Desde temprana hora, el acceso principal a Colinas de Santiago se convirtió en punto de encuentro para ciudadanos de distintas organizaciones, que llevaban diversas demandas y un mismo objetivo: ser escuchados por la presidenta Claudia Sheinbaum.
Algunas de ellas de maestros, ex obreros de AHMSA, personas con discapacidad y otros gremios que se plantaron con pancartas en mano. Las filas eran largas y las demandas diversas. Algunos pedían justicia laboral; otros, apoyos sociales o atención médica.
Entre consignas y mensajes escritos en cartulinas, también hubo abrazos, saludos y palabras de aliento. Había quienes solo querían estrechar su mano o recibir un gesto que les confirmara que su voz había sido tomada en cuenta.
En su ingreso al sector y también a su salida, la escena se repitió. Mientras caminaba hacia su camioneta o ya a bordo de ella, la mandataria federal volteaba a los costados donde se extendían las filas de personas que levantaban la mano, mostraban documentos o gritaban su nombre con esperanza.
Fue una jornada de contrastes: exigencia y emoción, reclamo y fe. Diferentes causas coincidieron en un mismo punto del mapa, unidas por la necesidad de ser escuchadas. Y al final, varios de los grupos lograron ser atendidos, cerrando el día con la sensación de que, al menos por unos minutos, sus demandas encontraron eco.