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Coahuila

“Enreda” a jóvenes adicción al Facebook

Jorge Salazar
Por Jorge Salazar - 15 febrero, 2017
“Enreda” a jóvenes adicción al Facebook

Es una joven huraña, hostil, antisocial, un tanto mezquina y muy superficial que busca en las redes sociales satisfacer su necesidad de afecto y aprobación, puede ser la hija de cualquiera de nosotros

“¡María despierta, se te va hacer tarde!”, grita una madre de familia de la colonia Obrera Sur de Monclova. Son las 7 de la mañana y su hija María sin abrir los ojos busca frenética su celular bajo la almohada, no lo encuentra, está nerviosa, su desesperación aumenta con los primeros rayos del sol, es una adicta a las redes sociales que necesita su primera dosis.

Tiene 18 años, un bonito cuerpo y un rostro como de 15, no recuerda la hora que se quedó dormida, pero sus manos insisten en recorrer el ancho frío de la sábana, palpando, buscando sin encontrar su ansiado artefacto telefónico.

“Ya voy mamá”, responde encontrando entre las cobijas su tesoro, revisa su cuenta de Facebook atiborrada de notificaciones de la noche anterior cuando el sueño la sorprendió. Muy de madrugada se quedó dormida con la “droga” entre las manos, tan de repente que casi se golpea el rostro con el teléfono.

Ella como muchos jóvenes se volvió adicta a las redes sociales y a su celular. A cada hora revisa entre 30 y 70 veces su perfil, en el baño, al conducir, al comer y sobre todo antes de dormir, siempre publicando fotos, comentarios, memes en su perfil real y respondiendo a “clientes” desde sus cuentas falsas donde consigue además de aprobación y cariño, la forma de hacerse de dinero fácil.

Las redes sociales se han vuelto su mundo, uno paralelo donde se refugia de sus inseguridades y la alienta a ganarse la vida de manera clandestina.

Pocos creen que el Facebook puede convertirse en adicción, pero según expertos la dependencia puede ser similar a la de una “droga” como el cigarro o la cocaína.

“María” se quedó despierta hasta la madrugada, fue noche de “sesión”, de “like y te sigo”, “like y te publico”, y de pasar el “pack” (fotos eróticas) por depósitos de 400 pesos que recibe en efectivo vía transferencia electrónica.

De clase media, conoció su “droga” desde muy niña, paradójicamente fueron sus papás los “ganchos” que la enviciaron, prácticamente sus “dealer´s” que la empujaron a ser la adicta que es hoy.

Antes del divorcio y desde muy niña buscaba la atención de sus padres, salir al parque y jugar a la pelota, pero su madre descubrió que dándole el celular se quedaba quieta, dejaba de molestar y permanecía horas callada como hipnotizada sin hablar frente al pequeño monitor.

Primero fueron películas infantiles, después videojuegos y a falta de supervisión, se fue adentrando en el mundo de las redes sociales. Las conversaciones con gente extraña se extendían hasta media noche, sus amigos virtuales influenciaron sus nuevos gustos, algunos muy alternativos del animé erótico, páginas pornográficas, incluso el “gore”.

El divorcio de sus padres y la ausencia de la figura paterna la empujaron a adentrarse más en el mundo irreal, la necesidad de afecto y aprobación se reflejaron día a día en sus publicaciones contra los hombres, pero al mismo tiempo un grito desesperado por llegar a una adultez temprana, siendo apenas una niña.

Algunos creen que solo por llamar la atención, pero sus publicaciones cada vez iban en aumento, sin restricciones fueron siendo más provocativas, alimentaron una creciente adicción a los “likes”, piropos y propuestas de desconocidos que la “admiraban”.

Con este roce virtual, sus percepciones fueron cambiando, alejándose de la realidad y olvidando su entorno, se perdió en la necesidad de mostrar un mundo perfecto hasta en los más absurdos detalles.

Y mientras en las redes era segura, sociable, feliz, bella y realizada, su nueva adicción la convirtió en una joven huraña, hostil, antisocial, un tanto mezquina y muy superficial.

Luego de 15 minutos desde el primer grito y sin levantarse de la cama, María aún no recuerda a qué hora se quedó dormida entre “sesiones abiertas”, solicitudes, “likes”, pero sobre todo “bateando” a depravados que asechan en la noche enviándole fotografías desnudos.

Su negocio no es la prostitución literalmente, por ahora. La joven se limita al envío de fotografías y videos íntimos donde no compromete su rostro a cambio de depósitos a su cuenta bancaria con apoyo de un celular.

Antes de su primer período ya era adicta a las redes, y después de los 15 se olvidó de las relaciones interpersonales. No le interesaba salir o platicar con amigos de su edad, ni al parque como el resto de sus amigas de secundaria.

REFLEJA ADICCIÓN A REDES

CARENCIAS AFECTIVAS

Para Roy La Fuente Domínguez, Psicólogo con Maestría en Educación y Doctorado en Ciencias de la Educación, el caso de “María” es un cuadro típico de adicción a las redes sociales.

El Psicólogo lleva 7 años en la docencia y cuenta con especialidad en programación neurolingüística, aprendizaje acelerado. Asegura que los jóvenes viven hoy una nueva adicción a las redes sociales que se manifiesta con síntomas parecidos a las adicciones a otras drogas tales como cambios de humor, irritabilidad, felicidad espontánea. Esto sin contar con una necesidad atípica por revisar más de 60 veces sus redes sociales, tomarse fotografías y buscar la aprobación de la sociedad que ni siquiera conoce en persona.

