En aquella fecha, médicos de los hospitales Monte Sinaí, ante las sospechas de la estrecha relación entre la COVID-19 y los problemas de coagulación, decidieron administrar anticoagulantes a algunos de los pacientes, explica a Efe Fuster.
Gracias a eso, ahora se ha podido hacer este estudio observacional con 2,773 pacientes, de los que 786 (28%) recibieron anticoagulación; los resultados muestran que este tratamiento se asoció con una mejor supervivencia hospitalaria entre los pacientes, tanto dentro como fuera de la unidad de cuidados intensivos.
Para demostrar esa mayor supervivencia, los investigadores analizaron distintas variables.
Por ejemplo, constataron que la terapia con anticoagulación tuvo un efecto más pronunciado en los pacientes que precisaron ventilación asistida: así, el 62.7% de los pacientes intubados que no fue tratado con anticoagulantes falleció, en comparación con el 29.1% de los pacientes intubados tratado con anticoagulantes.
Según los investigadores, esto puede sugerir que los pacientes con enfermedades más graves pueden beneficiarse de los anticoagulantes desde los primeros momentos.
Además, se fijaron en los que no sobrevivieron y en el tiempo que tardaron en fallecer: de aquellos que no sobrevivieron, los tratados con anticoagulantes fallecieron después de pasar una media de 21 días en el hospital, en comparación con los pacientes sin tratar con estos medicamentos, que murieron después de una media de 14 días en el hospital.