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Coahuila

Amaren tiempos de migración

Por Azucena Tenorio - 14 febrero, 2019 - 01:26 a.m.

Son 2 mil 39 kilómetros los que separan a Isaul de su esposa Tania, a quien dejó a atrás junto a sus tres hijos en Honduras. “Si la tuviera en frente le diría que la amo”, pero la lucha por un mejor futuro para su familia lo detiene de flaquear frente a su hijo, quien lo acompaña desde hace un mes en el recorrido a tierra estadounidense.

Isaul Suazo Ortega tiene 36 años y antes de partir de Honduras era jornalero y era comerciante de cualquier cosa que estuviera a su alcance para sacar a su familia adelante. Hace un mes tomó la decisión de viajar a México para buscar suerte como sus compatriotas, acompañado de su sobrino y su hijo Denison Isaul Suazo de 10 años de edad.

Atravesó cientos de calles, casas y ríos en diferentes medios de transporte, agradeció a Dios por hacer que él y su hijo llegaran a Monclova hace cuatro días sin ninguna enfermedad de por medio o haber sufrido algún percance –como lo tienen todos al subir a La Bestia-. Aquí han recorrido los bulevares y colonias pidiendo unas monedas a la ciudadanía, comprando un poco de comida para sobrevivir y cargando en sus mochilas: cobijas, poca ropa y tienda de campañas.

Su esposa Tania Marabel Lemo se quedó en Honduras junto a sus otros tres hijos, llevan casados desde hace 13 años luego de conocerse en una fiesta y volverse novios. En su recorrido hace lo posible por platicar con ella por teléfono y que su hijo escucha palabras de ánimo de su madre. A Isaul le dice que siga adelante porque llevará un futuro para ellos y estando en su destino, podrá enviarles dinero para que no les falte la comida.

“Si la quiero mucho, son trece años de compartir todo, si la tuviera aquí le diría que la amo y la extraño”, dijo antes de detener la entrevista al no poder contener el llanto. Luego de calmarse y limpiarse las lágrimas, comentó, su plan es llegar a Piedras Negras y entregarse a Migración para ver qué pasa allá y de poder trabajar en Estados Unidos.

“Lo primero es lo que dicte Dios a lo que uno quiere en realidad, primero es él”.

Isaul quiere encontrar un buen trabajo en el país del norte y ver cómo se van dando las cosas para un día poder traer a su esposa y familia. La situación en Honduras está mala y “macaniada”, no se puede vivir, comentó Suazo Ortega. Mientras tanto, su esposa vive día a día del apoyo de una sobrina que vende arreglos o artículos.

Su hijo Denison está con el todo el tiempo, es su puerto seguro para seguir adelante, poniendo más kilómetros de distancia de su casa y esperar encontrar un pedazo de tierra estadounidense para convertirlo en su hogar.

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