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Opinión

Hace 53 años

Von Braun era hijo de una familia de la nobleza alemana quien desde pequeño se entusiasmó con la posibilidad de los viajes espaciales

Óscar Rodríguez
Por Óscar Rodríguez - 17 julio, 2022 - 09:42 a.m.
Hace 53 años

Amables lectores, tengan ustedes un buen día.

Tom Lehrer es un matemático, pianista y cantautor estadounidense que ha logrado deliciosas composiciones musicales (principalmente irónicas) en las que describe conocimientos científicos o históricos que él mismo interpreta mientras se acompaña con el piano. Gran parte de sus interpretaciones está accesible en un conocido sitio de videos en internet. Una de sus canciones que más me agrada se refiere a Wernher Von Braun.

Von Braun era hijo de una familia de la nobleza alemana quien desde pequeño se entusiasmó con la posibilidad de los viajes espaciales y para cuando tenía 22 años ya era doctor en física por la Universidad de Berlín. Cuando contaba con 30 años (octubre de 1942) participó en el lanzamiento del primer cohete moderno, el cual cubrió una distancia de cerca de 200 kilómetros.

Con el éxito obtenido, Hitler ordenó la fabricación masiva de los cohetes llamados “Vergeltungswaffe 2” (V2 para abreviar). Para cumplir con esta orden se echó mano de los prisioneros de campos de concentración quienes trabajaron como esclavos. De hecho se estima que murieron unas 20,000 personas en las fábricas. Esa cifra es superior a la de los muertos provocados por las mismas bombas en su funcionamiento.

Cuando la Segunda Guerra Mundial se aproximaba a su fin, Von Braun y un grupo de sus colaboradores se entregaron a las fuerzas estadounidenses. Una vez establecidos en los Estados Unidos, fueron convencidos de colaborar con la fuerza aérea norteamericana a cambio de perdonar las culpas de sus actividades durante la guerra. Algunos años después la sección en la que trabajaba el científico alemán (ya para entonces nacionalizado estadounidense) fue reasignada, de modo que quien alguna vez fue colaborador del partido nazi terminó en la NASA.

Por aquellos tiempos de la llamada “Guerra fría” bastaba con que alguna de las dos grandes potencias intentara cierto desarrollo científico, tecnológico o incluso hasta deportivo para que la contraparte dirigiera sus esfuerzos a igualarla o superarla. Esta competencia llegó hasta la llamada “carrera espacial”. La Unión Soviética había sido la primera nación del mundo en colocar un satélite en órbita, después fueron los primeros en efectuar el lanzamiento de una nave tripulada y también los primeros en enviar una mujer al espacio.

Con todos esos antecedentes, los Estados Unidos necesitaban un desarrollo de tal magnitud que opacara los logros soviéticos, así que el mismo presidente Kennedy anunció en un discurso dirigido al Congreso en mayo de 1961 el compromiso de “llevar a un hombre a la Luna y traerlo sano y salvo a la Tierra antes de que termine la década”. De ese tamaño era el objetivo.

La NASA de ese entonces tenía los proyectos “Mercury” en los que un solo tripulante era puesto en órbita. Con el transcurso de los años también surgieron los programas “Gemini” (con dos tripulantes) y finalmente “Apolo” (con tres). Por cierto, el Apolo I tuvo un accidente en el cual perdieron la vida los tres astronautas seleccionados para el viaje. El 27 de enero de 1967 durante una simulación del lanzamiento hubo un incendio en la cabina con el trágico resultado. Este evento provocó una revisión a fondo de defectos de diseño y construcción con materiales letales que tomó veinte meses durante los cuales se suspendieron los vuelos Apolo.

La reanudación del programa fue hasta octubre de 1968, cuando se lanzó la nave Apolo 7. Tres misiones de pruebas más, cada vez más completas y ahora sí. El 16 de julio de 1969 se llevó a cabo el lanzamiento del Apolo 11 con tres tripulantes a bordo: Neil A. Armstrong, Edwin “Buzz” Aldrin y Michael Collins. Los dos primeros tuvieron la oportunidad de descender a la luna en el módulo lunar al que se nombró “Eagle” mientras el tercero los esperaba en el módulo de mando cuyo nombre fue “Columbia” para el regreso.

El 20 de julio de 1969 a las 22:56 hora de Houston, Armstrong se convirtió en el primer hombre en pisar la luna. Este era un sueño de la humanidad desde hacía mucho tiempo. De hecho, se dice que el entusiasmo que desde su juventud mostró Von Braun por este tema estuvo alimentado, al menos en parte por la lectura de las novelas de Julio Verne “De la Tierra a la Luna” y “Alrededor de la Luna”.

Cierto que desde el siglo XVII Cyrano de Bergerac había escrito como narrador protagonista acerca de un viaje a la luna y luego una serie de otros autores también tocaron ese tema, pero la novela de Verne sobresale por la detallada y precisa información técnica con la que describe la manera en la que los decepcionados miembros de un club de artillería de los Estados Unidos, una vez que ha concluido la Guerra Civil enfocan sus esfuerzos a lograr un hecho sin precedentes: dispararle a nuestro satélite natural.

Y no deja de llamar la atención que Verne narra un conflicto entre los dirigentes políticos de Texas y los de Florida porque todos deseaban que el disparo fuera efectuado desde sus respectivos territorios. Un siglo después, el lugar de despegue de los cohetes espaciales norteamericanos se ubicó en la Florida y el centro espacial en Texas.

Lo que sí es bastante diferente es que en la novela del escritor francés el impulso se lograba de una sola vez, con un enorme cañón subterráneo. En la vida real, se logró con un enorme cohete de tres etapas.

Me quedan algunas otras cosas que quisiera comentarles, pero eso será la próxima vez.

Que tengan ustedes una excelente semana.

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