros trastes con esa agua. Yo sé que es algo muy grave lo que nos está pasando. Ya hasta nos nombran arsenicófagos porque somos sobrevivientes de contaminación por arsénico en Zimapán”, expresó.

Una historia similar le sucedió a Ausencio López Zúñiga, quien trabaja en uno de los hoteles del centro del municipio y ha vivido gran parte de su vida en Zimapán. Su papá falleció por cáncer en la garganta.

Aunque pocos médicos en la localidad han relacionado estas enfermedades como una de las consecuencias por su exposición al arsénico, la Organización Mundial de la Salud hace referencia a que el consumo de más de 0.4 miligramos (mg) de arsénico al día puede producir efectos graves en la salud.

Los más característicos incluyen: hiperqueratosis, verrugas o callosidades en las palmas y las plantas de los pies y manos, hiperpigmentación intercalada con pequeñas áreas de hipopigmentación en la cara, cuello y espalda; conjuntivitis, traqueítis, acrocianosis, polineuritis, enfermedades vasculares, anomalías del electrocardiograma y miocarditis también se han relacionado con el arsenicismo crónico.

También se incluyen cambios hepáticos inducidos por arsénico como cirrosis, hipertensión portal sin cirrosis, degeneración grasa y neoplasia hepática primaria. El carcinoma epidermoide de la piel, y hasta cierto punto cáncer de pulmón, también puede producirse por ingestión a largo plazo.

Elena asegura que, aunque no se tiene registro de las causas de muerte y enfermedad en la población, existen muchos enfermos de diabetes, de los riñones y, sobre todo, muchos decesos por cáncer.