A un costado de la calle Miguel Blanco, en su cruce con Miguel Hidalgo, un sencillo puesto de verduras resiste al paso del tiempo y a la modernidad.
Ahí se encuentra todos los días José Abelardo de la Cerda Rodríguez, quien desde hace 20 años se dedica a la venta de productos de temporada y hoy es uno de los últimos comerciantes que mantienen viva esta tradición en la Zona Centro.
Con el inicio de la Cuaresma este miércoles de ceniza, su pequeño espacio cobra nueva vida. Sobre una mesa acomoda nopales, chicales, lentejas y camarón seco, ingredientes indispensables para los platillos que cada año preparan las familias, como capirotada, pipián, tortas de camarón, coliflor empanizada y guisos de vigilia.
Su puesto es modesto: una mesa con verduras frescas, una báscula para pesar, un asiento y apenas el espacio suficiente sobre la banqueta.
Sin embargo, ese rincón lo ha hecho conocido entre los clientes que cada temporada regresan por la calidad de sus productos y los precios accesibles, en contraste con los centros comerciales donde en estas fechas suelen elevarse los costos.
El nopal es el producto más solicitado. Actualmente se vende a 20 pesos los 400 gramos, aunque con el arranque de la temporada aumentará cinco pesos.
Aun así, asegura que la gente prefiere comprarle por la calidad, ya que en otros establecimientos lo encuentran mal cortado, pelado o demasiado grueso.
Otros productos mantendrán su precio: la bolsa de camarón a 20 pesos, orejones a 30, chicales de maíz blanco y amarillo a 30 pesos, así como bolsas de 300 gramos de lentejas a 30 pesos, mientras que el medio kilo de brócoli y coliflor se ofrece también en 30 pesos.
Toda la verdura proviene de otros estados, ya que en la región no hay cosecha disponible; el nopal, por ejemplo, llega desde San Luis Potosí. Aun así, el comerciante busca mantener precios accesibles para sus clientes.
En los próximos días incorporará acelgas y cebolla de rabo, ampliando la oferta para las recetas tradicionales.
Con nostalgia, recuerda que hace años eran cuatro los vendedores de verduras en la calle Miguel Blanco; hoy solo quedan dos.
Pese a la reducción de comerciantes y al crecimiento de grandes tiendas, José permanece firme en su lugar. Entre básculas, bolsas y verduras frescas, su puesto no solo vende ingredientes: conserva una tradición que cada Cuaresma vuelve a reunir a las familias alrededor de la mesa.