La gastronomía mexicana es un mosaico de sabores, tradiciones y recuerdos. Y aunque hay platillos que parecen sencillos, como los chilaquiles, preparar una versión aceptable puede convertirte en héroe... o en tendencia de internet. Eso fue precisamente lo que le ocurrió a una mujer española que quiso sorprender a su esposo mexicano con un desayuno muy especial, aunque con un giro bastante inesperado.
Todo comenzó con una idea entrañable y romántica: preparar chilaquiles, uno de los desayunos más icónicos de México y un símbolo gastronómico que va mucho más allá de la simple mezcla de tortilla y salsa.
Pero el resultado no fue exactamente lo que cualquiera esperaría. En un video que compartió en sus redes sociales, la mujer —llena de entusiasmo— mostró paso a paso cómo preparaba la receta a su modo: en lugar de una salsa tradicional, mezcló agua con Tajín y Salsa Valentina, creando una especie de líquido picoso que vertió sobre las tortillas troceadas y apenas salteadas en el sartén.
Mientras cocinaba, ella misma comentaba en tono confiado:
"Pues miren, ya casi. Creo que ya hay que ponerle el chile... porque a veces los chilaquiles también están aguados."
Entre risas, críticas y debate cultural
Como era de esperarse, el video explotó en reacciones: miles de reproducciones, cientos de comentarios y un debate culinario que cruzó fronteras. Muchos usuarios se rieron de la mezcla, comparando el resultado con bebidas como una michelada o preguntándose si el gesto tenía más sentido en el contexto de una broma que de una receta real.
Algunos comentarios fueron tajantes:
"¿Y pintar no te gusta?"
"¿Qué es eso?"
"Parece que les echaste una michelada encima."
Sin embargo, no todo fue burla. Una parte de la audiencia destacó la intención detrás del experimento: cocinar desde el cariño, aunque el resultado fuera inusual.
¿Qué son los verdaderos chilaquiles?
Para entender por qué esta versión causó tanto impacto, vale la pena recordar qué caracteriza a los chilaquiles auténticos: son totopos de tortilla frita o tostada, bañados en una salsa verde o roja hecha con chiles y especias, acompañados de ingredientes como queso, crema, cebolla o incluso pollo o huevo. No es un platillo rígido, pero su raíz se remonta a técnicas culinarias que integran maíz y chiles, y que forman parte del corazón de la cocina mexicana.
Así que, aunque esta sorprendente versión con agua y condimentos no se parezca mucho al platillo tradicional, logró algo difícil de conseguir: poner a todos a hablar de comida, cultura y creatividad en la cocina.