FRONTERA, COAHUILA.- El Padre Juan Manuel López de la Cruz perdió la batalla contra el cáncer de hígado y partió de este mundo el pasado martes 21 de octubre, a la edad de 52 años. Su vida de servicio, entrega y fe fue recordada por cientos de feligreses que acudieron a despedirlo en la capilla "Nuestra Señora Reina de los Ángeles", en la colonia Borja, templo que él mismo fundó en el año 2000.
Durante la misa de cuerpo presente, la comunidad reconoció la labor pastoral del sacerdote, quien dedicó gran parte de su vida a servir a los demás, incluso durante su enfermedad.
El Padre Ernesto Valdés Rayas, de la Diócesis de Ciudad Obregón, Sonora, relató que fue él quien recibió a Juan Manuel López cuando llegó como seminarista a la parroquia de Cristo Rey, en Guatapampo. "Desde entonces mostró una vocación firme y una profunda sensibilidad por el trabajo con las comunidades más necesitadas", recordó.
Su formación lo llevó posteriormente a la parroquia Cristo Rey de Empalme, donde fue ordenado diácono y más tarde sacerdote. Su espíritu misionero lo condujo a servir entre la tribu Yaqui, en las comunidades indígenas de Sonora, donde dejó una huella imborrable.
"Estuvo prestando su servicio en varios lugares, pero cuando su enfermedad se complicó regresó a la casa sacerdotal. Aun así, cumplió un apostolado acompañando al Padre Sabino García Gutiérrez, también enfermo, hasta su fallecimiento", narró Valdés Rayas.
Con el paso del tiempo, el cáncer hizo metástasis en otros órganos, por lo que el Padre Juan Manuel decidió regresar a Frontera para pasar sus últimos días junto a su familia.
Su hermana, Cristina López, lo describió como un hombre de fe inquebrantable, alegre y entregado a su vocación. "Fue muy querido por la gente, promovió por años la pastoral juvenil, y a pesar de las adversidades, siempre confió en Dios. Sacó adelante a su familia siendo obrero, luego de quedar huérfanos, y nunca perdió la sonrisa", expresó.
Incluso en su enfermedad, el sacerdote continuó compartiendo el Evangelio a través de las redes sociales. Horas antes de su partida, aún enviaba mensajes de esperanza y gratitud, fiel a su costumbre de mantener el optimismo y la serenidad frente a cualquier adversidad.
Con su muerte, la comunidad católica de Frontera despide a un hombre de fe, entrega y humildad, cuyo legado espiritual permanecerá vivo en los corazones de quienes lo conocieron.