Toda una institución dentro de la publicidad

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Soy humana, tengo muchos defectos, pero creo que Dios me bendijo con una virtud muy grande, que es ser agradecida

Toda una vida dentro del mundo de la publicidad, ha llevado a Eva Hernández Espinoza a tener una gran cantidad de amigos, a ser siempre positiva y a ver a las personas de frente con una sincera sonrisa, que es su principal carta de presentación.
Experiencias en su vida se cuentan por docenas, pero como ella dice, todos los días se aprende algo nuevo y se incrementa la cartera de amigos, ese es el pago más satisfactorio que una publicista pueda tener.
Han pasado 30 años, que se dicen fácil pero es mucho tiempo, donde ha habido de todo, luchas, alegrías, sinsabores, llantos, risas, pero aquí estamos, sorteando los vendavales que la vida nos presenta.
Una de las grandes satisfacciones de Eva es conocer la mayoría de los negocios de Monclova y sus dueños, pero eso es derivado de su gusto por las relaciones humanas, en donde ha encontrado de todo.
Bendito quien fundó esta empresa, sus obras y todo lo que hizo quedarán plasmadas para la eternidad y su estrella seguirá brillando en cada una de sus empresas, porque gracias a su visión hoy en día miles de familias dependen económicamente de ellas.
Al referirse al fundador del Periódico LA VOZ MONCLOVA y del GRUPO INDUSTRIAL KAMAR, ingeniero Salvador Kamar Apud, dice que la calidad humana que siempre demostró fue única, pues ella fue una de las beneficiadas cuando sus hijos Samuel y Odra, siendo pequeños permitió que la acompañaran a trabajar. El estaba consciente de la importancia de tener a la familia unida y le recomendaba que no los dejara solos.
Originaria de San Luis Potosí, Eva no tiene familia aquí, por ese motivo el ingeniero Salvador Kamar Apud le decía que siempre estuviera con ellos, pero eso se debía a que él siempre fue muy apegado a su familia, estaba al pendiente de sus hijos y era una persona muy familiar, por eso permitía que sus trabajadores llevaran a sus hijos a su fuente de empleo, siempre que se pudiera.
Narra que una de las experiencias que mayor satisfacción le ha da dado a lo largo de estos treinta años fue que su hijo Samuel, siendo pequeño, un día decidió vender periódico para ganar algo de dinero y que a sus siete años llegó a vender 150 ediciones de tres editoriales distintas en dos horas.
Llegó al punto que consiguió que las madres de familia del equipo de futbol al que pertenecía en el colegio donde estudiaba le compraran una suscripción cada una.
Él vendía periódico no porque tuviéramos necesidades económicas, sino porque somos una familia muy inquieta, no nos da pena emprender negocios y de esa forma hacemos amistades, algo que nos ha servido de mucho.
Ese niño va a ser algo grande, le dijo un día el ingeniero Kamar a Eva, al conocer la audacia del pequeño Samuel, cuando uno de los jefes de la empresa donde trabajaba su papá le dijo que le compraba todos los periódicos, el niño le contestó que no, porque entonces qué iba a vender.
Preparado, Samuel se desempeñó en una de las empresas del GIK para después trasladarse a Cozumel, donde está al frente de una compañía.
Al respecto, Eva comenta que una cosa lleva a la otra, y que son sus hijos el reflejo de la constancia en el trabajo, lo que lleva a tener amigos y a abrir muchas puertas para lograr los objetivos.
Todo esto lo he logrado gracias a mi sagrado trabajo, y la verdad lo amo, porque me hace sentir realizada y de hecho así es, soy una de las fundadoras de este periódico, lo que me enorgullece mucho y aquí estaré, mientras Dios quiera y los patrones me lo permitan.
En tono de broma, dice que en una ocasión la licenciada Mérida Pinto Gómez le dijo que ella se iba a ir del periódico, pero con los tenis por delante
Orgullosa, comenta que ella no es chapulín, que más de la mitad de su vida la ha dedicado a la publicidad dentro de LA VOZ MONCLOVA, aún y cuando al abrirse un periódico en la ciudad a ella le llamaron diez veces para que se fuera, pero nunca se animó a hacerlo.
Tanta era la confianza que llegó a tener con el ingeniero Kamar, que en repetidas ocasiones le platicó que le llamaban de otros periódicos para trabajar, hasta que un día este le dijo que se fuera, pero que las puertas estaban abiertas aquí para cuando quisiera regresar.
Soy humana, tengo muchos defectos pero creo que Dios me bendijo con una virtud muy grande, que es ser agradecida y por eso no me fui, porque me siento muy a gusto aquí y porque le debo mucho al ingeniero Kamar, que sé que está en el cielo, por el trato que me dio a mi y a mi familia, por eso sigo aquí, esto es mi vida.