En una de las operaciones más decisivas de los últimos años contra el crimen organizado en México, el gobierno mexicano, con apoyo de inteligencia de Estados Unidos, logró dar muerte a Nemesio Oseguera Cervantes, alias "El Mencho", líder del Cártel Jalisco Nueva Generación (CJNG), considerado uno de los capos más buscados y peligrosos del mundo.
El operativo que cambió la lucha contra el narcotráfico
La acción, ocurrida el 22 de febrero de 2026 en Tapalpa, Jalisco, fue planeada íntegramente por las fuerzas armadas mexicanas, pero contó con "información complementaria" proporcionada por agencias de inteligencia de Estados Unidos dentro de un marco de cooperación binacional.
Un grupo especial estadounidense conocido como Joint Interagency Task Force-Counter Cartel (JITF-CC) recopiló datos estratégicos que facilitaron la ubicación de El Mencho y su célula criminal sin que militares estadounidenses participaran directamente en el terreno.
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Washington celebra y Trump agradece
La vocera de la Casa Blanca, Karoline Leavitt, confirmó que el apoyo consistió en inteligencia y elogió al Ejército mexicano por la ejecución efectiva del operativo, calificándolo como un paso histórico en la lucha contra el tráfico de fentanilo hacia territorio estadounidense.
Leavitt destacó que El Mencho era un objetivo prioritario para ambos países debido a su papel central en la distribución de drogas letales, especialmente fentanilo, que ha sido una preocupación crítica en Estados Unidos.
Violencia posterior y respuesta en México
La muerte de El Mencho no fue el final del conflicto, sino el comienzo de una crudeza inesperada en las calles. Tras la operación:
Se reportaron bloqueos de carreteras, quema de vehículos y confrontaciones armadas en al menos una decena de estados.
Escuelas y vuelos fueron suspendidos en algunas regiones ante la inestabilidad.
Autoridades emitieron alertas de seguridad, pidiendo a los ciudadanos mantenerse en lugares seguros.
La violencia reflejó la estructura profundamente arraigada y violenta del CJNG, que, incluso sin su líder, sigue siendo una fuerza capaz de generar caos.
Un impacto que va más allá de una captura
La acción representa un hito en la cooperación de seguridad entre México y Estados Unidos, que en años recientes ha aumentado la presión sobre los cárteles más poderosos debido al impacto social y de salud pública del tráfico de drogas.
Sin embargo, expertos advierten que la estrategia de eliminar capos puede tener efectos colaterales: las organizaciones criminales suelen fragmentarse, generando más grupos pequeños y, en ocasiones, más violentos, que luchan por el control territorial.
¿Qué sigue ahora?
Mientras las autoridades mexicanas trabajan para restablecer la seguridad y prevenir más actos de violencia, la cooperación bilateral con Estados Unidos parece fortalecerse, con una coordinación más estrecha en inteligencia y estrategias conjuntas contra el crimen organizado.