Cuando hablamos del fin del mundo con frecuencia pensamos que si el ser humano desaparece, el mundo desaparece.
¿Será?
Recién leo sobre una tortuga que ha cumplido 193 años. Nació en 1832 y sigue viva. Ha visto mucho, tal vez dándose cuenta o no de lo que ha sucedido en este mundo. No sé qué tan consciente puede llegar a ser una tortuga. Pero su historia me recuerda a otra publicación que vi poco. Una persona declaró, "Bienvenidos al fin del mundo." La respuesta de un joven muy inteligente y sensible, desde mi criterio, respondió que el ser humano no podría aspirar a más que destruirse a sí mismo. O sea que el ser humano podría desaparecer de la Tierra, sí, pero la Tierra seguirá existiendo. Cierto eso. Reflexioné en lo grandioso e importante que nos consideramos. No pretendo decir que no somos una parte importante en la ecología y el estado de la Tierra, pero no somos el mundo, y menos el Universo.
No tengo idea cómo le hace una tortuga para vivir tantos años. Tal vez es la calma. A mí me parecen las tortugas calmadas. También sé que una tortuga no intenta ser más que eso, una tortuga. No se preocupa por su imagen, por tener una mejor casa, por aprender, por reunir bienes materiales, por tener lo que tienen los vecinos. No es iracunda, orgullosa, vanidosa, envidiosa, avariciosa, dudosa, golosa (bueno, tal vez un poco), lujuriosa (también podría ser que un poco), ni apática. Es una tortuga. Come lo que come una tortuga. Hace lo que hace una tortuga.
Si las personas viviéramos en un nivel de supervivencia semejante, dejaríamos de aspirar a llegar a seres humanos. No pienso que sea bueno. Sí pienso que hay un beneficio en no intentar o aspirar a vivir más allá de lo que somos. Vuelvo a temas que son simples y a la vez muy complejos. Hace semanas pregunté qué es ser un ser humano. Somos responsables, como seres inteligentes, de otros seres, que en ciertos casos podrían sobrevivir mejor sin nosotros. No somos "el mundo". Cuando destruimos, destruimos mucho. Cuando vivimos como seres humanos, sostenemos mucho. Y supongo que algún día, en un futuro cercano o lejano, nos acabaremos. El mundo seguirá.