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Opinión

Hace 35 años

Óscar Rodríguez
Por Óscar Rodríguez - 05 junio, 2022 - 09:35 a.m.
Hace 35 años

Antecedentes.

Cuando tuve la oportunidad de estudiar la preparatoria, en una clase de literatura el maestro nos encargó un análisis de la obra “Tartufo” de Molière. Por esas cosas raras de la vida creo que fui el único alumno de ese grupo que compró una edición que no era la de Editorial Porrúa (aquella famosa colección “Sepan Cuántos”). Se cumplió el plazo para entregar el trabajo solicitado y luego el profesor se tomó una considerable cantidad de días para entregar los resultados.

Durante alguna de las clases, un compañero preguntó acerca del avance de la revisión y aquí vino una observación del maestro: “Muchachos, si van a hacer trampa háganla bien. Uno de ustedes en todo el trabajo puso ‘Edelmira’ como el nombre de la esposa de Orgon”. Y allí vinieron las risas de la mayoría del grupo. Esto me “sacó de onda” de modo que le pregunté a la persona que estaba a un lado “Oye, ¿cómo se llama la esposa de Orgon?” La inesperada respuesta fue “Elmira”.

Al final de la clase fui a hablar con el maestro para explicarle que en mi libro aparecía el nombre de “Edelmira” ya que como hecho adrede ese día no llevaba conmigo el ejemplar de la obra en cuestión. No me lo creyó sino hasta la siguiente clase cuando le mostré mi libro (creo que era de Editorial Austral). El aprendizaje que obtuve ese día fue que una misma obra puede tener varias versiones de traducción.

Pasaron algunos años y un buen día me dispuse a leer “La Divina Comedia” de Dante Alighieri. Con la experiencia previa arriba descrita ya no me extrañó que la versión que adquirí tuviera un exagerado número de anotaciones para ubicar al lector menos preparado (como era mi caso).

Desde la misma primera línea empezaban las notas al margen: “En medio del camino de la vida” tenía una nota en la que destacaba que Dante había escrito La Divina Comedia cuando contaba con treinta y cinco años de edad que es la mitad de la vida esperada de una persona según el salmo noventa.

A partir de ese momento, el plazo de treinta y cinco años se me quedó grabado como particularmente interesante para llevar a cabo comparaciones y apreciar los avances y/o retrocesos que hemos experimentado. En este caso, para el año 2022, el plazo antes mencionado inmediato anterior cae en 1987. Y ¿qué pasó más o menos por estas fechas de aquel año? Pues algo bastante anecdótico, por decir lo menos.

A finales de mayo de 1987 un adolescente originario de Alemania Occidental (habrá que recordar que en ese tiempo todavía habían dos Alemanias) llamado Mathias Rust tuvo a bien pilotear una avioneta desde Helsinki hasta Moscú (una distancia apenas mayor que la de Monclova a la Ciudad de México en línea recta) y aterrizar muy cerca de la Plaza Roja.

Que el joven Rust pudiera llevar a cabo su travesía y terminarla en una pieza no es cosa menor. Unos años antes, en 1983 un avión de pasajeros de Korean Air Lines había sido derribado por la fuerza aérea soviética por haber invadido su espacio aéreo y haber sido confundido (al menos esa fue la versión oficial) con una nave de espionaje norteamericana. El resultado: más de 250 personas fallecidas.

Aparentemente, todo lo que Mathias necesitó hacer fue volar desde la costa báltica sobre la vía de ferrocarril a poca altura para poder burlar los radares de la defensa antiaérea soviética.

Entre las principales consecuencias provocadas por el insólito vuelo de Mathias Rust destaca una profunda modificación en las estructuras organizacionales de diversas ramas de la milicia soviética. De hecho, para Mijail Gorbachov este incidente le cayó “como anillo al dedo” y lo aprovechó para remover algunos funcionarios de la defensa y colocar en sus lugares a personas afines a su política, porque hay que recordar que en ese tiempo tanto la “glasnost” como la “perestroika” no eran bien vistos por algunos grupos de oficiales.

Y es que todavía por aquellas fechas se tenía en mayor o menor grado el temor a una posible guerra nuclear total entre las dos principales potencias mundiales: los Estados Unidos y la Unión Soviética. De hecho, a finales de los 70’s un general inglés retirado (Sir John Hackett) había logrado tener un Best Seller con una historia referente a una guerra entre la OTAN y el Pacto de Varsovia ubicándola en agosto de 1985. Allí estaba la amenaza, como la legendaria “Espada de Damocles”. Pero de pronto todo eso cambió. Con una velocidad vertiginosa la división política de Europa se modificó. Lo mejor de todo es que salvo el caso de lo que anteriormente se llamaba Yugoslavia estas transformaciones se llevaron a cabo en paz. Solamente por mencionar un ejemplo, en un mapa de 1988 Polonia tenía como países vecinos a Alemania Oriental, Checoslovaquia y la Unión Soviética. Unos cuantos años después ya no existía ninguno de esos tres países.

Bueno, ¿y Mathias?

Fue sentenciado a cuatro años de trabajos forzados, pero no los cumplió. Como un acto de buena voluntad, fue liberado en agosto de 1988. En 1989 fue aprehendido por acuchillar a una compañera de trabajo (por lo visto lo inquieto no se le quitó) y recientemente trabaja como analista financiero en un banco suizo.

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