La tragedia registrada en la colonia Independencia, donde tres personas perdieron la vida, sigue sacudiendo a una familia marcada por años de dolor, intentos fallidos de ayuda y una adicción que, según sus propios seres queridos, comenzó desde la infancia. Luis Casillas, abuelo de Yeremi y quien aseguró haberlo criado "como a un hijo", rompió el silencio para compartir la dura realidad que vivió el joven antes de su muerte.
Con profunda tristeza, el hombre reveló que Yeremi arrastraba un severo problema de adicciones desde que apenas tenía 10 años de edad, etapa en la que comenzó a consumir sustancias. Aunque en distintas ocasiones fue internado en anexos con la esperanza de que pudiera rehabilitarse, nunca logró comprender del todo la gravedad de su situación ni abandonar por completo el camino que lo fue destruyendo poco a poco.
"A mí me gustan las drogas, yo voy a morir drogado", recordó Luis Casillas como una de las frases que el joven llegó a decir y que hoy, tras la tragedia, lo persigue con más fuerza que nunca. De acuerdo con su testimonio, en los últimos tiempos la sustancia que más lo afectaba era el cristal, droga que terminó por agravar su deterioro físico, emocional y conductual.
El abuelo, visiblemente afectado, relató que pese a los esfuerzos de la familia por rescatarlo, Yeremi parecía estar atrapado en una espiral que no pudieron frenar. Señaló que fue criado bajo su cuidado, como si fuera un hijo, por lo que su muerte no solo representa una pérdida devastadora, sino también una sensación de impotencia frente a una lucha que intentaron dar durante años sin lograr salvarlo.
Detrás del caso que hoy enluta a la colonia Independencia no solo hay una tragedia de alto impacto por la muerte de tres personas, sino también una historia que refleja cómo las adicciones pueden destruir vidas desde edades tempranas y arrastrar consigo a familias enteras. El relato de Luis Casillas expone una realidad cruda: cuando el consumo comienza en la niñez y no se logra romper el ciclo, las consecuencias pueden terminar siendo irreparables.
La historia de Yeremi, más allá de la conmoción que ha causado su fallecimiento, deja también un mensaje de alerta sobre el avance del consumo de drogas entre menores y el devastador efecto del cristal, una sustancia que en los últimos años se ha convertido en una de las más destructivas para jóvenes atrapados en contextos de vulnerabilidad, abandono o violencia.
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