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Opinión

Escucha al Buen Pastor

P. Noel Lozano
Por P. Noel Lozano - 18 julio, 2021
Escucha al Buen Pastor

Escucha al Buen Pastor

Una de la las imágenes más hermosas para entender a Jesús es la de “Buen Pastor”. Es el Buen Pastor, que conoce a sus ovejas y da la vida por ellas. Es el Buen Pastor que a todos quiere salvar, tanto a las ovejas judías como a las paganas, y a todos ofrece su vida. Es el Buen Pastor, que apacienta a sus ovejas no sólo en esta tierra, sino también en el cielo, conduciéndolas a las fuentes de aguas vivas. En este periodo de pandemia escuchamos mucho, pero nos hace bien escuchar a Jesús, su voz pacífica, sanadora, reconfortante, es la que tenemos que escuchar.

1. Jesús conoce a las ovejas. El carácter comunitario y social de la fe, no disminuye para nada el carácter personal de la relación del Buen Pastor con cada una de sus ovejas. Porque el conocer, en la lengua hebrea, implica además el amar, el desear el bien de la persona, el sentir afecto por ella. Es decir, sólo se puede llegar a conocer a una persona en el ámbito de la relación íntima y personal. Cuando el hombre es conocido de esa manera por Jesús, en virtud del carácter recíproco de toda relación personal, entra también en el mundo de la intimidad de Jesús, le escucha con atención y le sigue con fidelidad, alegría y agradecimiento. En el Evangelio de san Juan, por otra parte, el conocer casi se identifica con el creer. Jesús tiene confianza, se fía de sus ovejas, porque las ama y se siente amado por ellas. Y, sobre todo, las ovejas confían en Jesús, y le confiesan como su Salvador y Señor.

2. Jesús da la vida eterna. El don más grande que Dios nos ha concedido es el de la vida. Pero esta vida dura unos años y luego... ¿Reinará la muerte sobre el hombre? ¿Volverá a la nada de la que Dios lo sacó al crearle? Es una pregunta que encuentra respuesta en Jesús resucitado. Él es el Señor de la vida, el Viviente. Siendo Señor de la vida, puede disponer de ella y darla a los que ama y confían en Él. Jesús nos hace partícipes de su misma vida, la que no está sometida al dominio de la muerte, la vida eterna. En el Apocalipsis leemos: “El Cordero que está en medio del trono los apacentará y los conducirá a fuentes de aguas vivas”. La vida eterna es la misma vida de Jesús, que ya está presente en nosotros por el bautismo y por la gracia, y que adquirirá forma plena en el más allá de la existencia terrena. Como la vida terrena es un don precioso del Padre, la vida eterna es un don estupendo de Jesús resucitado.

3. Jesús está por encima del mal. Ningún poder, humano, angélico, diabólico, está por encima del poder de Jesús resucitado. Un poder que Jesús ha recibido del Padre omnipotente. Querer arrebatar a Jesús sus ovejas, equivaldría a arrebatárselas a Dios. ¡Algo absurdo! Los hombres pueden cortar el hilo de esta vida, pero no pueden arrancar de las manos del Padre el disponer de la vida eterna. Los ángeles, como nos enseña el catecismo, están al servicio de Dios: “Con todo su ser, los ángeles son servidores y mensajeros de Dios” y del hombre: “Desde la infancia a la muerte, la vida humana está rodeada de su custodia y de su intercesión”. El demonio, finalmente, aunque sea una criatura poderosa, por el hecho de ser espíritu puro, no puede impedir la edificación del Reino de Dios, no puede arrebatar de las manos de Jesús a sus ovejas, porque “el poder de Satán no es infinito”. Sólo y únicamente el hombre en su libertad puede escaparse del rebaño de Jesús y sustraerse de las manos bondadosas del Padre. El texto de los Hechos de los Apóstoles da fe de ello: “Los judíos se pusieron a rebatir con insultos las palabras de Pablo”. ¡Qué poder tan tremendo el de la libertad, que puede hacer inútiles las acciones del Buen Pastor!

Vivimos en un mundo de contradicciones, ídolos y modelos que ofrecen liderazgos contrapuestos, variados, contradictorios... ¿Estamos en un mundo vacío de ideales? Son días de oír al Buen Pastor. Dice Luis de Góngora: “Oveja perdida, ven sobre mis hombros; que hoy no sólo tu pastor soy, sino tu pasto también. Por descubrirte mejor cuando balabas perdida, dejé en un árbol la vida, donde me subió el amor; si prendas quieres mayor, mis obras hoy te la den. Oveja perdida, ven sobre mis hombros; que hoy no sólo tu pastor soy, sino tu pasto también. Pasto al fin tuyo hecho, ¿cuál dará mayor asombro, el traerte yo en el hombro, o traerme tú en el pecho? Prendas son de amor estrecho, que aún los más ciegos las ven. Oveja perdida, ven sobre mis hombros; que hoy no sólo tu pastor soy, sino tu pasto también”. Son días de pedirle a Jesús: “Pastor bueno, vela con solicitud sobre nosotros y haz que el rebaño adquirido por la sangre de tu Hijo pueda gozar eternamente de las verdes praderas de tu reino y tener parte de la admirable victoria de su Pastor” 

Santa María Inmaculada, de la Dulce Espera, Ruega por nosotros.

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