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Opinión

El día del libro

Óscar Rodríguez
Por Óscar Rodríguez - 24 abril, 2022 - 10:37 a.m.
El día del libro

Amables lectores, tengan ustedes un buen día.

Ayer se celebró el Día Mundial del Libro. Hace casi cien años, el escritor valenciano Vicente Clavel Andrés tuvo la idea original (y muy original idea, además) de esta celebración, la cual fue aprobada por el Rey Alfonso XIII de España en 1926. 

Al principio, el día del libro se celebraba en octubre, pero a partir de 1930 se escogió el 23 de abril ya que en ese día pero en el año de 1616 ocurrieron los fallecimientos de Miguel de Cervantes, William Shakespeare e Inca Garcilaso de la Vega.

O al menos es lo que la historia cuenta. La realidad es que Shakespeare murió en esa fecha pero del calendario juliano, que era el que se utilizaba en la Inglaterra de la época mientras que en España desde 1582 se usaba el calendario gregoriano. 

Siendo así, el fallecimiento de Shakespeare ocurrió cuando en el calendario utilizado en la península ibérica ya era el mes de mayo.

La razón de que hubieran dos calendarios es la siguiente: en la época de los romanos la duración del año la determinaba el senado de manera que podía ocurrir que hubiera años con dos inviernos, o con dos veranos o incluso sin primavera según se tomara la decisión oficial. Cuando Julio César estuvo en Egipto se dio cuenta de que en ese lugar se utilizaba un calendario bastante regular, de modo que llevó a Roma a un astrónomo griego llamado Sosígenes a quien le encomendó implementar un calendario similar. Por eso ese calendario se llama juliano.

Ahora bien. El calendario establecido por Sosígenes tiene un pequeño desfase que solamente es notorio al paso de los siglos. Para el último tercio del siglo XVI el equinoccio de primavera ocurría alrededor del 11 de marzo de modo que en 1582 por indicaciones del papa Gregorio XIII al jueves 4 de octubre de 1582 le siguió el viernes 15 de octubre. Los países que tenían lazos estrechos con la iglesia católica (como lo era España) adoptaron de inmediato la indicación, los demás países (como Inglaterra) se han tenido que alinear años (o incluso siglos) después, principalmente por motivos comerciales.

Pero volviendo a Cervantes y a Shakespeare. Según algunas versiones, Miguel de Cervantes no murió el día 23 de abril, sino que ese día fue su sepultura.

Miguel de Cervantes Cortinas nació en Alcalá de Henares en 1547. Tuvo una vida bastante llena de episodios emocionantes como su participación en la Batalla de Lepanto en la cual resultó con heridas en la mano izquierda de tal gravedad que su mano quedó inmóvil y aunque nunca le fue amputada a Cervantes se le llegó a conocer como “El manco de Lepanto”. En una etapa posterior de su vida estuvo cautivo en lo que ahora se llama Argelia y a partir de allí empezó a utilizar el apellido Saavedra. Según algunas versiones, tal nombre viene de “Shaibedraa” que en un dialecto árabe significa “brazo lastimado” y que es un apellido más o menos común en esa región desde hace ya varios siglos.

Más o menos cuando tenía unos treinta y cinco años de edad escribió “La Galatea”, que es clasificada como una “novela pastoril” y que luego fue referenciada en el Quijote en el episodio en el que el barbero y el sacerdote se encuentran con un ejemplar de dicha novela mientras proceden a la quema de libros de caballería.

Cuando Cervantes contaba casi con cincuenta años de edad fue encarcelado acusado de haberse apropiado de dinero público y fue durante ese período cuando se le ocurrió la idea de la que fue su máxima obra: “El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha”, novela cuya primera parte fue publicada cuando ya contaba con cincuenta y siete años de edad. La segunda parte aparecería diez años después.

¿Y William Shakespeare? Considerado el escritor más importante en lengua inglesa de todos los tiempos. En el período que va desde cuando contaba con treinta y siete hasta los cuarenta y cuatro años de edad escribió “Hamlet”, “Otelo”, “El Rey Lear” y “Macbeth” y ya para entonces había escrito “Romeo y Julieta”.

Y en cuanto a comedias, su obra abarca entre otras a “La fierecilla domada”, “El mercader de Venecia”, “Sueño de una noche de verano” y “Las alegres comadres de Windsor”.

De hecho, desde hace más de doscientos años han aparecido algunas teorías de conspiración acerca de la autoría de William Shakespeare de todas las obras a él atribuidas. Y no solamente eso. Hay una leyenda urbana que indica que también colaboró en la traducción de la Biblia en la versión del Rey Jacobo. En ese tiempo, Shakespeare contaba con cuarenta y seis años de edad. Curiosamente, en el Salmo 46 la palabra número 46 es “shake” y si se cuentan a partir del final del salmo, la palabra número 46 es “spear” (que en la ortografía original era “speare”). De modo que esto vendría a ser una “firma” del escritor inglés.

La influencia de Shakespeare es tal que por ejemplo, la mayoría de las lunas del planeta Urano llevan los nombres de protagonistas de sus obras. Incluso el sobrenombre del desaparecido autor y comediante Roberto Gómez Bolaños es una derivación del apellido del autor inglés. Se dice que algún funcionario de la televisora en la que trabajaba el comediante se refirió a éste último destacando que era un “pequeño Shakespeare”, es decir un “Chespirito”.

Me quedan algunas otras cosas que quisiera comentarles, pero eso será la próxima vez.

Que tengan ustedes una excelente semana.

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