Monclova, Coah- Más que una representación, el Viacrucis viviente de la parroquia Santiago Apóstol se convirtió este Viernes Santo en una experiencia profundamente emotiva para cientos de ciudadanos que no solo observaron el recorrido, sino que terminaron siendo parte de él. La música, el ambiente de oración, las escenas de la Pasión y la entrega de cada uno de los participantes fueron envolviendo poco a poco a las familias que se encontraban a lo largo del trayecto, hasta hacerlas sentir dentro del mismo pasaje bíblico. En cada calle del primer cuadro de la ciudad se respiró fe, respeto y una emoción que tocó a niños, jóvenes, mujeres y adultos mayores.
Conforme avanzaba la representación, hubo momentos que conmovieron de manera especial a los presentes. El joven de 21 años que dio vida a Jesús no solo cargó la cruz entre el calor y el cansancio, sino que logró despertar en la gente un sentimiento de cercanía y compasión que pocas veces se ve en una actividad pública. La música que acompañó varias escenas, el silencio en otras y el realismo de la representación hicieron que muchos ciudadanos dejaran de ser simples espectadores para incorporarse con el corazón a ese Viacrucis viviente, siguiendo el recorrido con oración, conmovidos por cada estación.
Uno de los momentos más significativos fue cuando, en medio del trayecto, varias personas, entre ellas mujeres y niños, se acercaron para ayudar a Jesús a cargar la cruz, en un gesto espontáneo que reflejó la conexión que se había generado entre la representación y la comunidad. También hubo quienes se aproximaron conmovidos para limpiarle el rostro, mientras otros extendían la mano para tocar su manto, reviviendo de una forma muy humana y cercana escenas que recuerdan los pasajes de la Biblia. Fueron instantes que marcaron el recorrido y que hicieron sentir que la fe no solo se estaba observando, sino viviendo.
Ese fue precisamente el sello más fuerte de este Viacrucis: logró romper la distancia entre actores y asistentes, y convirtió a la ciudadanía en parte del mensaje. Lo que se vivió no fue solamente una escenificación de Semana Santa, sino una manifestación colectiva de fe, donde el pueblo acompañó, se conmovió y respondió con el corazón. Entre rezos, miradas atentas, lágrimas discretas y manos tendidas para ayudar, el Viacrucis viviente de Santiago Apóstol dejó una imagen poderosa en Monclova: la de una comunidad que, por unas horas, caminó junta el mismo camino del dolor, la esperanza y el amor.