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Opinión

Jueves Santo

P. Noel Lozano
Por P. Noel Lozano - 13 abril, 2022 - 09:13 p.m.
Jueves Santo

Este Jueves Santo, de tiempo de postpandemia, nos viene muy bien acercarnos a la Eucaristía sintiendo en el corazón un canto a la liberación. El Jueves Santo celebramos la Pascua cristiana: el paso liberador de Dios por la historia mediante la pasión, muerte y resurrección de Jesús, conmemorada en la celebración de la Eucaristía. La Pascua cristiana revive y perfecciona otra pascua, otra liberación, llevada a cabo por Dios mediante su siervo Moisés: la liberación de los israelitas de la esclavitud egipcia. El texto evangélico nos sitúa ante una liberación interior, la liberación de nuestro egoísmo para ser libres y servir a nuestros hermanos, siguiendo el ejemplo de Jesús.

La palabra liberación tiene su contrapartida en el término esclavitud. Cuando un individuo, un grupo humano, una nación grita por la liberación, quiere decir que sienten en carne propia el peso opresor de alguien que los esclaviza. En la Biblia, que es revelación de Dios en la historia y por la historia, no está ausente esta realidad y experiencia tan humana.

En el texto del Éxodo nos damos cuenta de que el rito de la Pascua, como lo celebraban los antiguos israelitas, rememora un momento histórico dramático y estupendo. Dramático, porque recuerda a todos la dura experiencia de la esclavitud en Egipto; estupenda, porque, en virtud del poder de Yahvéh, han sido arrancados de la esclavitud. El modo de comer el cordero: La cintura ceñida, los pies calzados, bastón en mano y a toda prisa, señala la irrupción liberadora de Dios y la colaboración humana con la extraordinaria e inesperada acción de Dios. Israel, como pueblo, reconoce que Dios se ha acordado de su estado de oprimidos, y ha intervenido eficazmente como liberador. En la carta a los Corintios también trata de la pascua, pero ahora ya no es la pascua judía, sino la pascua cristiana, como era celebrada en la Iglesia apostólica. El bautizado es consciente de que ha pasado de la esclavitud a la libertad, gracias a la Pascua de Jesús. Cada domingo, cuando los cristianos se reunían para celebrar la Eucaristía, rememoraban y revivían, como individuos y como Iglesia, el evangelio de la libertad, "la libertad con la que Jesús nos ha liberado". Una liberación, no de una opresión física como en la primera Pascua, sino de la opresión espiritual, que es el pecado y el imperio por él instaurado. Por la Pascua de Jesús, el bautizado ha pasado del reino de las tinieblas opresoras al reino de la luz liberadora.

En el evangelio Jesús completa la enseñanza sobre la liberación, indicándonos su finalidad: Liberados y libres para poder servir al hombre. La liberación evangélica, para ser tal, estará destinada al servicio, sobre todo de los más necesitados. Un servicio tras las huellas de Jesús, que, ejerciendo la función de padre de familia, se hace siervo y se pone a lavar los pies a sus discípulos, para que ellos aprendan a hacer lo mismo.

Cuando en la santa misa recibimos la Eucaristía nos alimentamos con Jesús mismo, fuente y modelo de la libertad cristiana. Por eso, un cristiano que quiera llegar a ser verdaderamente libre siente la necesidad de comulgar con frecuencia. La tentación de la esclavitud acecha continuamente al hombre, a veces de modo muy seductor. La Eucaristía nos ayuda a romper el encanto de la tentación, a reforzar nuestra decisión de seguir a Jesús, el amante y el promotor de la libertad. ¡Absurdo el solo pensar que la comunión es para santos! ¡Cuánto daño hacen a los cristianos ciertas etiquetas! Aquí encuentran también un motivo más las visitas eucarísticas. Cuando la libertad individual, política, social, religiosa... está en peligro, ¿a qué puerta llamar, sino a la puerta del sagrario donde Jesús nos está esperando para infundirnos ánimo en nuestra tarea de hacer vencer a la libertad? En la educación de las nuevas generaciones cristianas, creo que aprovecharía mucho el insistir más en la eucaristía, y menos en modas pastorales, que hoy son y mañana no parecen.

Santa María Inmaculada, de la Dulce Espera, Ruega por nosotros.

P NOEL LOZANO: Sacerdote de la Arquidiócesis de Monterrey. www.padrenoel.comwww.facebook.com/padrelozanopadrenoel@padrenoel.com.mx@pnoellozano

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