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Opinión

La conversión es la apuesta por el cielo

P. Noel Lozano
Por P. Noel Lozano - 20 marzo, 2022 - 10:59 a.m.
La conversión es la apuesta por el cielo

La conversión es la apuesta por el cielo

Este fin de semana leemos en el pasaje del Éxodo, como cuando el hombre oprime a sus hermanos, se pasa con los demás, Dios sale a su encuentro a liberarlo de las injusticias. Dios rompe su silencio porque ama la libertad y lo justo, reprueba la manipulación y la mentira. Así como Dios se valió de Moisés para liberar a su pueblo, se vale de nosotros para ayudar a los que requieren de algo especial. En la carta a los Corintios, Pablo describe como el Pueblo de Israel, a pesar de las manifestaciones de misericordia y ayuda por parate de Dios, el pueblo no corresponde y desagrada a Dios. Jesús en el evangelio retoma el discurso y la invitación a la conversión, haciéndonos ver que las tragedias no son un castigo de Dios sino una oportunidad para repacitar y acercanos a Él. 

Dios es misericordioso y desea ardientemente la conversión del pecador, Dios sabe esperar antes de intervenir con su justicia. El Dios cristiano es también un Dios providente, que nos pone ante los ojos la historia de Israel para que estemos atentos y nos mantengamos en pie. Recordemos siempre, la conversión personal, es una decisión libre, una apuesta por el cielo.

Dios anhela la conversión del hombre. Moisés “se convierte” a Yahvéh y se pone en marcha hacia Egipto para llevar a cabo, de parte de Dios, la liberación de los israelitas. Jesús en el evangelio nos advierte que Dios no ama el castigo, haciendo referencia a los galileos asesinados en el templo y los diez y ocho jerosolimitanos muertos al desplomarse la torre de Siloé, no murieron porque Dios los castigó; Dios busca el arrepentimiento y la conversión. La historia de Israel y la historia del cristianismo son para todos nosotros una invitación fuerte a la conversión. Porque, como nos dice el evangelio, si no se convierten, pereceran.

Dios es paciente, Dios sabe esperar. Dios sabe que convertirse de verdad no es fácil, ni cosa de unas horas o días. Porque conoce el interior del hombre, Dios sabe esperar, no tiene prisas, cuando ve una disposición sincera para la conversión. La parábola de la higuera, narrada por Jesús en el evangelio, es de gran consuelo para el hombre débil, y no pocas veces estéril en sus esfuerzos de conversión. Dios no sólo espera, además actúa en la conciencia humana para que se convierta y dé frutos. 

Hay que hablar del Dios presente y cercano al hombre, del Dios misericordioso que sabe esperar... Y hay también que hablar del Dios que, siendo uno, coexiste en tres personas, algo que constituye el rasgo más diferencial de nuestra concepción cristiana de Dios. Por otro lado, es verdad que hay que hablar de problemas morales, de cambios de mentalidad, de laicismo y liberalismo ideológicos..., pero ¿no será algo mucho más importante hablar de Dios?

El cristianismo no es un sistema moral, que implica una religión; el cristianismo es ante todo y sobre todo una religión, una fe, de la que se deduce una moral, un modo de vivir y estar presente en el mundo y en la sociedad. Una religión, fruto en gran medida, de la relación y experiencia que cada uno va teniendo de Dios, no de las normas y reglas. Puede ser que hablando más del Dios vivo y verdadero, algo cambie también en el modo de vivir y de pensar de nuestros contemporáneos. 

Aprovecha esta cuaresma para cambiar, para ser diferente, para rehacerte espiritualmente con esa conciencia de dar frutos no sólo para esta vida, sino para la vida eterna. Jesús pacientemente, como la higuera del Evangelio, nos da muchas oportunidades. Te mereces afianzar y fortalecer tu fe, como dice Pablo, estar firmes y siempre atentos para no fallar. Apostemos todos los días por el cielo, por lo que vale la pena, por lo que nos lleva a trascender.

Santa María Inmaculada, de la Dulce Espera, Ruega por nosotros.

 

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