Con la ayuda de Dios, estamos aquí, pero sí hemos pasado de todo", expresó Andrea, comerciante ambulante que desde hace dos años vende alimentos afuera de la Clínica 7 del IMSS, en la esquina del bulevar Harold R. Pape y De la Fuente, donde diariamente enfrenta los riesgos de trabajar en plena vía pública.
Su testimonio surge tras el accidente ocurrido en el bulevar Benito Juárez, donde un automóvil que circulaba a exceso de velocidad embistió un puesto de tacos y dejó cuatro personas lesionadas, hecho que volvió a evidenciar la vulnerabilidad de quienes laboran en la calle.
Andrea reconoce que el peligro es constante. Recuerda que en una ocasión un vehículo estuvo a punto de llevársela junto con su puesto. A pesar de ello, la necesidad es más fuerte. Vender en la vía pública representa el sustento de su familia y la forma de llevar alimento a su hogar.
"No nos respetan los taxistas y los conductores de autos particulares menos; nos echan el carro encima porque dicen que es calle y tienen que estacionarse", comentó. Aunque señaló que elementos de vialidad suelen apoyarlos, el riesgo permanece.
"Como quiera aquí andan los de Vialidad y nos apoyan, pero sí corremos mucho peligro. Nuestro trabajo es a la intemperie, no tenemos un remolque, estamos en un toldo y sí han pasado muchos incidentes", relató.
La comerciante aseguró que algunos taxistas la hostigan con el propósito de que desocupe el espacio, pues buscan utilizarlo como sitio. "Nos pitan y a veces son groseros", dijo al referirse a los constantes conflictos.
Andrea y su familia se dedican a la venta de tacos y todos los días instalan su puesto desde temprana hora, retirándose alrededor de las 17:30 horas, sin importar las condiciones del clima. Frío, calor o lluvia, permanecen en el lugar que, aunque riesgoso, es el que mejores ingresos les genera.
Reconoce que sería ideal encontrar un espacio más seguro para trabajar; sin embargo, su punto de venta actual es donde han logrado sostener su economía.
Entre el peligro constante y la urgencia de sobrevivir, su historia refleja la realidad de muchas familias que dependen del comercio informal en Monclova.