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Opinión

El valor del dolor

P. Noel Lozano
Por P. Noel Lozano - 10 abril, 2022 - 11:39 a.m.
El valor del dolor

¡El dolor! Realidad histórica y designio de Dios. Aquí está el centro del mensaje del Domingo de Ramos. Isaías nos muestra un esbozo del perfil de Jesús a través de la figura de “Siervo del Señor”, que sufre y está rodeado de desprecio, y su entrega es signo de amor sin límites, sufre golpes, insultos y salivazos, pero el Señor le ayuda y le enseña el sentido del dolor. San Pablo, en el himno cristológico de la carta a los filipenses, nos muestra a Jesús como modelo de humildad, sirviendo y dando libremente la vida por amor pleno a nosotros hasta morir en la cruz, Jesús que "se despojó de su grandeza y tomó la condición de esclavo". La narración de la Pasión según san Lucas tiene una finalidad: siguiendo a Jesús en su camino al calvario, no para quedarse en él, sino para dar el paso a la resurrección, primero la humana y luego la eterna. Jesús afronta sufrimientos indecibles e incontables, a la manera de un esclavo, pero sabe que todo está dispuesto por el Padre y por ello confía al Padre su espíritu.

El relato de la pasión según san Lucas nos lleva de la mano a la contemplación orante de Jesús en los diversos episodios de este misterio de dolor: Contemplamos el dolor contenido, discretamente manifestado, de Jesús en el Cenáculo ante la traición de Judas o frente a la discusión inoportuna de los discípulos sobre rangos y primeros puestos. Vemos el dolor intenso, extenuante y extremo en Getsemaní, hasta el punto de derramar gotas de sangre a causa de la soledad, del abandono de los hombres y de su mismo Padre, el peso del pecado del mundo. Repasamos interiormente el dolor inefable del amor renegado por Pedro, la dignidad del amor burlado por la soldadesca entre blasfemias y bajezas, el dolor noble del inocente condenado por los jefes del pueblo y por el poder dominante, el dolor sagrado y puro por la deshonra que le ha sido infligida al ser pospuesto a un criminal, el dolor físico de los clavos traspasando sus manos y sus pies, y el último dolor de la agonía. Jesús "varón de dolores y familiarizado con el sufrimiento". Jesús que recoge en su cuerpo y en su alma, como en un cuenco, todo dolor y toda pena. Jesus nos ayuda a darle un sentido salvífico y purificador al dolor.

 

El hombre actual tiene miedo del dolor. Quisiera eliminarlo, arrancarlo de la vida humana, e incluso de la vida animal. Parece como si el dolor fuera solo mal, un mal abominable, un agujero negro en el gran universo humano que devora todo lo que entra en su campo de acción. Parece como si la gran batalla de la historia actual fuera contra el dolor en lugar de por el hombre. Hay que reflexionar sobre esto, porque a veces resulta que logramos destruir el dolor, pero de tal manera que destruimos también algo del hombre. Los padres, para que sus hijos no sufran, no les niegan nada, les dejan hacer todos sus caprichos, pero... ¿no están de esta manera perjudicándolos a largo plazo? A los ancianos, a los enfermos terminales se les amortiguan los dolores con medicinas que les hacen perder en gran parte la conciencia. ¿No se les hace perder así libertad y nobleza de espíritu ante el dolor? No son infrecuentes los casos de jóvenes y adultos que ante el fracaso escolar o profesional, ante una decepción amorosa, ante un escándalo de corrupción, prefieren acabar con la vida, a enfrentarse con el rostro doloroso de la situación. ¿Por qué? No se conoce, no se ha descubierto el tesoro escondido en el dolor. Para el hombre es un tesoro escondido de humanización. Para el cristiano es un tesoro escondido de asimilación del estilo de Jesús, de valor redentor. Juan Pablo II ha hablado del Evangelio del sufrimiento, ciertamente del sufrimiento de Jesús, pero, junto con Él, del sufrimiento del cristiano. Estamos llamados a vivir este Evangelio en las pequeñas penas de la vida, estamos llamados a predicarlo con sinceridad y con amor.

 

En este tiempo, de pandemia, hemos ido descubriendo que la presencia amiga junto al lecho del enfermo puede aliviar el dolor más que una inyección de morfina. Hay una relación estrecha entre el alma y el cuerpo, y el consuelo espiritual de una cercanía suaviza los más terribles sufrimientos. Las obras de misericordia espirituales (instruir, consolar, confortar, sufrir con paciencia...) y corporales (dar de comer al hambriento, dar techo a quien no lo tiene, vestir al desnudo, visitar a los enfermos y a los presos, enterrar a los muertos...), son formas tradicionales de ayudar al hombre en su dolor. Son formas que continúan siendo válidas e indispensables. Junto a ellas surgen y surgirán nuevas formas según las necesidades de nuestro tiempo. Lo que importa es tener conciencia de que como cristianos hemos de acompañar a los hombres en su dolor, hemos de ser solidarios con sus penas, hemos de aliviar con nuestra cercanía y nuestro consuelo sus sufrimientos. ¿No es una buena forma de alivio el enseñar a los que sufren a dar sentido y valor a sus sufrimientos?

Santa María Inmaculada, de la Dulce Espera, Ruega por nosotros.

P NOEL LOZANO: Sacerdote de la Arquidiócesis de Monterrey. www.padrenoel.comwww.facebook.com/padrelozanopadrenoel@padrenoel.com.mx@pnoellozano

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