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Coahuila

Lágrimas, depresión, un payaso y Dios

Para cuando menos lo acordó, ya tenía una esposa y cuatro niños que le decían “papá”, también muchas responsabilidades

Mónica Meza
Por Mónica Meza - 14 mayo, 2022 - 09:28 p.m.
Lágrimas, depresión, un payaso y Dios
Ahora se hace llamar “Payaso Bendecín”.

Hay personas alegres, animosas, que estimulan a los demás en momentos difíciles pero que sorprenderían al resto de la gente si supieran de sus sentimientos íntimos y los pesares que ocultan tras esa aparente felicidad, así pasa cuando el alma llora pero el rostro ríe.

Es la historia del payaso que luchó por no perder la alegría ni la sonrisa en tiempos de pandemia, el testimonio de Flavio Jonathan Cortez Guerrero de 33 años de edad quien tras entrar en una horrible depresión perdió el trabajo, perdió a su esposa, se olvidó prácticamente de sus cuatro hijos y cayó en la adicción, en el mundo de las drogas no hay final feliz.

Recuerda como si fuera ayer el día que empezó a trabajar como payaso, en aquel tiempo había un centro de videojuegos en la plaza del centro de Monclova, llegó su amigo el payaso “Hugo Bolichín” y lo invitó a ir de antro pero Flavio no traía un solo peso en el bolsillo. A su amigo se le ocurrió pintarlo de payaso y trabajar entre los dos a cambio de dinero con el que finalmente se fueron a divertir.

Ese día le gustó como lo miraba la gente, como se reían con él, esos aplausos, carcajadas y las palabras de la gente fueron como alimento para el alma y desde entonces ama ser payaso.

Con la cara pintada, zapatos de payaso y vestimenta normal, subía al transporte público para dar su breve show a cambio de unas monedad, a veces lo hacía solo y otras acompañado, durante todo el día, subía y bajaba de los autobuses, al finalizar la jornada regresaba a su hogar cansado y hambriento dispuesto a descansar.

Con el paso del tiempo se capacitó, fue a congresos en varias ciudades del país, como Los Cabos, Nayarit entre otras ciudades, aprendió mucho de otros payasos y todo lo situó con el público monclovense.

Para cuando menos lo acordó, ya tenía una esposa y cuatro niños que le decían “papá”, también muchas responsabilidades pero día con día el amor a la familia era la mayor motivación.

Hasta que un día la madre de los pequeños los abandonó para ir con otro hombre, fue un golpe muy duro para sus hijos, una jovencita de 16, otra de 14, un niño de 12 y una pequeña de solo 7 años, ellos necesitaban a su mamá.

Le tocó ser padre y madre a la vez, una labor difícil, una mujer tiene valor de enfrentar al mundo haciendo las dos funciones, es lo más común o al menos así lo consideró. Estuvo con total fuerza entre el trabajo, sus hijos, la comida, el pago de servicios y más necesidades, el tiempo corría a prisa, todo estaba acelerado. 

Luego llegó la pandemia, un virus azotó al mundo, miles de muertes se daban a conocer a diario en las noticias, el mundo se paralizó, todos se quedaron en casa, no había gente en la calle, nadie iba a sus labores cotidianas, nadie usaba el transporte público, no había a quién hacer reír, Flavio se quedó sin empleo.

Fueron días en que no había para comer, hubo muchas noches de insomnio, de preocupación por no saber cómo hacerle para conseguir alimentos para el día siguiente, buscaba empleo y no encontraba porque en la mayoría de las empresas reajustaban personal, a veces conseguía un poco de comida y se la daba a sus hijos.

Fue a raíz de esto que cayó en la depresión, lo más fácil era olvidarse de todo aunque fuera por instantes, nació y creció la necesidad de esa maldición llamada “Cristal”, hasta que ya no pudo parar y se olvidó de todo, no sabía sí sus hijos comían o no, esa droga era su anestesia, su medicamento era un calmante para el hambre, era su destrucción.  

Recuerda aquel día que lo detuvieron, todo fue por una trampa, estuvo cuatro días en prisión, equivocadamente lo acusaban de tener más droga, Ana Karen Jaqueline, su hermana menor fue a verlo en prisión y habló con él, le dio dos opciones ¿La cárcel o Cristo?

Señala que fue Cristo quien lo eligió, fue antes de que su hermana lo hiciera decidir pues cuando lo detuvieron sintió mucho miedo, le pidió a Dios que le ayudará a salir de esa prometiéndole que no volvería a drogarse.

Dios hizo su voluntad, apareció en su vida, lo tomó de la mano y le ayudó, decidió internarse en “Cristo Vive” buscando auxilio para salir del vicio hasta que salió. Hoy Desde hace más de 9 meses que su corazón resplandeció, es otro hombre y todos los días agradece la oportunidad de seguir y brindar testimonio con su historia que ahora comparte a sus compañeros del Monasterio “Cristo Rompe Las Cadenas” donde ahora se hace llamar como “El Payaso Bendecín”.

“Me gusta compartir mi testimonio, hablar de lo que viví y lo que ahora vivo con mis hijos para sembrar esa semillita en los corazones, que sepan que en esta vida todo es posible con Cristo”, comentó.

Aunque sabe que la madre de sus hijos no va a regresar le pide a Dios que la cuide y la proteja donde quiera que ella esté.

Dentro de unos años se ve lleno de júbilo, con muchas más bendiciones para él y sus hijos, Dios está concediendo sus peticiones tan es así que está en busca de un empleo y a diario ora por eso, hace poco tiempo su cuñado le ofreció ser el encargado de una compañía en otra ciudad y lo hará pero no piensa abandonar su empleo como payaso en fiestas infantiles, interesados en contratarlo pueden hacerlo al 866 27 87 18.

Todo esto ha sido una bendición de Dios, Flavio Jonathan cree en él, cuando antes no lo hacía, cree en la sanación de Cristo, cree que todo es posible y cree en Cristo que rompe las cadenas.

El cristal es de las primeras drogas de mayor consumo en la entidad está por debajo del alcohol y la marihuana, su consumo deriva no sólo en problemas de salud física sino también emocional, genera síntomas de depresión y ansiedad, te hace perder todo, incluyendo a tu familia, pero siempre hay un tratamiento, siempre existe una salida.

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    Junto a sus hijas mayores.

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    Por culpa del cristal casi lo pierde todo.

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    Realiza show infantil.

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    Sus hijos son el motor de cada día.

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    Nunca dejaría esta labor.

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    El día que salió de Cristo Vive.

  • Lágrimas, depresión, un payaso y Dios

    Ama ser payaso.

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    Estuvo en una convivencia con los pequeños del monasterio.

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    Niños y adultos se divierten con “El payaso Bendecín”.

  • Lágrimas, depresión, un payaso y Dios

    Es padre y madre para sus cuatro hijos.

  • Lágrimas, depresión, un payaso y Dios

    Desde hace más de 9 meses que dejó ese vicio, cree en él y confía en Dios.

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