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Opinión

“Espíritu Santo, fuente de luz, ilumíname”

Por P. Noel Lozano - 23 mayo, 2021
“Espíritu Santo, fuente de luz, ilumíname”

 “Espíritu Santo, fuente de luz, ilumíname”.

El Espíritu Santo que el Señor había prometido a sus apóstoles, se derrama hoy profusamente sobre ellos y los llena de un santo ardor para anunciar la buena noticia de la resurrección del Señor. 

Nuestra meditación se concentra en este día en la persona del Espíritu Santo y su acción santificadora en el corazón de los apóstoles. Los hechos de los apóstoles nos narran el evento mismo de Pentecostés. 

Los discípulos reunidos en oración con María, son iluminados por la acción del Espíritu santificador e inician su actividad de predicación. 

San Pablo, en la primera carta a los corintios, subraya que sólo gracias a la acción del Espíritu podemos llamar a Jesús, el Señor, es decir, sólo gracias al Espíritu Santo podemos proclamar su divinidad. 

El evangelio nos presenta a Jesús resucitado que confiere a sus apóstoles poder para perdonar los pecados por la recepción del Espíritu Santo. En la predicación, en la proclamación de la fe, en la administración de los sacramentos es el Espíritu Santo quien obra y da fuerzas al apóstol. 

Será el Espíritu Santo el gran protagonista de la evangelización, es la fuente de luz que nos ilumina.

Tenemos todos una gran oferta, un camino inefable y sencillo de santificación: cultivar una íntima amistad con el Espíritu Santo. Cada uno de nosotros puede descubrir que tiene, si vive en gracia, un “dulce huésped” en su corazón y que somos templos vivos del Espíritu de Dios. 

Nada nos impide establecer diálogos espontáneos, llenos de candor y sencillez con Él. 

Él ilumina nuestras vidas, es decir, ilumina nuestra inteligencia para comprender mejor el amor de Dios; Él fortalece nuestra voluntad para que podamos perseverar en el camino de la vida superando las diversas dificultades y sufrimientos que comporta; Él nos consuela en la adversidad y en el fracaso; Él está presente en cada sacramento ofreciendo la gracia divina; Él nos ayuda a discernir en cada momento lo qué debemos hacer y cómo debemos hacerlo. 

Un modo práctico y sencillo de cultivar esta amistad es la repetición de alguna jaculatoria. Por ejemplo, una muy sencilla: “Espíritu Santo, fuente de luz, ilumíname”. Ante las grandes decisiones de la vida, o ante los pequeños contratiempos, ante los sufrimientos íntimos, repitamos con sencillez: “Espíritu Santo, fuente de luz, ilumíname”.

No todos los pensamientos que llegan a nuestra mente y corazón son, por sí mismos, buenos. A veces, pueden ser tentaciones que nos presenta el demonio; a veces, pueden ser sugestiones que nacen de nuestras propias pasiones heridas por el pecado original. 

No siempre buscamos el bien como debiéramos, por ello, es necesario vigilar y enderezar la nave de nuestra vida. Seamos sinceros con nosotros mismos y abramos nuestra alma ante Dios para decirle: Señor, ilumíname, despréndeme de mí mismo. No permitas que me engañe, sino ayúdame en todo a ser sincero en el amor.

Es el Espíritu Santo quien nos puede ayudar en esta gran tarea del desprendimiento de nosotros mismos, quizá la más importante de toda nuestra vida. El Espíritu Santo es la fuente de luz en el proyecto de la vida, en el camino de las dificultades, en las tristezas de la pandemia, en los miedos ante el futuro, en las incertidumbres de la actualidad.

 Es Espíritu Santo es luz, es fortaleza, es ciencia, es sabiduría, es entendimiento, es consejo, es piedad, es la fuente que emana amor y respeto a Dios. “Espíritu Santo, fuente de luz, ilumíname”.

Santa María Inmaculada, de la Dulce Espera, Ruega por nosotros.

P NOEL LOZANO: Sacerdote de la Arquidiócesis de Monterrey. www.padrenoel.com; www.facebook.com/padrelozano; padrenoel@padrenoel.com.mx; @pnoellozano