Monclova, Coahuila.— La próxima audiencia para adjudicar los activos de Altos Hornos de México (AHMSA) no sólo resolverá un proceso mercantil; pondrá a prueba la capacidad del Estado mexicano para rescatar —o dejar fragmentar— uno de los complejos siderúrgicos más emblemáticos del País.
En juego está la posibilidad de mantener integrada la operación industrial: plantas siderúrgicas, minas y cadenas de proveeduría. Especialistas advierten que dividir los activos comprometería la viabilidad técnica y financiera de la empresa, mientras que conservar su unidad permitiría recuperar eficiencia operativa y reactivar el impacto económico regional.
La crisis de AHMSA no es menor. Entre mayo de 2024 y mayo de 2025, Monclova perdió 4 mil 173 empleos formales registrados ante el IMSS, la cifra más alta en Coahuila durante ese periodo. En total, más de 15 mil personas quedaron sin trabajo tras la paralización de la siderúrgica, lo que impactó indirectamente a cerca de 60 mil habitantes si se consideran sus familias.
Durante décadas, AHMSA fue el motor económico de la Región Centro y de la zona carbonífera del estado. Su cierre no sólo apagó hornos: detuvo cadenas de suministro, frenó proyectos de vivienda y contrajo el comercio local. Se estima que dejaron de circular alrededor de 600 millones de pesos anuales en salarios, provocando el cierre de negocios y la migración de trabajadores hacia otras ciudades e incluso a Estados Unidos.
El golpe también se reflejó en los indicadores macroeconómicos. En 2024, el PIB de Coahuila registró una caída real de 0.6 por ciento, con un descenso de 3.9 por ciento en las industrias secundarias, sector donde la siderurgia tenía un peso determinante. Ante la falta de empleo formal, el comercio informal se expandió como alternativa de subsistencia.
En el plano político, la Presidenta Claudia Sheinbaum reconoció recientemente que la situación de AHMSA tiene repercusiones relevantes para trabajadores y para el desarrollo económico de Coahuila, y expresó su expectativa de que el proceso permita recuperar la planta. El señalamiento elevó el tema a la agenda nacional, más allá del ámbito judicial.
Analistas coinciden en que la experiencia acumulada por obreros, técnicos e ingenieros constituye un activo estratégico. Con ese capital humano, la reactivación podría lograrse en un plazo estimado de tres a seis meses; sin él, la curva de aprendizaje y los costos sociales se extenderían considerablemente.
El debate ocurre en un contexto de reconfiguración industrial en Norteamérica. La relocalización de cadenas productivas y las tensiones comerciales han revalorizado sectores estratégicos como el acero, insumo esencial para construcción, infraestructura, energía y manufactura automotriz. Una mayor dependencia de importaciones, advierten expertos, implicaría vulnerabilidades en precio y suministro.
La decisión sobre AHMSA, sostienen, marcará un precedente sobre la política industrial mexicana: si opta por reconstruir capacidades productivas internas con visión de largo plazo o si permite la dispersión de activos con efectos limitados para la región.
La eventual adquisición, subrayan, requerirá capital suficiente, disciplina financiera, experiencia operativa y un esquema de gobernanza que evite repetir prácticas del pasado. Más que una subasta, la audiencia definirá si México apuesta por rescatar uno de sus pilares siderúrgicos o asume su pérdida como un costo inevitable.