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Coahuila

Transforman plantel marcado por tragedia

El Jardín de Niños María Helena Chanes, ubicado en Monclova, se transforma tras la tragedia que dejó a la comunidad en duelo.

Carolina Medrano
Por Carolina Salomón - 10 junio, 2026 - 05:23 p.m.
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  • Transforman plantel marcado por tragedia

    La zona recreativa quedó reducida a tierra removida y huellas de maquinaria, mientras el plantel avanza en su proceso de rehabilitación.

  • Transforman plantel marcado por tragedia

    Camiones y maquinaria pesada retiraron las estructuras metálicas que durante años formaron parte del área de juegos del kínder.

  • Transforman plantel marcado por tragedia

    A casi dos semanas de la tragedia, el jardín de niños presenta una imagen completamente distinta a la que conocieron generaciones de alumnos.

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El Jardín de Niños María Helena Chanes, ubicado en la colonia Cañada Sur, luce hoy una imagen distinta.

Sin juegos infantiles y con la tierra recién removida, el plantel se prepara para reabrir sus puertas tras la tragedia que conmocionó a Monclova y trascendió a nivel nacional el pasado 25 de mayo, cuando Ian Gael, de apenas seis años de edad, perdió la vida dentro de la institución.

Con trabajos realizados de manera acelerada, ayer miércoles fueron retiradas ocho estructuras metálicas que durante años formaron parte del espacio recreativo de los alumnos.

Un gusano, una tortuga, cuatro pares de columpios con sube y baja, un pasamanos, un puente y un juego giratorio circular desaparecieron del lugar bajo la operación de maquinaria pesada.

Vecinos del sector y algunos docentes que acudieron al plantel fueron los únicos testigos del movimiento.

Vieron ingresar camiones y maquinaria que cargaron uno a uno los juegos infantiles, como si con ello pudiera borrarse el recuerdo de aquella mañana en la que Ian sufrió el accidente que terminó por costarle la vida.

Una estructura de columpios colapsó y cayó sobre el menor, provocándole lesiones de gravedad. El niño fue trasladado al Hospital Amparo Pape de Benavides, donde posteriormente se confirmó su fallecimiento.

Hoy, donde antes se escuchaban risas y juegos, sólo quedan las huellas de las llantas marcadas sobre la tierra.

El terreno fue emparejado, la hierba que creció durante los quince días posteriores a la tragedia fue cortada y los árboles recibieron poda.

Algunos de ellos permanecen rodeados por cinta amarilla de precaución, recordando que aún existen áreas al interior del jardín de niños que representan un riesgo.

En el exterior del plantel también podían observarse cajas de cartón, basura y materiales plásticos retirados durante las labores de rehabilitación, además de evidencias de trabajos de revisión en el sistema eléctrico y del reemplazo de aparatos de aire acondicionado.

Sin embargo, por más cambios que presente el jardín de niños, hay algo que difícilmente podrá desaparecer.

En muchas ciudades existe una frase que suele repetirse cuando una escuela queda marcada por un hecho doloroso: "ahí murió un niño".

Lo que para muchos era una historia lejana, hoy forma parte de la memoria colectiva de Monclova.

Porque aunque los juegos ya no estén y la imagen del plantel sea distinta, el recuerdo de Ian Gael permanece.

Afuera del kínder aún se conservan los vasos de vidrio de las veladoras consumidas, algunas flores marchitas y los juguetes que vecinos, amigos y compañeros llevaron en señal de despedida.

Son pequeños objetos silenciosos que continúan ahí, resistiéndose al olvido.

Testigos mudos de una ausencia que no puede cubrirse con tierra nueva, ni desaparecer con maquinaria pesada.

Porque detrás de los patios rehabilitados, de las áreas recién acondicionadas y de la aparente normalidad que intenta regresar al plantel, permanece el vacío que dejó un niño que nunca volverá a clases.

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