Ni la gloria de un campeonato nacional ni la investidura de la oficina más poderosa del mundo parecen suficientes para detener la inercia de la NFL.
Este lunes, el Jardín Sur de la Casa Blanca fue escenario de una estampa inusual con el presidente Donald Trump, rodeado de la parafernalia carmesí de los Hoosiers de Indiana, recriminando abiertamente la ausencia de su máxima figura, Fernando Mendoza. El quarterback, cuya narrativa de éxito llevó a Indiana a la cima de la NCAA en 2025, decidió que el césped de Las Vegas pesaba más que el mármol de la capital. La decisión no cayó bien en el Ala Oeste. Trump, quien suele disfrutar del brillo de los campeones, no ocultó que el vacío dejado por el ganador del Trofeo Heisman le resultó un trago amargo en plena celebración. Mientras el entrenador Curt Cignetti y el receptor Charlie Becker recibían los honores correspondientes, el nombre de Mendoza flotaba en el aire como un pase incompleto. El quarterback, ahora miembro de los Raiders de Las Vegas, se excusó bajo el argumento de los entrenamientos de primavera, una razón que el mandatario aceptó a regañadientes pero con un reclamo frontal. No vino. No estoy contento, pero no pasa nada. ¡No vino porque está en los entrenamientos de primavera, ¿verdad?, lanzó Trump desde el estrado, dejando entrever que la lealtad al equipo nacional debería tener un espacio incluso frente a las obligaciones profesionales.
Lo que añade una pizca de ironía a la situación es el calendario. Aunque Mendoza justificó su inasistencia por los entrenamientos voluntarios para novatos, los registros de la liga indican que estos no comienzan formalmente sino hasta el 18 de mayo. El quarterback, al parecer, se adelantó al reloj, confundiendo las fechas o simplemente prefiriendo el anonimato del entrenamiento en Nevada que el protocolo de Washington. Pese al evidente malestar, la diplomacia deportiva se impuso. Trump reveló que Mendoza se tomó el tiempo de llamarlo personalmente para explicar su baja, un gesto que sirvió para disipar cualquier lectura política detrás del desplante. Para el presidente, que el jugador sea un gran admirador de su gestión fue el bálsamo necesario para no escalar el conflicto. Me llamó y me explicó por qué no podía estar aquí. Si no le gustara Trump, no lo habría mencionado. Me cae bien... Fernando no pudo estar aquí hoy porque ahora es miembro de los Raiders. Espero que le vaya bien, concedió el ejecutivo. La tarde cerró con música y brindis, pero la imagen quedó incompleta. En la era de la inmediatez y el negocio del fútbol americano, Fernando Mendoza ha dejado claro que su prioridad es el futuro en las diagonales profesionales, incluso si eso significa dejar al presidente de los Estados Unidos esperando con la alfombra extendida y el ceño fruncido.