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Coahuila

Exobreros de AHMSA regresan a Monclova, pero con la mirada puesta en la Ciudad de México

Los exobreros de AHMSA regresan a sus hogares tras una larga marcha.

Por Adriana Cruz - 29 noviembre, 2025 - 10:51 a.m.
Exobreros de AHMSA regresan a Monclova, pero con la mirada puesta en la Ciudad de México

La madrugada cayó fría sobre la Región Centro cuando, exhaustos y con el cuerpo marcado por días de camino, los exobreros de AHMSA regresaron finalmente a sus hogares. Habían partido desde Castaños el lunes 24 de noviembre rumbo a Saltillo, decididos a que su voz —una voz nacida del cansancio, la incertidumbre y la dignidad— dejara de perderse en el silencio institucional que han enfrentado por más de un año.

Llegaron a Monclova cuando todavía no amanecía. Algunos se recostaron apenas tocaron su cama; otros entraron en silencio para no despertar a sus hijos. Había mezcla de alivio, dolor en los pies, frío y un nudo en la garganta que solo entiende quien ha caminado kilómetros con la esperanza cargada en la espalda.

Aun así, nadie habló de derrota.

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¿Cuál es la reacción de los involucrados?

Horas después, todavía con la voz cansada, el vocero del movimiento, Julián Torres Ávalos, dejó claro que el regreso no significa rendición.

"La lucha no concluye aquí... va a terminar hasta que se nos pague de manera justa", dijo con una seguridad que contrasta con el desgaste físico.

La caminata a Saltillo, las noches a la intemperie, los reclamos y la incertidumbre fueron, insiste, solo un capítulo. No un final.

Algunos compañeros se quedaron en Saltillo con familiares. La mayoría volvió a Monclova, no porque quieran detenerse, sino para reorganizarse, respirar un poco y pensar con claridad el siguiente paso.

"No estamos desorganizados, simplemente estamos preparando el siguiente paso", explicó.

¿Qué objetivos tienen los exobreros tras su regreso?

Ese siguiente paso apunta a un destino que impone respeto: la Ciudad de México. No lo dicen a la ligera. Saben que no es lo mismo caminar a Saltillo que cruzar el país entero. Saben del clima, del desgaste, de la logística, del dinero que no tienen.

"Hablar de la Ciudad de México es hablar de otra cosa... es difícil, pero el ánimo no cae", afirma Torres, con una mezcla de realismo y terquedad que solo da la necesidad.

Los exobreros no buscan ruido; buscan ser escuchados donde importa.

"Nuestro objetivo es que ella nos vea, que nos escuche y que intervenga directamente", dice, refiriéndose a la presidenta de México.

Sienten que su marcha ya logró lo impensable para un grupo de trabajadores abandonados por una empresa emblemática: que su historia cruzara fronteras de estado, que la gente preguntara por ellos en Michoacán y hasta en Lázaro Cárdenas.

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¿Qué apoyo recibieron durante la marcha?

Julián recuerda con emoción lo que vivieron en la carretera: manos que se extendían para ofrecer agua, personas que se detenían solo para desearles fuerza, mensajes que llegaban de lugares donde ni imaginaban que su caso fuera conocido.

"Fue un apoyo muy grande, muy bonito, en todas partes", cuenta con la voz quebrada por el agradecimiento.

Ese respaldo —más que cualquier discurso— fue lo que los mantuvo avanzando cuando los pies ya no querían seguir.

El regreso no es el final.

Hoy, ya bajo el techo de sus casas, los exobreros comienzan a acomodar las cosas que quedaron atrás durante la marcha: la ropa, los tenis gastados, las vendas. Pero en ellos no hay descanso completo. Apenas están respirando hondo para volver a intentarlo.

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