Mientras la indignación persiste por el abandono de un recién nacido en un contenedor de basura en Castaños, en Monclova también existen historias que muestran el lado más solidario de la condición humana.
Javier Martínez Rodríguez, de 60 años, nunca pudo convertirse en padre biológico. Sin embargo, desde hace más de 15 años asumió como propia la responsabilidad de cuidar a Willy Medrano García, de 30 años, quien nació con parálisis cerebral. Aunque no los une un vínculo de sangre, Javier asegura que Willy llegó a su vida como el hijo que siempre pidió. "Yo nunca pude tener hijos, pero él llegó a mi vida y es una bendición. Yo le pedía a Dios que me mandara una criatura y mira, ahora ya la tengo. Nunca me casé, viví en Estados Unidos y después llegué a Monclova, donde conocí a una buena mujer. También nos hacemos cargo de un niño; la hija de mi señora tuvo una criatura y el hombre la abandonó", relató.
Desde entonces, Javier prometió acompañar a Willy mientras la vida se lo permita. "Como le dije, lo voy a apoyar hasta que Dios me dé vida. La primera vez que lo saqué a vender cacahuates y dulces le gustó mucho. En la casa no le falta nada, humildemente, pero salir es una terapia para él, porque permanecer encerrado es como una prisión", expresó. Explicó que cuando Willy recibe su pensión adquieren todo lo necesario para sus cuidados y, cuando el recurso no alcanza, él y la madre del joven hacen lo posible para cubrir sus necesidades.
La familia vive en la colonia Hipódromo. Los fines de semana, o cuando el trabajo se lo permite, Javier adapta la silla de ruedas de Willy con una pequeña mesa para vender dulces y cacahuates en distintos puntos de la ciudad. El hombre obtiene el sustento realizando trabajos de albañilería, pintura, construcción, plomería y electricidad. "Gracias a Dios de eso hemos vivido. Ya me canso, pero ahí andamos al pie de la lucha", comentó.
Durante más de una década han salido juntos a vender. Javier asegura que muchas personas ya los conocen y les brindan apoyo. Con una inversión cercana a 300 pesos logran obtener hasta 600 pesos en ventas. Aunque reconoce que algunas personas los critican, afirma que la mayoría les demuestra solidaridad. La historia de Javier y Willy recuerda que la paternidad no siempre nace de la sangre, sino de la decisión de cuidar, proteger y permanecer al lado de quien más lo necesita.
