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Opinión

FUERA DE CONTRATO

Por El Eventual.

El Eventual
Por El Eventual - 14 noviembre, 2022 - 10:13 a.m.
FUERA DE CONTRATO

La semana que hoy arranca será un poco movida en el tema sindical, es bueno recordar que en la 147 se van a celebrar elecciones para que trabajadores designen su comisión revisadora del Contrato Colectivo de Trabajo, eso será mañana martes desde la seis de la tarde.

Hay buenos elementos que van a participar entre ellos el Vaquero que sigue conquistando a la raza de AHMSA Uno, incluso en el transcurso de la semana pasada trabajadores de más departamentos se sumaron a la candidatura, lo que pone bueno el ambiente en esa organización sindical.

Se insiste la revisión no será cualquier cosa, tomando en cuenta la inflación y el porcentaje salarial a mínimos, de una u otra forma todo eso incide dentro de una revisión salarial y contra actual,  el encarecimiento de precios sigue sin parar, principalmente en el tema de alimentos.

Y hoy como todos los lunes el fiscalista Cesar Villarreal Ramos, comparte este bonita reflexión, la verdad mucho  muy interesante, cuestión de analizar la lectura y entender que muchas veces no damos el paso por temor, por la costumbre en que hemos vivido la mayor parte de la vida, adelante con la lectura.

Cuando yo era pequeño me encantaban los circos, y lo que más me gustaba de los circos eran los animales. Me llamaba especialmente la atención el elefante que, como más tarde supe, era también el animal preferido por otros niños. Durante la función, la enorme bestia hacía gala de un peso, un tamaño y una fuerza descomunales.

Pero después de su actuación y hasta poco antes de volver al escenario, el elefante siempre permanecía atado a una pequeña estaca clavada en el suelo con una cadena que aprisionaba una de sus patas. Sin embargo, la estaca era sólo un minúsculo pedazo de madera apenas enterrado unos centímetros en el suelo

Y, aunque la cadena era gruesa y poderosa, me parecía obvio que un animal capaz de arrancar un árbol de cuajo con su fuerza, podría liberarse con facilidad de la estaca y huir. El misterio sigue pareciéndome evidente. ¿Qué lo sujeta entonces? ¿Por qué no huye? Cuando tenía cinco o seis años, yo todavía confiaba en la sabiduría de los mayores.

Pregunté entonces a un maestro, un padre o un tío por el misterio del elefante. Alguno de ellos me explicó que el elefante no se escapaba porque estaba amaestrado. Hice entonces la pregunta obvia: «Si está amaestrado, ¿por qué lo encadenan?». No recuerdo haber recibido ninguna respuesta coherente.

El elefante del circo no escapa porque ha estado atado a una estaca parecida desde que era muy, muy pequeño. Cerré los ojos e imaginé al indefenso elefante recién nacido sujeto a la estaca. Estoy seguro de que, en aquel momento, el elefantito empujó, tiró y sudó tratando de soltarse.

Y, a pesar de sus esfuerzos, no lo consiguió, porque aquella estaca era demasiado dura para él. Imaginé que se dormía agotado y que al día siguiente lo volvía a intentar, y al otro día, y al otro... Hasta que, un día, un día terrible para su historia, el animal aceptó su impotencia y se resignó a su destino.

 Ese elefante enorme y poderoso que vemos en el circo no escapa porque, pobre, cree que no puede. Tiene grabado el recuerdo de la impotencia que sintió poco después de nacer. Y lo peor es que jamás se ha vuelto a cuestionar seriamente ese recuerdo. Jamás, jamás intentó volver a poner a prueba su fuerza.

Todos somos un poco como el elefante del circo: vamos por el mundo atados a cientos de estacas que nos restan libertad. Vivimos pensando que «no podemos» hacer montones de cosas, simplemente porque una vez, hace tiempo, cuando éramos pequeños, lo intentamos y no lo conseguimos.

 Hicimos entonces lo mismo que el elefante, y grabamos en nuestra memoria este mensaje: No puedo, no puedo y nunca podré. Hemos crecido llevando ese mensaje que nos impusimos a nosotros mismos y por eso nunca más volvimos a intentar liberarnos de la estaca. Cuando, a veces, sentimos los grilletes y hacemos sonar las cadenas, miramos de reojo la estaca y pensamos: No puedo y nunca podré.

Buena reflexión, verdad?

Dios los bendiga

Nos leemos mañana

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