A esto se suma un descuido en la presentación personal, salvo cuando se toman un autorretrato. La obsesión es tal que pueden repetir la misma pose en 15 ocasiones, olvidando el entorno, además de perder la capacidad de disfrutar los momentos.

“Lo vemos ahora con los jóvenes que han cambiado su patrón de dormir, despiertos de noche y somnolientos durante el día, o aquellos que están en una reunión familiar y prefieren estar en el celular, lo mismo cuando salen a algún concierto, prefieren grabar que disfrutarlo”, explica.

“María” ya no habla con sus padres y cuando lo hace, difícilmente los mira a los ojos. Ellos se desesperan que no platique, olvidando que ellos la mandaron callar al ponerle un celular entre las manos.

Al despertar “María” no ha bostezado y su primer impulso es buscar desesperada su celular.

El abuso en el uso de redes sociales como Facebook y Twitter han provocado ya los primeros casos de “adictos” en la región Centro.

La vanidad es uno de los síntomas, principalmente entre jóvenes enamorados de sí mismos que de manera compulsiva no pueden evitar exhibirse en autorretratos, 1, 15, 20, con la misma pose y postura, tratando de inmortalizar su concepto de perfección y buscando lastimosamente la aprobación de terceras personas.

Al aclarar que las redes sociales no causan la enfermedad, el Psicólogo estableció que las redes sociales, son una herramienta útil para detectar la patología de un problema obsesivo compulsivo propio de la personalidad, que ya iba surgiendo y encontró en la redes un escaparate que se manifiesta públicamente.

“Las redes sociales no generan enfermedades, más bien son un medio para manifestarlas, el problema es que la población mexicana ha aumentado exponencialmente sus acceso a redes sociales y por eso es más notorio que la gente exhiba sus problemas de personalidad”, explica.

Indicó que según estudios, jóvenes de 12 a 20 años, pasan de 5 a 8 horas en redes sociales, revisan Facebook hasta 100 veces por día, otros viven en eternas conversaciones sin sentido por Whatsaap, donde comparten fotografías y material erótico.

La convivencia entre ellos ha cambiado, las habilidades sociales se han extendido o evolucionado y algunos prefieren más la expresión escrita y no tanto la interacción cara a cara.

Consideró que se puede diagnosticar como adicción a las redes sociales, cuando afecta las demás áreas y esferas de la persona, e interrumpe su desarrollo académico, social y familiar.

“Hay adultos que pasan muchas horas pero no se les considera adictos porque no les afecta otras esferas de su vida donde ya cumplieron su jornada, pero a los jóvenes se les estigmatiza debido a que no forman parte productiva del país”.

Precisó que esta dependencia a las redes sociales en la adolescencia, es porque en esta etapa se refuerza la identidad, el “yo”. Los jóvenes quieren ver su imagen favorable, estar siempre atractivos, deseables, lindos, interesantes, así como lucirse para reforzar su propia identidad.

“Apenas el ser humano descubrió el espejo y se enamoró a sí mismo en un problema de narcisismo, lo que ocurre nuevamente con las redes sociales, en algunos casos llegando a convertirse en una obsesión que se debe atender de manera terapéutica para conocer la causa de su inseguridad”, comentó.

En esta búsqueda de la aprobación, María llegó al extremo de mostrar su cuerpo. Descubrió que en la medida que enseña más recibía mayores comentarios y alimentaba su necesidad de “likes”, de la misma manera aprendió a sacarle provecho económico a su belleza.

Insistió que la enfermedad no la generan las redes sociales, que fungen solo como una herramienta para manifestar un problema obsesivo compulsivo como lo es la comida para los obesos o la pornografía para los adictos al sexo.

A pesar de todo las redes sociales no se pueden considerar negativas o positivas, la forma cómo se utilizan determina su función y eso depende del ser humano.

Señaló que no existe una cantidad de horas para el uso de Facebook que se considere “normal”, pero en el caso de jóvenes es recomendable mantener un control parental para vigilar sus actividades.

“En China o Corea del Sur, los niños de primaria ya tienen Tablet y utilizan redes sociales, en México no es así, es importante abrirles esta opción cuando desarrollen una madurez que les permita no ser víctima de sus impulsos o del abuso de otras personas”, aclaró.

La preocupación es el acoso sexual, el ciberbullying, el problema es que a nivel regional no existen centros para tratamiento de esta moderna adicción.

“Hay dos formas de quitar esta dependencia, disminuir poco a poco el uso pero supliéndolo siempre con otras actividades, para que inviertan tiempo de calidad y pueda dejar paulatinamente las redes”.

Otra opción es hacerlo de golpe como el cigarro, aunque insistió no se necesita que lo deje por completo, pero sí que sustituya el tiempo con otras actividades más productivas como el deporte, el estudio y la sociabilización cara a cara.

“Esta adicción si bien no causa la muerte, puede generar efectos psicológicos similares, por eso debe atenderse si consultar las redes sociales se vuelve más importante que desarrollar las actividades propias de un joven”.

En todo caso como el de cualquier adicto, el apoyo y comprensión de la familia es fundamental para lograr éxito en el tratamiento, agregó.

“Las redes sociales no generan enfermedades, más bien son un medio para manifestarlas, el problema es que la población mexicana ha aumentado exponencialmente sus acceso a redes sociales y por eso es más notorio que la gente exhiba sus problemas de personalidad”

Roy La Fuente Domínguez

Psicólogo con Maestría en Educación y Doctorado en Ciencias de la Educación

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